Crear una línea de zapatos que desafía el espíritu clásico del consumidor uruguayo es una aventura que Lucía Büchner y Carolina Paradosú decidieron emprender.

Tienen clara la dificultad que implica comercializar una marca de un producto que no es de venta masiva y que es fabricado en Uruguay. “Aunque empezar cualquier cosa desde cero es difícil, resulta muy disfrutable”, expresó Paradosú.

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Galú nació en setiembre de 2007, impulsado por un sueño. Primero en la casa de una, luego en la de la otra, comenzaron a funcionar muy lentamente pero con un objetivo claro: transformarse en una marca con estilo propio.

Finalmente, en junio de 2008 ingresaron a la incubadora de empresas Ingenio, lo que dinamizó ampliamente su funcionamiento. Graduadas de Ingenio desde diciembre del año pasado, buscan ansiosas un lugar donde instalarse para seguir creciendo.

Más que boca a boca
La incursión en el mercado de los zapatos femeninos fue por un tema de gusto, pero se llevaron una grata sorpresa. “Descubrimos que había un nicho de mercado para nosotras y que era un segmento creciente”, dijo Paradosú.

Al comienzo sólo vendían a conocidos, pero hoy las contactan personas que nada tienen que ver con su círculo de amistades y familia.

La difusión de Galú fue rápida y no se dio por casualidad. “Mayoritariamente empezamos a ofrecer nuestro producto a través de las redes sociales. Siempre tuvimos bien claro que la comunicación tenía que ser profesional; entonces trabajamos con un estudio de fotos y un diseñador gráfico. Con el catálogo armado empezamos a comunicarnos por mail y en paralelo con Facebook. Es un intercambio muy fluido el que tenemos con los potenciales clientes, contestamos las comunicaciones todos los días y la gente lo valora”, comentó la diseñadora.

Las propietarias de Galú tambien han realizado envíos al exterior a consumidores que las contactaron a través de la web. Justamente, el aumento de este tipo de contactos las impulsó a terminar el armado del carrito de compras web, que hace casi un año tenían en proceso.

Aumentando el talle
Cuando se decidieron a emprender estaban desocupadas. “Yo recién había vuelto de un viaje de estudios en España y Lucía había sido mamá un año antes. Nos gustaba la idea de empezar a hacer algo propio”, recordó Paradosú.

Paradosú es diseñadora industrial, y Büchner de textil y modas, por lo que se veían capacitadas para enfrentar el desafío. Esto, sumado a un pequeño emprendimiento que había tenido Paradosú en el rubro calzado, las impulsó a probar suerte.

“Lo primero que se necesita para emprender es apertura mental, tesón y un poco de inconciencia. Conocer los riesgos que se asumen, pero también estar dispuesto a atreverse, es vital. Creo que son cosas a tener bien claras”, reflexionó.

De la primera temporada a la segunda lograron duplicar la venta de zapatos.

“Somos una empresa muy chica pero hemos tenido un crecimiento muy importante. Esta va a ser la tercera temporada, y según nuestras proyecciones vamos a triplicar lo que hicimos el primer año”, auguró Paradosú.

En la actualidad Galú tiene dos unidades de negocios: una es el diseño, gestión de la producción y comercialización de calzado, y otra la comercialización de servicios de diseño de indumentaria, como jeans, maletas y valijas de viaje.

Paradosú explicó que trabajan con buenas materias primas, impulsando el desarrollo de colores propios y ahora elaborando con diseñadores que fueron creando, junto a ellas, accesorios que potencian el producto.

Estampan el cuero buscando la diferenciación a través de técnicas manejables.

“Hoy estamos produciendo muy bien para Uruguay, potenciando las posibilidades que ofrece el mercado nacional, con productos hechos con construcciones tradicionales y con una tecnología baja”, dijo.

Trabajan con ediciones limitadas, produciendo no más de 50 pares de zapatos por modelo, dejando lugar a la exclusividad.

“Por supuesto que estudiamos la tendencia y tenemos que estar al tanto porque esto es una propuesta comercial. Analizamos y después establecemos los parámetros en los que nos movemos”, fundamentó. Ya tienen dos colecciones circulando que, lejos de anularse una a otra, están pensadas para coexistir.

Engaluzate
No son una fábrica ni tienen un local propio aún, pero encontraron diversas formas de hacer caminar sus zapatos
Venden a través de tiendas como La Pasionaria y Manos del Uruguay, y ofrecen sus productos mediante el sitio iconica.com.uy.
También lograron imponerse con sus seguidoras a través de los eventos de venta generados por la propia empresa, los “Engaluzate”. (Puede consultarse sobre próximos eventos en ).

“Sacamos la mercadería del LATU, que está fuera de cualquier circuito comercial y vamos a restaurantes, tiendas o casas que arquitectónicamente sean interesantes en distintos puntos como Ciudad Vieja, Pocitos y Malvín”, contó la emprendedora.

Al principio la idea era exportar, pero con el tiempo comprendieron que tenían mucho para aprender y que no debían descuidar la plaza local.

“Aquí hay gente que acepta el producto, lo busca, lo espera, tenemos seguidores. Es verdad que somos un poco clásicos en Uruguay, pero hay cierta búsqueda de diferenciación y nuestro producto combina dos cosas: buena calidad y un diseño distinto. Seguramente se diferencia de lo que hay en plaza”, reflexionó Paradosú.

A mediano y largo plazo quieren extenderse en dos direcciones. Por un lado, llegando al exterior –ya han hecho alguna acción puntual en Argentina– y, por otro, ampliar la línea de productos, quizá a un público distinto, como niños u hombres.

En este momento están trabajando en un proyecto del conglomerado de diseño con otras dos marcas –In-use y Laurel–, que de la mano de Mónica Zanocchi llegarán en principio a Brasil para ofrecer productos de diseño de autores uruguayos.

No son sapo de otro pozo
Tanto para el proyecto como para su formación como empresarias, fue muy importante el apoyo de algunas instituciones.

Luego de un año de planificación y tras lanzarse tímidamente al mercado, las socias se enteraron de la existencia de Ingenio, que hasta ese momento sólo albergaba proyectos tecnológicos.

“Lo nuestro se aleja bastante de eso, apela a la innovación desde el diseño”, señaló Paradosú. De todas formas, las novatas empresarias decidieron acercarse a la incubadora.
Poco tiempo antes habían participado de la primera edición del concurso Ideas para emprender.

“Fueron cuatro semanas en las que accedimos a distintas charlas y nos sirvió para redondear un resumen ejecutivo, que fue a grandes rasgos el que presentamos en Ingenio y que nos dio la pauta para seguir adelante”, contó.

Contrariamente a lo esperado, no ser un proyecto tecnológico no significó un problema para entrar a Ingenio.

“Nuestra idea resultaba muy interesante y hubo un apoyo importante”, recordó la diseñadora.
Otra herramienta vital fue un subsidio solicitado a la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, que les permitió funcionar durante su primer año de vida.

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