ver más

El aumento del desempleo es un llamado a la realidad que nadie puede ignorar. El gobierno procura minimizar en público el impacto que conlleva para el sector privado, que representa el 80% de los trabajadores del país. Para enfrentarlo, sin embargo, hay caminos que está obligado a seguir. Por un lado, tiene que extremar el cumplimiento sin desvíos de las pautas fijadas para los Consejos de Salarios pese a las presiones sindicales. En las muchas áreas donde hay convenios pendientes, los sindicatos insisten en aumentos por encima de lo que impone la compleja situación de la economía. Y por otro, si bien la injusta inamovilidad de que goza el minoritario sector laboral público lo protege contra pérdida de empleos, se impone también resistir los embates sindicales por aumentos salariales superiores a los ofrecidos. Es un curso esencial para evitar que se acreciente el deficitario panorama presupuestal, ya que de un control más severo del gasto público dependerá que mejoren las perspectivas globales a partir de 2017.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que si bien el desempleo se mantuvo estable en 7,6% durante el tercer trimestre del año, la cifra trepó a 8% en setiembre. El ministro de Economía, Danilo Astori, reconoció hace poco tiempo que la desaceleración de la economía golpea al mercado de trabajo pero “no de forma dramática”, y aseguró que no hay “una situación de crisis”. Pero las luces amarillas están encendidas. El deterioro es evidente en la evolución con respecto a igual período trimestral del año pasado, cuando la desocupación se mantenía en un saludable 6,2%. El aumento de la desocupación significó que entre los mismos períodos comparativos se perdieran 42 mil empleos, que difícilmente puedan recuperarse el año próximo.

La media de 12 economistas privados consultados por El Observador coincidió en pronosticar aumento del desempleo, menor tasa de ocupación y evolución más lenta del salario nominal. Estiman que la desocupación subirá a 7,8% en el último trimestre de este año y trepará a 8,5% en igual período de 2016. Las causas se derivan fundamentalmente de un contexto externo adverso, aunque también incluyen menor consumo interno. A la caída de precios internacionales de exportaciones relevantes de Uruguay, con excepción de la carne, se agrega el debilitado panorama regional. El cierre o reducción de actividad de empresas centradas en ventas al exterior es síntoma de una situación que no mejorará en el mediano plazo. La crisis recesiva en Brasil difícilmente se atenúe antes de dos años. Ha colapsado el mercado venezolano, que ni siquiera paga lo poco que ha comprado. Y a Argentina, en el mejor de los casos y aunque triunfe Mauricio Macri en el balotaje del 22 de noviembre, le llevará largo tiempo retomar el crecimiento una vez que desaparezca el funesto régimen proteccionista y de cepo cambiario de Cristina Fernández de Kirchner.

Prudencia fiscal para reducir la brecha de cinco puntos entre el gasto previsto y una menor recaudación, así como firmeza cuando le toque arbitrar en los Consejos de Salarios, son dos requisitos que la administración Vázquez no puede eludir y que los sindicatos deben aceptar. La alternativa es que a la afirmación de Astori de que no hay crisis de empleo se la lleve el viento y el país despierte en poco tiempo a la grave realidad de que una situación difícil empeore hasta convertirse en crítica.

Temas:

desempleo Gobierno Presupuesto Consejos de salarios empleo

Seguí leyendo