Opinión > ANÁLISIS / EDUARDO BLASINA

Besar la camiseta, morder el pasto

En el fútbol hay un ejemplo de cuál es el método para convertirse en un país desarrollado

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07 de julio de 2018 a las 05:00

En el video una mujer robusta, curtida de la vida, alienta en un partido de juveniles. Con voz de tribuna de pueblo da la arenga más bella. La síntesis del ying yang del amor a la causa del club del barrio: "Hay que besar la camiseta, morder el pasto". De los tantos videos cortos que este Mundial volvió virales.

Es una síntesis posible de uno de los diferenciales de la selección uruguaya, del amor extraordinario a la causa. Besar la camiseta suele ser lo primero que un jugador uruguayo hace cuando convierte un gol. Y se la besa luego de minutos y más minutos de morder el pasto, de poner todo y más, por el equipo y el lugar de pertenencia. Uruguay se vuelve con dos imágenes bellas de cabezazos al ras del piso. Nández y Torreira "mordiendo el pasto", como lo mordieron todos, en la victoria o la derrota, literal y metafóricamente.

Uruguay es el David de la aldea global, determinado e ingenioso que derriba Goliats. Inglaterra e Italia en el mundial pasado, Portugal, campeón de Europa en este. Es el país pequeño de Natalia Oreiro, ídola en Rusia y el país que coloca un hit en el Mundial a través de No te va a Gustar. El himno uruguayo se ha bailado en las discotecas de Rusia. El mundo nos quiere. Y ya no solo por el fútbol.

La oportunidad de Uruguay, surgida a partir de la suba de las materias primas, tuvo un salto cualitativo a partir del mundial de 2010. Desde entonces todo lo que un emprendedor uruguayo proponga tiene un respaldo tangible de horas de fair play y compromiso sin fisuras por una causa, que la celeste muestra periódicamente cada cuatro años. Se disparan las búsquedas en internet sobre este pequeño barrio de la aldea global capaz de estar entre los mejores. Uno puede ser casualidad, dos es confirmación, tres es algo plenamente creíble.

El boom que ha generado la selección, nos coloca a los tres millones y medio de uruguayos ante oportunidades inéditas. Reafirma la oportunidad que el comienzo de este siglo nos otorga, como lo hizo el comienzo del siglo pasado.

Una oportunidad tiene que ver con la imagen del país y la colocación de nuestros productos. Cualquier empresario que sale a ofrecer lo que sea ahora, tiene una agradable conversación por delante. Qué bien la selección uruguaya, que trabajo de equipo, que respeto, que humildad, que coraje, que éxitos. Aún en la derrota, Griezmann nos regala un gesto de respeto que no cualquiera da y no cualquiera recibe. Para el mundo somos interesantes, creativos, respetables. Nos animamos a cosas grandes en el fútbol y otras áreas.

La imagen de Uruguay es de capacidad, logro de objetivos y nunca perder la línea. Porque Tabárez se ha vuelto nuestro segundo ícono global. Si su figura ya era grande, su muleta, símbolo de capacidad para enfrentar victorioso la adversidad inevitable y la profundidad creciente, filosófica, coherente y consistente de sus explicaciones y a la vez tan mesuradas, equilibradas, racionales, cautivan y cautivarán globalmente.

Es un ícono que nos deja muy bien parados. Esa es la oportunidad que genera hacia afuera; nos valoriza a nosotros y a lo que hagamos. Somos confiables.

Pero hay una gran oportunidad de cambio cultural fronteras adentro. Potencialmente el proceso Tabárez, puede ser una revolución cultural. En un país en el que el fútbol es una pasión máxima hay un ejemplo de cómo es el método para convertirnos en un país desarrollado. Previsibilidad, seriedad, espíritu de equipo, el camino es la recompensa pero no da lo mismo ganar que perder. El método es un bien en sí mismo pero es parte del método dejar la vida por la victoria, que es la victoria de todos los uruguayos, parientes, amigos y vecinos.

En momentos en que tantos estudiantes no entienden para qué ir a un liceo y desertan, este proceso puede ser iluminador. Debe trascender los límites del deporte.

Si Conaprole trabaja por completo bajo la lógica Tabárez, es capaz de conquistar China. Y ahí generará más empleos y mejores salarios y los tamberos sentirán que pueden apostar a producir más por la estabilidad resultante. Si la enseñanza primaria y secundaria funcionan así, la deserción debería bajar.

En el camino de formar tu cerebro, de comprender al mundo, de descubrir las maravillas que otorga la ciencia y el arte está la recompensa. Transitar la escalera del conocimiento desde prescolares a la Universidad y después, es tan hermoso como empezar en el baby fútbol y llegar a Primera división y más.

Si en cada organización en la que formamos parte, pensamos qué puede aplicarse del método, podemos tener una revolución en el buen sentido de evolución veloz, que nos acerque al desarrollo pleno como país.

Una lógica del equilibrio, de la practicidad, del compañerismo, de la consciencia del objetivo común. De intentar clasificar a los mundiales con nuestro trabajo, con nuestros talentos. Hacer más globales a la carne, a la música, al software, a la yerba y el mate, a todo lo que hagamos. El logro futbolero es también gracias al software que permite que la selección uruguaya sea vanguardia en analizar las estrategias y tácticas en tiempo real usando Big Data.

Todos podemos soñar y concretar el clasificar a los mundiales de la robótica como los pibes de Tala y de Tacuarembó, a los mundiales de la Nasa, de las matemáticas, de la arquitectura. En cada actividad dar un buen servicio en la comarca y salir y lucirse fuera de fronteras.

Tenemos una gran imagen. ¿Cómo es nuestra realidad íntima? El turismo seguirá creciendo. Van a venir más visitantes. Está en nosotros que tengan una experiencia recordable de felicidad viviendo unos días o semanas aquí. O que los arrebaten y hagamos el tal papelón mundial.

¿Cuánto jugo le podemos sacar a esta nueva demostración de las virtudes de trabajar en equipo? Es posible aprovechar esta vibración colectiva para superar las obsoletas contradicciones uruguayas Montevideo/interior, rural/urbano, y tantas otras divisiones obsoletas.

No importa en lo más mínimo en la selección si el Cebolla es ganadero o Godín agricultor, u otros quien sabe qué. Importa estar alineado a objetivos. Unirse contra los problemas, enfrentarlos hasta que mordiendo el pasto, se los venza y ahí besar la camiseta.

El corolario de esta ola celeste que hemos disfrutado será vano sino genera un efecto dominó. Donde cada uno de los niños llegue a entender la doctrina del Maestro, y lo aplique para lo que sea que quiera hacer de su vida. Que aprenda a aprender, que lo disfrute y que disfrute el hacerlo formando parte de equipos. Mesurado cuando es exitoso y con la frente en alto cuando no logra el objetivo.

Es fácil decirlo, lo difícil es estar a la altura a la hora de ejecutarlo. Pero casi todo es posible si se pone la suficiente actitud. Es la primera vez que la gran mayoría de los uruguayos es muy hincha de Uruguay.
Las nuevas generaciones escuchan fuerte y cantan con gusto el sabremos cumplir. Esto tiene el potencial de ser una nueva revolución Vareliana, provocada por un maestro que sintetice a José Pedro y Obdulio y nos catapulte en este siglo.

Flashes de cambios que ya suceden. Los uruguayos vestidos como alumnos escolares limpiando la tribuna a la par de los hinchas japoneses. Pero mientras eso pasa, en plena euforia convivimos con una toma de rehenes en una cárcel y vemos a un ser humano destruido de Bella Italia desafiando a otros barrios con revólveres. Un abismo de diferencias sociales se ha ensanchado hasta un punto que hace difícil imaginar cómo lograr que la cultura Tabárez permee al 100% de la población. Pero al menos que se incorpore plenamente a la población menor a 18 años que es el cimiento sobre el que se construirá el Uruguay de este siglo.

No es fácil que el cambio cualitativo del fútbol se transforme en un cambio cultural general. Que genere un fenómeno general que conmueva a todos. El momento es ahora. Hay un momento muy especial, las camisetas y banderas se multiplican. Nos despierta la ilusión. Hay algo que sigue vivo.

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