Sobre todo, por las dificultades que ocasiona la ausencia de una estructura de gobierno definida en el bando persa. Irán se encuentra hoy fragmentado, con múltiples actores y sectores extremistas que han ganado terreno, y donde la toma de decisiones no es vertical ni eficiente.
Ante este escenario, cabría la posibilidad de que Estados Unidos se arrepienta de haber eliminado a la cúpula iraní entera. Aunque es un contrafáctico, porque también se podría afirmar que, de haber permanecido en su lugar, la resistencia sería hoy más organizada y difícil de vencer.
Lo cierto es que el presidente Donald Trump, más allá de su locuacidad habitual y sus amenazas pendulares, ha demostrado un sentido del timing estratégico y táctico muy desarrollado, apelando en este caso al clásico método de la "zanahoria y el garrote".
Esta actitud pragmática es, posiblemente, fruto de su exitosa faceta previa a la política como negociador empresarial, en un mundo salvaje donde ningún acuerdo es blanco o negro, y donde nada termina hasta que realmente se firma el final.
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Donald Trump, en los jardines de la Casa Blanca.
Dadle a Trump lo que es de Trump
Las críticas al norteamericano son crecientes, pero también hay que concederle que colocó a su país en una posición geopolítica determinante en menos de dos años. Solo basta comparar el papel de Estados Unidos con el de su antecesor, Joe Biden, y el que cumple en este momento.
La analista internacional Karina Mariani afirma que por la guerra con Irán “las alianzas del Golfo se reorganizaron. Los Emiratos Árabes Unidos se reposicionaron y la OPEP empieza a desintegrarse. Una OPEP débil significa que Washington tiene más influencia sobre el precio del petróleo”.
Mariani sostiene que “si la guerra con Irán degrada la capacidad energética china mientras la de EE.UU crece, la carrera por la superinteligencia cambia el tablero. Sumemos a Rusia estancada en Ucrania y los BRICS, que prometían un orden alternativo, también ven caer su relevancia”.
El fin de la guerra —justamente por la abrumadora superioridad norteamericana— no estará en el campo de batalla. Con el régimen iraní exhausto, las amenazas militares y las ofertas de paz son dos caras de una misma moneda. El relato final también importa y por eso debe ser creíble.
¿Y por casa cómo andamos?
Para empezar, Trump se apuntó un triunfo cuando la Corte Suprema anuló las circunscripciones creadas para votantes de grupos étnicos minoritarios para asegurarles bancas, una ingeniería electoral —conocida como "gerrymandering"— que suele beneficiar al Partido Demócrata.
No obstante, la noticia de mayor impacto fue el reciente atentado frustrado contra Trump durante la cena anual de corresponsales en la Casa Blanca; el tercero que sufre en este periodo. Estos ataques contra líderes de derecha se están volviendo un rasgo sintomático de la época.
Resulta paradójico que Trump esté en peligro, no tanto por sus enfrentamientos externos, sino por su propia política nacional. Esto nos recuerda que hoy también se libra una verdadera guerra en el corazón de Occidente que hace poco se cobró la vida del influencer conservador Charlie Kirk.
La tregua entre los batalladores de Ormuz se mantuvo, pero el mundo siguió girando y muchos hechos significativos comenzaron a cobrar protagonismo. Por ejemplo, hubo elecciones en Palestina (!), tanto en Cisjordania como en el único distrito de Gaza que se mantenía en pie.
En Cisjordania triunfó el moderado Fatah. Pero también en Gaza obtuvieron una victoria parcial. Esto podría verse como el primer paso de la Autoridad Palestina para recuperar el control político de la Franja de Gaza después de 20 años, aprovechando el desgaste de Hamás tras el conflicto.
Otra de las noticias de la semana fue la mencionada salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP.
La organización estaba paralizada por enfrentamientos entre sus propios miembros. La salida de EAU apunta a alinearse totalmente con EEUU e Israel a cambio de apoyo económico.
Mientras, el Rey Carlos III tuvo una comentada visita a Estados Unidos.
A pesar de la tensión previa, la relación entre el Rey y Trump fue determinante: todo terminó recomponiendo las viejas "relaciones especiales", y con Trump anunciando la eliminación de los aranceles al whisky escocés.
También se anunció esta semana la vuelta de los vuelos regulares entre Venezuela y Estados Unidos, lo que se suma a los cambios silenciosos en las políticas energéticas venezolanas y su vínculo con Washington.
Trump sigue rodeando a China y afectando sus suministros.
A esto se añade la notable visita de la oposición taiwanesa a China, donde fueron a rendir pleitesía a Xi Jinping. ¿Será posible un acuerdo entre China y Estados Unidos para respetar sus zonas de influencia bajo la lógica de "dejar hacer y dejar pasar"? Hoy parece difícil.
Pero en este mundo de hoy, ya no se sabe qué cosa es una locura y cuál una posibilidad.
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Es Global, no local
La precaria tregua que vimos estos días y la ausencia de ataques importantes han desplazado —solo coyunturalmente— el conflicto de las portadas, la TV y redes sociales. Pero esto no significa que el mundo haya entrado en un periodo de tranquilidad o que ya no continúe la pelea en Irán.
Esta pausa dará lugar a nuevas tensiones más pronto que tarde.
La foto del presidente norteamericano con un arma en la mano anuncia el inicio de otra ola de amenazas e incertidumbres. No hay que olvidar que Trump tiene las cartas militares ganadoras en sus manos.
En este panorama sin reglas comunes, solo la fuerza parece traer certezas —y tranquilidad— a los Estados nacionales. Pero la fuerza por sí misma tampoco es garantía de tranquilidad, ya que esta crisis global también se refleja en conflictos intranacionales en las principales potencias.
El seguimiento minuto a minuto de la guerra nos impide ver la película completa y así se pierde un hecho crucial para comprenderla: el enfrentamiento entre Washington y Teherán no es la causa de la crisis global, sino su consecuencia.
Es la erosión del sistema internacional la que produce conflictos de esta naturaleza. Y lo seguirá haciendo.
Por eso, lo que queda al descubierto cuando Estados Unidos e Irán se toman un respiro no es un mundo ordenado, sino sistemas políticos en tensión, mayor violencia y un desorden estructural que parece no tener fin.