Buenas y malas para el trigo en Uruguay
Hay consenso en que no se llegará a la intención de superficie, aunque se descontará el retraso existente si se cumplen los pronósticos de pocas lluvias
Una noticia buena y otra mala para el trigo se conocieron durante los últimos días. Por un lado, el clima empezó a acompañar y se movió la siembra, actividad que venía muy retrasada en el país. En general, hay consenso en que no se llegará a la intención de superficie, aunque se descontará el retraso existente si se cumplen los pronósticos de pocas lluvias.
Sin embargo, por otro lado, desde Brasil hubo una noticia claramente negativa y que afectará la comercialización del abultado saldo que queda por vender de la zafra triguera pasada.
El gobierno de Dilma Rousseff aprobó la exoneración de la tasa de 10% del Arancel Externo Común (AEC) a la importación de trigo de fuera del Mercosur.
Esta decisión se tomó a pesar de la resistencia de las gremiales de los productores y del propio Ministerio de Agricultura brasileño en cuanto a que existe actualmente un adecuado abastecimiento interno.
La exoneración será por un millón de toneladas hasta el 15 de agosto que es cuando comienza a entrar la cosecha desde Paraná.
Hay que evaluar si esto cambia los planes de los agricultores brasileños de volver a expandir el área de trigo, especialmente en Rio Grande.
En Uruguay la noticia cayó como un balde de agua fría.
Según los datos oficiales, al 1° de junio de este año había stocks de trigo declarados por 850.000 toneladas. De ese total, el saldo teórico que se podía exportar podía ubicarse entre 600.000 y 650.000 toneladas de trigo, aunque el volumen que podría efectivamente colocarse iría entre 300.000 y 350.000 toneladas del grano.
Con la decisión del gobierno brasileño, tendrán que ajustarse a la baja los precios para poder ser competitivos con el trigo estadounidense, a valores que están lejos de los objetivos iniciales de los productores.