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Es el actor del momento, el nuevo juguete europeo de calidad que Holywood está aprendiendo a usar y a sacarle todo el jugo posible, gracias a su notable don de desdoble.

Michael Fassbender acaba de ganar el premio a mejor actuación masculina en el festival de Venecia por la película Shame de Steve McQueen, donde encarna el complicado papel de un hombre adicto al sexo. Y ese premio solo remarca una serie de excelentes interepretaciones que Fassbender ha realizado en los últimos tres años.

Para el distraido que no recuerda su cara, Fassbender se hizo mundialmente conocido como el espía inglés, cinéfilo, cuyo acento y su forma defectuosa de hacer el gesto del “tres” con los dedos según el modo alemán culmina provocando un terrible tiroteo en un café, en Bastardos sin gloria (2009).

De ojos celestes y mirada limpia, quijada rígida y cara pálida, Fassbender no tiene problemas en variar rostro y expresión y mutar en un reprimido Carl Jung en Un método peligroso, dirigida por David Cronenberg y también presentada en Venecia hace una semana.

Su carácter camaleónico y versátil le permite pasar de un proyecto a otro muy disímil, sin problemas. Puede ser un guerrero espartano, un contrariado personaje de las hermanas Brontë o un romano en Escocia. Hasta puede destacarse como un villano en X-Men.

En medio del vórtice
Nacido hace 35 años en Heidelberg, Alemania, de padre germano y madre irlandesa, Fassbender vivió de niño en la isla verde para luego trasladarse con su familia a Inglaterra y Estados Unidos.

Su descubrimiento se debe a la producción de la serie de televisión Band of Brothers, que en 2001 lo reclutó para un papel secundario. A partir de entonces, Fassbender siguió trabajando en televisión, hasta que en 2007 tuvo un rol de espartano en la épica 300.

De allí saltó a Angel, una película del francés Francois Ozon. Cada año Fassbender sorteaba un nuevo proyecto con un nuevo escalón de éxito.

Si en 2008 fue Hunger –una película sobre la revolución de Irlanda–, en 2009 su breve pero contundente papel en Bastardos sin gloria lo puso en la palestra pública. La película se la robó Christopher Waltz con su personaje de Hans Landa, pero la actuación de Fassbender jamás pasó desapercibida.

A partir de entonces, Fassbender entró en el vórtice de la industria pesada, que implica un ritmo incansable de roles protagónicos. En el Reino Unido se acaba de estrenar Jane Eyre, donde Fassbender es Edward Rochester.

En el futuro, Fassbender será uno de los protagonistas de Prometheus, la nueva versión de Alien dirigida por Ridley Scott, que se estrenará en el hemisferio norte en junio de 2012.
Además, otros tres proyectos con su presencia se estrenarán el año que viene.

Uno es Haywire, una película de acción, dirigida por Steven Soderbergh, donde Fassbender compartirá escenario con Ewan McGregor, Antonio Banderas y Michael Douglas. Otro es At-Swim-Two-Birds, una película irlandesa basada en una novela de Flann O’Brien, donde también actúan dos célebres actores irlandeses: Gabriel Byrne y Colin Farrell.

El tercero quizás sea el más bizarro: una película de vampiros dirigida por Jim Jarmusch.
Con esta agenda hipercargada, Fassbender no pudo aceptar trabajar en la última película de Danny Boyle, Trance, que le fue ofrecida.

Lo que no podrá eludir a finales de febrero es una obligada parada en la alfombra roja de los Oscar en Hollywood. Si bien todavía no se conocen los nominados, los rumores que suenan más fuerte entre bambalinas de Hollywood lo tienen como gran favorito. Quizás la pregunta válida sea por cuál de todas sus películas.

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