Acuerdo valioso pero aún incierto
El acuerdo nuclear entre Irán y las grandes potencias atenúa, pero no disipa todavía, casi cuatro décadas de perturbación persa en el Medio Oriente
El acuerdo nuclear entre Irán y las grandes potencias atenúa, pero no disipa todavía, casi cuatro décadas de perturbación persa en el Medio Oriente. El presidente Barack Obama reflejó la persistente incertidumbre mundial al anunciar que no se basó en confianza, sino en la eficacia de los controles que se impondrán al programa nuclear iraní para impedir que fabrique bombas. Representa igualmente un avance disminuir el clima de conflictos creados a partir del derrocamiento de la monarquía pro occidental del sha Reza Pahlevi en 1979 y la instauración de la república islámica de los ayatolás. Desde entonces la política iraní contra la existencia de Israel se tradujo en el respaldo militar y financiero a movimientos terroristas islámicos y hasta a la amenaza de borrar del mapa a la nación judía, cuando el desaforado presidente Mahmoud Ahmadineyad encabezaba el gobierno. Respaldó esa meta un programa nuclear que Teherán sostuvo que era con fines pacíficos, pero al que casi todo el resto del mundo le asignaba fines militares.
El surgimiento de gobiernos algo más moderados, especialmente el que encabeza actualmente el presidente Hasán Rouhaní, condujo a largas negociaciones con el grupo formado por Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Gran Bretaña y Alemania. Acaban de epilogar con un trabajoso acuerdo para que Irán reduzca su producción de uranio enriquecido, preámbulo para la fabricación de bombas, y que la Agencia Internacional de Energía Atómica controle su cumplimiento dentro del territorio persa, algo que Teherán antes rechazaba. No se alcanzó por una conversión iraní al pacifismo sino por apremios económicos persas.
Las sanciones impuestas años atrás por Naciones Unidas y las potencias occidentales, con congelamiento de los fondos iraníes en el extranjero y restricción a sus vitales exportaciones de petróleo, ahogaban la economía del país. La contrapartida del acuerdo es un gradual levantamiento de las sanciones, a medida que se vaya comprobando sobre el terreno el cumplimiento del compromiso persa de desmantelar su capacidad para producir armas nucleares. Pero al margen de las causas, el acuerdo tiende a desactivar la amenaza iraní a una región siempre en llamas, donde la fuente principal de conflictos se ha desplazado al surgimiento del terrorista Estado Islámico, que ya controla vastos territorios en Irak y Siria.
Rouhaní exageró al dar por hecho que se abre un nuevo capítulo de cooperación con el resto del mundo y de eliminación de la desconfianza mutua. Ambas metas tendrán que esperar buen tiempo, hasta que se confirme el estricto cumplimiento iraní de los términos del acuerdo. Las dudas fueron enfatizadas por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, que afirmó que se ha caído en un “gran error histórico” y sostuvo que Irán queda con las manos más libres para fabricar bombas nucleares. Pese a la reacción de Israel, el acuerdo representa un avance importante en aplacar un foco de convulsión en el Medio Oriente. Las dudas sobre el cumplimiento iraní persisten. Pero se ha abierto una esperanza, pendiente aún de una confirmación que llevará buen tiempo, de que la poderosa nación islámica se integre finalmente a relaciones normales y pacíficas con el resto del mundo y deponga su fútil intento de liquidar a Israel.