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Fue un día raro el de ayer en Argentina: los medios de comunicación consultaron más a los contadores expertos en temas tributarios que a los economistas. La explicación, claro, es la necesidad de explicar la regulación por la cual se permite acceder a la compra de dólares para ahorro, en un parcial desarme del “cepo”.

La gran duda que existía en el mercado era qué tan sincero sería el deseo del gobierno sobre permitir el ahorro dolarizado. Estaba muy presente el recuerdo de la versión original del cepo, a fines de 2011, cuando en teoría se podía comprar divisas en una cantidad acorde a los ingresos individuales, pero en la práctica el acceso era restringido porque el sistema nunca autorizaba las sumas pedidas.

Así que un objetivo importante para los funcionarios era convencer a la opinión pública respecto de que “la fórmula” por la cual se calcularía cuánto podría comprar cada ahorrista sería clara y explícita. En resumen, lo que se autorizó es la adquisición de un 20% del sueldo.

Se prohíbe que compren quienes ganen menos de 7.200 pesos argentinos (unos $ 20.000), con el objetivo de que no se recree la antigua práctica de los “coleros”, por la cual se le solicitaba a personas de muy bajos recursos que hicieran la fila y compraran para un tercero, a cambio de una pequeña comisión.

En pocas horas hubo 30.000 consultas online, algo que las autoridades daban por descontado, porque se presumía que el mercado le tomaría examen al nuevo sistema. En principio, hubo un punto positivo: las autorizaciones se dieron como los funcionarios habían predicho, sin que apareciera el temido cartelito de “rechazado por falta de capacidad contributiva”.

Todavía no hubo ventas concretas, porque para ello se requiere la adecuación de los bancos y casas de cambio, ya que las ventas no se realizan en efectivo, sino mediante transferencia a cuentas bancarias o cheque.

Pero la gran pregunta que todavía está por responderse es si el 20% del salario es mucho o poco para satisfacer la sed de dólares que tiene el público. La visión de los economistas es que, en principio, no parece un porcentaje pequeño para la porción de la población con capacidad de ahorro. Pero la falla está en que el sistema no permite transformar en dólares los ahorros en pesos o el dinero que surja como resultado de una venta inmobiliaria o de un automotor.

En otras palabras, se puede ahorrar en dólares con los ingresos que se tenga de aquí en adelante, pero no con los que se acumularon en los últimos años. De manera que no está despejada la posibilidad de que haya argentinos que sigan recurriendo al mercado paralelo para solicitar los dólares que el nuevo sistema no les aprueba.

Síntomas de desconfianza
La cotización del blue mostró ayer una nueva suba: desde los 11,70 en que había cerrado el viernes, pasó a 12,15 pesos. La advertencia de los economistas es que este tipo de cambio informal sería el termómetro de hasta dónde el gobierno había logrado recuperar la confianza: si se creía en que la apertura del cepo tendería a normalizar la situación cambiaria, entonces el blue caería debajo de los 11 pesos –cerca de los 9,62 a los que cotiza el “dólar ahorro”–. En cambio, si primaba la desconfianza, se dispararía. A juzgar por lo ocurrido ayer, todavía no hay una demostración de confianza plena en el mercado.
De todas formas, el gobierno logró un primer objetivo: estabilizar al dólar oficial en 8 pesos, después de la fuerte devaluación de la semana pasada. El ministro Axel Kicillof dedicó el fin de semana a recorrer los medios de comunicación afines al kirchnerismo, para transmitir la idea de que el nuevo tipo de cambio corrige los problemas de pérdida de competitividad y que no será necesaria una corrección adicional.

Esta es, en ese momento, la gran pulseada del gobierno contra el mercado. Y si bien los economistas coinciden en que, desde el punto de vista técnico, un dólar a 8 pesos no luce lejos del precio “de equilibrio”, puede haber otras circunstancias que compliquen al gobierno. La primera de ellas es la precariedad de las reservas del Banco Central: antes de la apertura del cepo, venía vendiendo unos US$ 100 millones por día, por lo cual se presume que esa sangría de divisas se agudizará a partir de ahora.

El tope de US$ 2.000 mensuales por persona impide que esa pérdida sea demasiado grande, pero no evita que las reservas sigan su curso descendente, al menos hasta abril, cuando se empiece a notar el ingreso de dólares de la exportación agrícola.

“En este esquema no se llega a un equilibrio del mercado, porque cualquier tope que ponga el gobierno a la gente le va a parecer poco, porque hay mucha demanda por dólares, y al Banco Central le va a parecer mucho, porque le implica sacrificar reservas”, afirma el economista Enrique Szewach, uno de los escépticos sobre que el gobierno pueda evitar que la devaluación tenga algunos escalones extra.

En este terreno, hay otra arma que el gobierno está preparando: la suba de tasas de interés, con el objetivo de hacer más atractiva la tenencia de pesos para los ahorristas. Hasta ahora las tasas están en terreno negativo, porque con un promedio del 20%, están muy lejos de las expectativas de inflación para este año, que se ubican en torno al 30%. Pero el viernes hubo una sorpresiva suba de cinco puntos en las letras del Banco Central, y en el ámbito bancario se espera que en las próximas horas se vea un fuerte movimiento alcista de tasas.
Si así ocurriera, esto estaría indicando un punto a favor del titular del Central, Juan Carlos Fábrega, que le habría ganado una pulseada al ministro Kicillof, quien siempre se ha mostrado contrario a la suba de tasas por considerarla un instrumento recesivo.

En los próximos días, cuando la gente efectivamente empiece a comprar dólares, quedará más claro qué tan dolorosa será la cuenta para el Banco Central. De ello dependerá que el precio de 8 pesos por dólar pueda parecer estable en el mediano plazo –en la Argentina, mediano plazo son tres meses– o si todavía no se ha visto la peor parte de la turbulencia.

Cristina, aferrada a la tesis conspirativa
Mientras la city porteña vive horas de incertidumbre, la política tampoco hace un aporte a la calma, ya que el gobierno sigue apelando a la teoría conspirativa para explicar las corridas cambiarias. Ayer, desde Cuba, la presidenta Cristina Fernándes de Kirchner retomó su práctica de escribir en su cuenta de Twitter, y tras contar su encuentro con Dilma Rousseff, señaló que el peso argentino estaba siendo víctima de un ataque especulativo. Y apuntó contra quienes, desde su punto de vista, intentan traer desestabilización. “Parece que algunos quieren hacernos comer otra vez sopa, pero además con tenedor. ¿Quiénes? Los mismos de siempre. Los que se quedaron con tus ahorros en el 2001 y te lo tuvimos que pagar nosotros”, disparó la presidente por la red social. Y, más explícita, agregó: “Los bancos: Sólo a través de ellos se pueden hacer todas las maniobras especulativas de los mercados. Con la complicidad, claro, de grupos económicos, exportadores e importadores, entre otros”, disparó la mandataria argentina.

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