Por Alberto Elizalde Leal
Por Alberto Elizalde Leal
En un punto crítico de la rivalidad existente entre China y Estados Unidos, lo que podría llevar algún día a una confrontación armada entre ambos, un funcionario estadounidense encargado del aprovisionamiento de material bélico ha hecho inquietantes declaraciones.
En efecto, el Mayor General Cameron Holt, subsecretario adjunto de la Secretaría de Adquisiciones de la Fuerza Aérea, emitió recientemente una alerta sobre los enormes avances de China en la adquisición de material de defensa a un ritmo “cinco o seis veces” mayor que los Estados Unidos.
La alerta de Holt no es la primera que ha encendido la alarma sobre los movimientos chinos. Varios observadores, asesores, expertos y funcionarios también han llamado la atención sobre las demoras en la adquisición y modernización de armamentos que ha puesto a China en la delantera de la carrera armamentística.
En una cumbre gubernamental sobre precios de contratación de material bélico, el militar ha sugerido que el Pentágono necesita urgentemente revisar la forma en que se encara la puesta en uso de nuevo armamento.
Los retrasos aludidos por Holt se producen en el mismo momento en que China pareciera estar alcanzando el liderazgo en el desarrollo de avanzada tecnología militar como parte de su esfuerzo por proyectar eficazmente su poderío estratégico.
En su momento, Mike Griffin, subsecretario de Investigación e Ingeniería, reveló que, en una comparación hecha en 2018, a Estados Unidos le tomaba dieciséis años llevar una idea a su estado operacional, mientras que a China le tomaba solamente siete años.
Como ejemplo, citó el proceso chino de pruebas durante diez años de sus misiles hipersónicos con elevado porcentaje de éxitos. La temible perspectiva que surge de esta realidad es que China completa dos y un cuarto ciclos de desarrollo y puesta en operaciones cuando Estados Unidos completa uno.
El tema es especialmente alarmante con respecto a los intereses de Estados Unidos en la región Indo-pacífica, un teatro de operaciones inevitable en caso de eventuales conflictos, donde altos funcionarios del Pentágono y comandantes militares estiman que muy pronto China sobrepasará las fuerzas estadounidenses allí desplegadas.
Pero no sólo los chinos se están equipando a un ritmo muy elevado, también son muy eficientes desde el punto de vista económico en los gastos para lograr paridad de poder: cuando ellos pagan un dólar, Estados Unidos paga veinte. Holt afirma que “si no podemos imaginar cómo bajar nuestros costos y acelerar nuestra cadena de suministros, seguramente vamos a perder”.
Para Holt, lo que explica que no se pueda competir eficazmente con China en el área del equipamiento y la logística reside en problemas de gestión de recursos y supervisión. Desde su punto de vista, el modelo actual del proceso de equipamiento militar viene de la época de la segunda Guerra Mundial y es inútil en el siglo XXI.
Todo el proceso es excesivamente centralizado y controla cada detalle de los presupuestos y la implementación, lo que significa que en cada etapa del desarrollo de un programa siempre hay alguien con poder para dar una opinión sobre cómo deberían usarse los fondos asignados, ocasionando demoras que impiden que el material llegue en tiempo y forma a las tropas.
“Tenemos un sistema muy centralizado y micro gerenciado de decisiones que han servido durante la Guerra Fría, pero que en el ambiente actual nos va a matar”, puntualizó Holt.
Aun cuando el Congreso aprueba un nuevo programa y fondos específicos, el Pentágono tiene el poder de redirigir esos fondos, debilitando así la posibilidad de estimular la innovación.
Holt propone el modelo de “flujo de caja” (cash Flow) que permitiría al Pentágono alguna posibilidad de movimiento de fondos, pero dando al Congreso la posibilidad de supervisar mejor todo el proceso y avanzar más rápido mediante un sistema descentralizado.
Las conclusiones de un grupo norteamericano de investigación en Estrategias de largo plazo (LTSG) sobre la evolución de los gastos militares chinos de largo plazo comparados con los de Estados Unidos, son que hacia el 2030 se habrá perdido el estatus de nación más técnicamente desarrollada en el terreno militar si, como el estudio sugiere, el presupuesto militar chino va a superar al de Estados Unidos hacia el 2024.
De acuerdo con lo investigado por LTSG, en las dos últimas décadas, los Estados Unidos han gastado más dinero en Operaciones y Mantenimiento (O&M) que, en la compra de nuevos sistemas, mientras que China ha puesto la mira en aumentar su aprovisionamiento, dejando Operaciones y mantenimiento en segundo plano.
“Es sorprendente el paso al que se mueve China”, ha expresado el General John Hyten, excomandante de las fuerzas nucleares y supervisor de las operaciones de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Hay que mencionar -también afirmó- que el arsenal nuclear de China está creciendo aceleradamente y asimismo “nos ha dejado atrás en la carrera por las armas hipersónicas”.
Con el tiempo, la rivalidad entre ambos países tenderá a intensificarse, lo que será seguramente motivo de preocupación para los funcionarios competentes.