La idea se gestó hace un par de años, cuando una clienta de la tatuadora brasileña Flavia Carvalho le planteó la intención de cubrir una cicatriz en su abdomen. "Me dijo que estaba en un club nocturno y que, tras rechazar a un hombre que intentó seducirla, él la acuchilló con una navaja".
Luego de realizar el tatuaje sobre las marcas de aquel cruento episodio, la clienta se mostró conmovida, y su reacción motivó a Carvalho a considerar sus tatuajes como "un instrumento para empoderar y para aumentar el autoestima" de las mujeres.
De esta forma, la tatuadora desarrolló hace poco el proyecto "A pele da flor" ("la piel de la flor"), que intenta darles a mujeres víctimas de violencia doméstica o que hayan atravesado mastectomías una manera creativa y gratuita de lidiar con sus cicatrices.
"La idea del proyecto es muy simple", le comentó Carvalho al sitio The Huffington Post. "Es un servicio voluntario para tatuar encima de cicatrices que han resultado de actos de violencia doméstica o mastectimías. Yo llevo adelante el proyecto sola, porque ningún otro tatuador ha demostrado su interés en participar. Empecé el proyecto hace poco, y no tenía idea de que recibiría tanta atención mediática".
"El feedback que he recibido de las mujeres a quien ayudé ha sido sorprendente. El afecto, la hermandad y la camaradería son más profundos de lo que imaginé", agregó Carvalho.