Ellas están ahí, viendo pasar el tiempo y sumando volúmenes, polvo y recambiando a sus lectores cada año que pasa. Las estanterías se arquean por el peso y los años, algunos lomos se ajan por el tiempo; la humedad, a veces controlada y otras no, comienza a tomar las páginas de los ejemplares más antiguos. Para un amante de los libros, las bibliotecas son un refugio, un lugar que funciona como un oasis. La estancia en una de ellas, por más pequeña y modesta que sea, es una experiencia que, al menos, cambia el ánimo de su día.
Bibliotecas fuera de circuito
Tres de las estanterías públicas más atractivas de la ciudad: la del Palacio Legilsativo, la del IAVA y el Palomar de Cavia