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El destino quiso que un hombre negro huyera del sureño estado de Virginia y se estableciera en la fría e industrial Detroit para trabajar en la industria automovilística. Déca das después ese hombre tuvo un hijo que se fue a pelear a la segunda guerra mundial. Mientras estaba en Europa, un día de marzo de 1944, se enteró de que había tenido una hija a la que su esposa había bautizado como Diana.

Quiso el destino que esa niña cantara en una iglesia y que su voz se destacara claramente del resto de las chicas que cantaban ahí. Y quiso además que Detroit tuviera, además de autos en serie, a un hombre llamado Berry Gordy, el creador del sello Motown, un hombre de oído aguzado para la música de raíz negra y ávido de promover nuevas estrellas de la canción.

Todas esas conexiones sucedieron a principios de la década de 1960 en aquella lejana ciudad de Estados Unidos, pero fueron fundamentales para que esta noche en el hotel Conrad esté presente Diana Ross.

A los 69 años, Ross es una auténtica leyenda de la música mundial. La llamada reina del rythm & blues ha explorado los terrenos musicales adyacentes del soul y del pop, empezando con el trío vocal femenino The Supremes y luego iniciando una carrera solista tan taquillera que a principios de los años de 1990 era la artista mujer con más discos vendidos de la historia de la música.

En 1993 entró en el Libro Guinness de los Récords como la artista femenina de mayor éxito de todos los tiempos debido, en parte, a sus 18 temas en el lugar número uno del ranking, seis de ellos en solitario.

Diana Ross tiene dos estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood, una por su trabajo con The Supremes y otra por su trayectoria solista.

Si bien es cierto que hoy integra la lista de mitos vivientes que recorren el planeta tocando solo en hoteles cinco estrellas, también hay que remarcar la vigencia de una voz de excepción.

Su pasaje a través del tiempo la llevó desde los estudios de grabación y los conciertos en vivo a la actuación, tanto en televisión como en la pantalla grande.

La notoriedad la convirtió en una figura referente tanto en Estados Unidos como en Europa. Artistas de la talla de Michael Jackson se obsesionaron con Ross, musical y estéticamente. Más cerca en el tiempo, la cantante Beyonce Knowles ha explicitado su admiración por el estilo de la diva de Detroit, a quien prácticamente interpretó en la película Dreamgirls, que contaba una historia casi idéntica a la de The Supremes. También es recordada la actuación de Ross antes de la final del Mundial de Fútbol de 1994, cuando cantó en el Rose Bowl de Los Ángeles.

A principios del siglo XXI vivió algunos incidentes infelices, como cuando la detuvieron manejando bajo efecto de las drogas, por lo que estuvo presa un par de semanas.

Su último disco es de 2006. Desde entonces, sus shows miran más hacia el pasado que hacia el presente.

En 2012, Diana Ross recibió un premio Grammy a su trayectoria. Con todo el ambiente musical del mundo de pie aplaudiéndola, Ross agradeció con suma humildad.

También ha sido reconocida por varios presidentes de su país: George W. Bush la condecoró y Barack Obama la invitó a cantar a la Casa Blanca.

La organización del concierto en el Conrad anuncia que dentro de un repertorio tan extenso la artista combinará éxitos de la época de las Supremes, como Where did our love go, Stop! in the name of love, Back in my arms again, Baby love, Come see about me, así como también sus famosos clásicos I’m coming out, Endless love, Do you know where you’re going to y Ain’t no mountain high enough, entre muchos otros, en un abanico digno de una estrella de todos los tiempos. Hoy, a partir de la hora 22, los espectadores que asistan al salón Pu nta del Este del Conrad tendrán la chance de recuperar recuerdos, vivencias y nostalgias de épocas pasadas escuchando en la radio, en vinilo o en una boite las canciones inmortales de Ross.

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