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El coreógrafo Martín Inthamoussú y la cantautora Mónica Navarro pondrán ritmo al otoño el próximo viernes en la Zavala Muniz, cuando se lleve a cabo la segunda entrega del ciclo Las cuatro estaciones montevideanas.

Si el condimento predominante durante la puesta anterior de Ana Prada fue el humor, el componente sobresaliente en este caso será la nostalgia. “Se trata de una puesta más introvertida y un poco más melancólica”, adelantó Navarro en conversación con El Observador.
De alguna manera, la cantante fue la propulsora indirecta de este ciclo.

El año pasado tuvo la idea de invitar a Inthamoussú a bailar en uno de sus toques en Espacio Guambia. A ambos les encantó la experiencia. Un tiempo después, el coreógrafo pensó que sería interesante poner a improvisar a cuatro cantautoras y un bailarín, en torno a las cuatro estaciones del año y así poner a dialogar a la música y la danza.

Para Navarro fue “una bendición” que el coreógrafo la pusiera a trabajar en torno al otoño. “No me sé vestir de verano. No sé lo que es ponerse un vestido. Lo mío son las calzas, los borceguíes y los tapados largos”, comentó.

El proceso
Dos meses fue el período durante el cual la cantautora y el bailarín estuvieron ensayando, bajo la supervisión escénica de la directora teatral María Dodera. Además de Inthamoussú y Navarro, en el escenario también estará el músico Álvaro Pérez como responsable de los arreglos.

El punto de partida de esta puesta fue la intención de presentar la estación del año como puente de transición entre el verano y el invierno. “Trabajamos mucho en torno a la espera y después naturalmente empezaron a surgir referencias cinematográficas. Por ejemplo, jugamos bastante con la escena final de los besos de Cinema Paradiso”.

El repertorio incluye ritmos diversos como el tango, el vals y el rock. “Vamos a interpretar desde la canción Flor con música, de Pedro Aznar, hasta un clásico del rock internacional de los años ochenta que no quiero adelantar”, dijo.

Pero antes de que el público imagine grandes coreografías Navarro abre el paraguas. “No puedo decir que me resultó difícil incursionar en la danza, ya que sería una caradura si llamara así a lo que estaré haciendo sobre el escenario. Solo tiro algún pasito mientras canto, el resto se fue dando muy naturalmente”, comentó.

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