Acuerdo con futuro acotado
Los eventos que llevaron al conflicto fronterizo entre Venezuela y Colombia se mantendrán
El acuerdo presidencial para distender el conflicto fronterizo entre Venezuela y Colombia, pródigo en sonrisas y profesiones de paz y buena voluntad, tiene un futuro acotado por la realidad. El retorno de los embajadores que habían sido retirados, la apertura de una investigación y próximas reuniones ministeriales para tratar “los temas sensibles” no esconden las dificultades básicas del entredicho. Una es la improbabilidad de una permanente y completa vigilancia efectiva en los 2.219 kilómetros de una frontera permeable, a través de la cual el trasiego de personas y mercaderías es una enraizada forma de vida. Otra es la recurrente práctica de Nicolás Maduro de echar mano a cualquier recurso para tratar de distraer a los venezolanos de la miseria y el autoritarismo a los que ha conducido el régimen chavista luego de 17 años ininterrumpidos en el poder.
El ítem principal de la discordia es el contrabando de naftas hacia Colombia. Los combustibles se venden a un precio ínfimo en Venezuela, quinto productor mundial de petróleo, lo que tienta a su envío clandestino al país vecino, donde tienen un costo mucho más alto. De hecho, es un negocio con más margen que las drogas. Se hace en forma hormiga por miles de personas que viven en la frontera y por organizaciones que operan a gran escala. Para una economía colapsada por la pésima gestión del fallecido Hugo Chávez y agravada por la incompetencia de Maduro, es irritante esa pérdida de parte de un rubro que constituye el 90% de las exportaciones del país.
El 19 de agosto chocaron un grupo de contrabandistas y una patrulla militar venezolana, que tuvo dos heridos. El incidente, relativamente menor, fue rápidamente magnificado por Maduro a un clima bélico como excusa para denunciar, por enésima vez, los nunca probados complots siniestros contra su vida y su régimen, cerrar la frontera, enviar tropas y arengar con vehemencia a los venezolanos para que lo apoyen en defensa de la patria, presuntamente amenazada desde Colombia. Más de 1.500 colombianos residentes en el lado venezolano fueron deportados y cerca de 20 mil más huyeron de regreso a su país por temor a los desmanes chavistas. Luego de dos meses de diaria insistencia en sus denuncias, el presidente caraqueño acordó con su colega colombiano Juan Manuel Santos reunirse en Quito, bajo el patrocinio mediador del mandatario ecuatoriano Rafael Correa y el uruguayo Tabaré Vázquez.
El principal resultado de la cumbre fue mostrar un cierto ambiente de concordia, como primer paso para desactivar la disputa. Presumiblemente ministros y otros funcionarios de ambos países, que ahora empiezan una serie de reuniones, acordarán algunos controles en los pasos de frontera para atenuar el contrabando y reducir el riesgo de nuevos incidentes armados. Buscarán también alguna solución a la masa de 20 mil colombianos que abandonaron territorio venezolano a raíz del conflicto, situación que preocupa al gobierno de Santos. Pero, por un lado, es virtualmente imposible que desaparezca totalmente el trasiego clandestino de combustibles y otros productos a través de la frontera. Y por otro, persiste la previsible actitud de Maduro de seguir echando mano a cualquier excusa para generar escándalo, siempre a expensas de Colombia y Estados Unidos. Es su forma de darle algo de aire a su derrumbada popularidad a medida que se acercan las elecciones legislativas del 6 de diciembre que, según las encuestas, pueden terminar con el actual control chavista del Parlamento.