Los Oscar son una premiación apoyada cada vez más como evento que sintoniza a las luminarias del planeta Hollywood de hoy con la época realmente dorada del cine de ese país, hace cinco o seis décadas. Es ese espíritu con olor a vieja sastrería de esmóquines y perfume Chanel Nº 5 lo que le ha dado durante toda su vida la validez como evento emblema del establishment del cine estadounidense. La que le ha dado validez como gran evento de entretenimiento de repercusión mundial, lejos de lo que alguna gente todavía cree que es: el sitio en el que se consagran universalmente las mejores películas del año.
Al pie de la letra
Hasta las contradicciones anunciadas se cumplieron en un Oscar cuyo show y presentador dieron más que hablar que los premios