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Amodio sobre Fernández Huidobro: "No me comparen"

El extupamaro envió desde su exilio en España una nota donde vuelve a reivindicarse como víctima de una situación compleja en la que, dijo, el hoy ministro de Defensa maniobró "buscando lo mejor para él. Yo hice lo mismo"

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06 de junio de 2015 a las 05:00

La comparación, totalmente fuera de lugar, solo es explicable por la ignorancia de la historia. Pero de la historia real, no la que se inventaron para subirse al carro de la gloria patria.

Eleuterio Fernández Huidobro, "Oscar" o "el Ñato", fue detenido el 14 de abril de 1972. Yo lo fui el 20 de mayo del mismo año. Méndez me entregó, dos días después, las carpetas con las declaraciones suyas en que indicaba mi relación con Enrique Erro y con el coronel Montañés, del que yo ignoraba el nombre. Para mí, era Ramón. Después se dirá que quien puso a estas personas en la mira de las FF.AA. fui yo.

Cuando a principios de junio de 1972 el actual ministro fue consciente de la debacle en que él, Raúl Sendic y Julio Marenales habían precipitado al MLN, arrastrándolo a una derrota inexorable, aprovechando el desconocimiento que las FF.AA. tenían acerca de la dimensión real del MLN, se comprometió a conseguir la rendición incondicional de la cincuentena de compañeros que un día sí y otro también arriesgaban sus vidas en aras de cumplir los planes que desde antes de la gran fuga de Punta Carretas se venían gestando: el plan Tatú, el Plan del 72 y el Segundo Frente.

Por esas fechas contaba como aliados a la inmensa mayoría de los que hoy lo critican y lo acusan de traidor. Agrego que con razón. Pero no por lo que hace hoy, sino por lo que hizo entonces.

Convenció al comandante Carlos Legnani de que él era el único que podía convencer a Sendic y Marenales de la necesidad de rendirse y entregar las armas y locales que aún quedaban, bajo la promesa de detener, en lo inmediato, la tortura y al cabo de unos meses estudiar la situación legal de los detenidos que no cargaran con delitos de sangre, lista que elaboró junto con Mauricio Rosencoff y en la que por pura casualidad, ellos ocupaban los primeros lugares.

Pese a que algunos lo valoran como gran estratega, no tuvo en cuenta que los que faltaban en la lista eran los que tenían esos delitos. Carlos Legnani, que mantenía una buena relación con el coronel Trabal, lo convenció a este para que el general Cristi autorizara lo que por entonces se conoció como "la tregua". Tregua que fracasó por el empecinamiento de Sendic y Marenales en imponer unas condiciones políticas y sociales que hubieran justificado el accionar del MLN. Pretendían que las FF.AAA, pusieran en práctica el programa del MLN.

Con gran consternación por su parte no logró convencer a sus compañeros que la rendición era la única carta que quedaba y estos le pusieron fin a la tregua ejecutando al entonces coronel Artigas Álvarez, no porque lo creyeran responsable de la represión, sino porque era un objetivo fácil. No supieron a quien habían ejecutado hasta que lo anunció la radio.

La tregua

Cuando la primera reunión para buscar la tregua, Wassen le informó que había sido él el que aportó los datos para la ubicación de la Cárcel del Pueblo. Fernández Huidobro trasladó a Sendic, en el primer encuentro que tuvieron y que Blixen narra en su biografía de Sendic con tono novelesco, ocultando que todo ese proceso era una verdadera tragedia, en el que se jugaba con la vida como si careciera de valor. Tengo que recordar que una de las vidas que estaba en juego era la mía, ya que se me acusaba por la caída de la Cárcel. Vamos a dejar las cosas como están, le dijo Sendic al Ñato y éste se lo trasladó a Wassen, quien en un rasgo de honestidad personal me comunicó que yo "era el cabeza de turco".

Carcel del pueblo

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Cárcel del pueblo


Como se dice en la nota publicada por El Observador, en esos momentos Sendic no estaba por aceptar la rendición. Más adelante, cuando la bronca interna en las FF.AA. por la muerte de Artigas Alvarez ya había decaído bastante, vuelve sobre el tema, también en el Florida y reanuda las salidas acompañado por Calcagno, escondidos ambos en autos que habían sido propiedad de colaboradores del MLN, para reanudar las negociaciones. Desempeñaba él el papel protagonista en la "orquesta roja" a la uruguaya. Esas negociaciones se reanudaron, pero esta vez bajo el control directo de Trabal, que puso vigilancia al Florida. Esa vigilancia tuvo como consecuencia que Trabal supiera de las reuniones en la calle Sevilla y en la casa de Elsa Dubra, a las que acudía Ferreira Aldunate, y otras en casa de Domingo Carlevaro.

Pero entonces Sendic también participaba de las negociaciones. Llegó incluso a orquestarse su detención pactada, en un simulacro de detención con tiroteo incluido, en el que la frase "soy Rufo y no me entrego" era la contraseña pactada. Pero de nada le sirvió, ya que el Fusna no participó de esas negociaciones.

La detención de Sendic no hizo disminuir el entusiasmo de Fernández Huidobro por encontrar una salida al embrollo que él había contribuido a desarrollar. Encontró su alma gemela en Ramón Trabal, quien aspiraba a convertirse en el Velazco Alvarado criollo y juntos fraguaron el "golpe a la peruana", un "golpe bueno", para tratar de evitar el golpe que ya flotaba en el aire y al que me referiré más adelante. Se empezó a difundir la idea de que había un sector progresista en el ejército.

Trabal y Fernández Huidobro le susurraron al oído a Ferreira Aldunate que él sería la cabeza civil del golpe bueno. El País puede seguir insistiendo acerca de Wilson, pero se ha negado a publicar lo que yo le he enviado acerca de este tema. Como bien ha dicho (Adolfo) Garcé, de Wilson ha trascendido una imagen bonachona, casi angelical, y se ha ocultado la otra cara, la de un oportunista contumaz, agrego por mi parte.

Mi gran amigo Federico Fassano ya me había engañado con mi manuscrito y entre todos ellos fraguaron un manuscrito falso, que escribieron en hojillas de papel de fumar, tomando como base el auténtico, en poder de Trabal. Del falso manuscrito desaparecieron las críticas que yo hacía hacia la dirección del MLN y se borraron las referencias a Ferreira Aldunate, quien a esas alturas decía que yo me reunía con militares para destruir la democracia, cuando en realidad quien lo hacía era su socio circunstancial, don Eleuterio.

Hojillas

Jorge Marius, en su libro La tiranía de la miseria (1), describe el momento en que Juan Pablo Terra, en presencia del "gran líder blanco", le entrega las hojillas con el falso manuscrito para que él las pasara a limpio. Ese detalle hizo que durante más de un año no leyera ese libro. ¿Cómo iba a darle importancia a un libro que dice estaba escrito en hojillas de fumar si yo lo había escrito en más de sesenta carillas de papel de carta? Pues un día lo leí y pude comprobar que las versiones que han sido publicadas, todas, coinciden punto por punto entre sí. Incluso la de Mate Amargo, tan falsa como las demás, ha sido "comentada" por el don Eleuterio, como una muestra más de su bajeza moral.

Tuvo muy destacada actuación en las comisiones de los ilícitos. Cuando dijo que si le daban permiso para torturar podía conseguir información sobre los desaparecidos –muchos de los cuales lo fueron por su responsabilidad a partir de la reunión del 16 de marzo de 1972– quizás estuviera pensando en aplicar lo que aprendió en los interrogatorios a los detenidos por aquellos días. Algo que, recogiendo sus propias palabras, no le impide vivir feliz.

Mucho se ha dicho y escrito sobre su cautiverio y sobre los de los demás rehenes. Lo dije cuando la entrevista y lo reitero ahora: todos fueron tratados con infinita crueldad, paro no por su condición de tupamaros. Lo fueron por su participación en el fracasado "golpe bueno" y en las comisiones de los ilícitos.

Tras la puesta en libertad, Eleuterio Fernández Huidobro, una vez superadas las diferencias internas acerca de su comportamiento en prisión, vio necesario amoldar la historia del MLN a lo que sería su actuación futura y fue dando bandazos como mejor le convenía. Para ello, se encargó de falsificar la historia y consiguió que otros la divulgaran. Se crearon teorías acerca del militarismo y los dos demonios, se constituyeron comisiones de estudio y para evitar que alguno le pidiera responsabilidades, se encargó de que quienes habían proporcionado información, con tortura o sin ella, fueran absueltos o perdonados, a cambio, eso sí, de proporcionar elementos que mantuvieran mi condición de traidor, responsable de la derrota.

Zabalza

De todo esto sabe mucho Zabalza, como sabe que fueron Wolff y Marrero quienes salieron a la calle a marcar compañeros. Sigue guardándose el secreto, uno más de los tantos que conoce. El problema que tiene para desvelarlos es que entonces quedará patente que la tan mentada capacidad política del tandem Sendic–Huidobro forma parte de la leyenda que él tanto ayudó a construir y a mantener, mal que le pese, a través del tiempo.

Leyenda

Es precisamente ese término, leyenda, el que emplea Samuel Blixen en su artículo La metamorfosis, para referirse a la actuación de ambos. Supongo que las alabanzas vertidas están referidas al período entre 1962 y 1969, porque no puede ignorar, a estas alturas, que ambos pergeñaron, ya desde 1971, los planes que llevarán a la debacle de 1972, planes a los que me opuse y que me llevaron a renunciar al comando general de Montevideo, días antes que se decidieran las acciones del Collar, en diciembre de 1971 y que están en la génesis de las acusaciones que se me harán posteriormente.

Tengo que recomendarle a Blixen que relea Historias tupamaras y que hable con Aníbal de Lucía, para que le cuente cómo Sendic, días antes de que se concretara la segunda fuga de Punta Carretas, le consultó acerca de la elaboración de la lista de fugados, en la que me dejaba fuera, o mejor dicho, dentro, pese a que a pedido de los propios presos y luego compañeros en la fuga, yo era el responsable de su planificación.

La metamorfosis a la que Blixen hace mención también le alcanza a él. A raíz de mis cartas de 2013, Blixen se negó a admitir que mis palabras tuvieran valor y asumió la defensa del hoy desprestigiado ministro con un empeño digno de mejor causa. Hoy, dos años después, reconoce que el Ñato fue el gestor de las componendas referidas anteriormente. Sin embargo, sigue mintiendo en cuanto a su desarrollo y triste final, cuando él fue testigo directo de las reuniones en el Florida y formó parte del amplio grupo de presos que salían del cuartel para establecer contactos, algunos de los cuales aprovechaban las salidas para visitar los quilombos cercanos al Cementerio del Norte, guiados por el inefable capitán González, alias "El pescado".

En la referida biografía de Sendic, de 368 páginas, parecen 320 inexactitudes, unas medias verdades y otras completamente mentiras, para ensalzar su figura y al mismo tiempo las de los que lo acompañaron en su aventura, entre ellas, la de don Eleuterio. Dedica todo el capítulo 17 a exponer "mi traición", cuando el mismo texto lo desmiente.

Fernández Huidobro

La historia oficial del MLN es falsa y está concebida para que las responsabilidades no se dirijan hacia quienes creyeron que el momento del enfrentamiento final había llegado, destruyeron en marzo de 1972 lo poco que de organización quedaba y se pusieron al mando del llamado Segundo Frente, pretendiendo enfrentar a las FF.AA. en el interior con un puñado de hombres y mujeres calzados con alpargatas, sin armas, sin municiones, sin comida ni medicinas.

Sendic discrepó con el Ñato en el mes de junio de 1972, pero terminó por admitir sus razones, apenas un mes después, para "salvar lo que quedaba", han dicho Mujica y Marenales.

Marenales

Julio Marenales

Julio Marenales

El Ñato no se quebró nunca. Jamás le afectaron ni la muerte de sus compañeros ni el dolor ajeno. Maniobró siempre buscando lo mejor para él, cosa que no le critico. Yo hice lo mismo. Tengo en mi descargo que lo hice cuando ya nada podía hacer para defenderme de una acusación falsa, tan falsa que para mantenerla hubo que adaptarla en varios momentos, toda vez que los hechos la desmentían.

En 1984, un año antes de la amnistía, Ernest Siracusa, embajador USA en Uruguay cuando el golpe de 1973, se encargó, junto a Colin Bobelis, jefe de la agencia uruguaya de la CIA, de ir preparando el fin de la dictadura, que culminará con el pacto del Club Naval (2).

Wilson ferreria aldunate

En dichas reuniones se acordó la prisión de Wilson Ferreira –aceptada por él e impuesta por los militares– y dar paso a Julio María Sanguinetti y reabrir el camino cerrado doce años antes. Los EE.UU. ya no necesitaban a los viejos generales, dado que su misión estaba cumplida. A su sombra se habían impuesto en Uruguay las teorías de Milton Friedman, tal como se habían impuesto en el resto de América Latina. Los dejaron a un costado del camino y algunos todavía hoy están entre rejas.

Sanguinetti

Esa y no otra es la razón del golpe de 1973, perpetrado cuando ya el MLN estaba destruido. El MLN pudo ser la excusa para el golpe, pero no su causa. ¿Qué sentido podía tener perseguir a las organizaciones políticas y sindicales cuando el MLN ya no existía? Por otro lado, de las propias actuaciones militares se sabía que el MLN nunca contó con el apoyo de las organizaciones perseguidas, sino todo lo contrario. Ni qué hablar del apoyo cubano o soviético, para los que fuimos siempre un más que molesto grano en el culo.

¿Y qué sentido pudo tener la Operación Cóndor que no fuera arrasar con los últimos vestigios de resistencia, ya no armada, sino simplemente política?

El number one

Estimado Bolita (n. de r. apodo de Samuel Blixen): el Ñato siempre aspiró a ser el number one, pero sus carencias se lo impidieron. Panegiristas no le faltaron. Lo que le faltaron fueron condiciones, mientras que le sobraba ambición, sobre todo, ambición de poder. Mujica fue su alter ego, como antes lo había sido Sendic, hasta que consiguió, con su forma de ser tan aparentemente normal y campechana, inclinar la balanza para su lado. Lejos quedaron los días en que se presentó como "palito de la colmena", en los que asumió la condición de aglutinador, él, que en el MLN no había pasado de los escalones secundarios y que se comió el garrón por bocazas, de chiripa, porque el Ñato lo embalurdó, en la tregua y en los ilícitos.

mujica.jpg

Juntos o cada cual por su lado han permanecido fieles a los compromisos asumidos, allá por 1988 y 89, esos que no se firman pero que atan para toda la vida y que están detrás de sus posturas tan aparentemente incomprensibles, dadas sus trayectorias.

¿Pero es realmente así o esas actitudes responden al viejo refrán "una mano lava la otra y las dos lavan la cara" ¿O han adaptado el proverbio bíblico y lo han convertido en "ayúdame que yo te ayudaré"? Me inclino por esto último.

A propósito del monumento que el Pepe se ha sacado de la chistera y que tanto ha disgustado a María Elia, la Parda Topolansky, le mando una sugerencia: ponerle alguna incrustación de oro, del que apareció en lo de Feldman y así se cierra la reconciliación. Después de todo, es el oro que la Parda y su grupo nos robaron en 1970, el de las libras que dijeron que yo me había quedado y que Néstor Sclavo recuperó una noche de la chacra de Pando. A lo mejor, capaz que se reconcilian.


(1) La lectura del libro me permitió iniciar un intenso diálogo con Marius, que se ha visto plasmado en un trabajo conjunto que espero vea la luz algún día y en el que tratamos este y otros temas.

(2) El documento base para esta afirmación no será desclasificado hasta 2024. La información me fue proporcionada por quien fuera compañero sentimental de mi primo Andrés Amodio Martínez, fallecido en EE.UU. en 1987. Este hombre, agente de la CIA hasta hace pocos años, asegura que Andrés ignoró su condición de agente americano, pero que en repetidas ocasiones le habló de nuestro parentesco. Prometió enviarme un álbum de recortes de periódicos que una de sus hermanas le enviaba, cada vez que mi nombre aparecía en ellos.



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