Cerco de presiones sobre Maduro
La presencia de Felipe González en Venezuela, una carta de tres expresidentes uruguayos y una coincidente condena de Naciones Unidas por las violaciones gubernamentales a los derechos humanos estrecha el cerco de las presiones internacionales sobre el régimen del presidente Nicolás Maduro
La presencia de Felipe González en Venezuela, en respaldo a líderes opositores arbitrariamente encarcelados, una carta de tres expresidentes uruguayos y una coincidente condena de Naciones Unidas por las violaciones gubernamentales a los derechos humanos estrecha el cerco de las presiones internacionales sobre el régimen del presidente Nicolás Maduro. El chavismo las resiste con denuestos y denuncias de injerencia exterior en los asuntos internos. Pero sus excesos represivos, incluyendo el arresto sin base jurídica de opositores prominentes, ha convertido el caso venezolano en tema de fundada preocupación fuera de sus fronteras.
Pese a que la mayoría chavista en la Asamblea General declaró a González persona “non grata” y a otras formas de protesta por su viaje, el exjefe del gobierno español llegó a Caracas en su condición de abogado y con el peso de su prestigio para colaborar en la defensa de Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos. Pero debió marcharse después que el gobierno le impidió reunirse con López, principal líder opositor junto a Henrique Capriles. Está preso desde hace 15 meses y ha iniciado una huelga de hambre junto con otros dirigentes encarcelados.
Los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle enviaron una carta conjunta al secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, pidiendo que encare la agrietada situación política venezolana y el caso de los presos políticos. Es un pedido que Almagro no puede ignorar, pese a que durante su período como canciller de la administración Mujica se distinguió por su constante defensa del opresivo régimen venezolano. Previamente ya habían fracasado las visitas a Caracas de otros dos expresidentes sudamericanos, el colombiano Andrés Pastrana y el boliviano Jorge Quiroga.
Maduro ha sido hasta ahora impermeable a las censuras internacionales por los desmanes de su régimen. Han incluido decenas de manifestantes muertos por la Policía, denuncias de torturas y malos tratos, cierre de medios de prensa opositores y otras muchas acciones represivas de las libertades civiles. Pero el hombre que Hugo Chávez designó a dedo al frente del gobierno autoritario que despedaza a Venezuela, enfrenta, además de la crítica situación interna, una ola creciente de censuras internacionales. La ONU acaba de destacar a Venezuela, junto a Cuba, como el país donde se violan más abiertamente los derechos humanos en América Latina. Previamente la Comisión de Derechos Humanos de la OEA había puesto a ambos al tope de su lista negra de los países donde esos derechos son más asiduamente violados .
Con su popularidad derrumbada por la escasez de alimentos, la hiperinflación, la corrupción del régimen y otras penurias que sufren los venezolanos, Maduro corre el riesgo de perder su actual control del Parlamento en elecciones legislativas programadas para este año pero a las que el gobierno demora en fijarles fecha. Entre tanto, los gobiernos de la región que todavía cierran los ojos a la realidad, mal pueden seguir persistiendo en su tolerancia de un régimen que avergüenza al continente. Uruguay ha comenzado a cambiar de postura y de hecho ha manifestado algunas censuras que han molestado a Maduro. Debe continuarse esa senda y abogar, en cambio, para que no se retrasen las elecciones parlamentarias y cobren vigencia plena los derechos y libertades individuales.