Antes de pegar el salto a la cienciología, una práctica difundida por varias estrellas de Hollywood, entre ellas Tom Cruise y John Travolta, el escritor, científico y militar L. Ron Hubbard había desarrollado una idea similar pero bastante menos rimbombante llamada Dianética. El corpus de la Dianética consistía en una serie de artículos científicos publicados por Hubbard a principios de los años 50 en Estados Unidos, en los que se explicaba que mediante la exploración de vidas pasadas se podía curar ciertas enfermedades, descubrir el origen de las enfermedades mentales, transformar a homosexuales en heterosexuales y, mediante un proceso muy similar al de la hipnosis, llegar incluso a “alcanzar la paz mundial”.
Hubbard es rebautizado aquí como Lancaster Dodd -encarnado por un magnífico Phillip Seymour Hoffman- y a partir de él la película retrata libremente la vida de Hubbard durante esos años. Sus intentos de difundir sus teorías presentadas como realidad científica basada en hechos y no en la fe, sus métodos a la hora de llevar adelante sus procesos e incluso su arresto por malversación de fondos, cuando fue acusado además por practicar medicina sin permiso. No es esta una biografía exacta ni tampoco pretende serlo, vale aclarar. Las teorías de Lancaster Dodd no son las mismas que las de Hubbard pero se le acercan mucho. Pero lo que más aleja a esta película del formato biopic habitual es su narrativa y su punto de vista.