Hasta ahí la estrategia no resultó mal. En la medida en que los petroleros de Irán ya no pueden llegar a alta mar y alcanzar a las fieles refinerías chinas, el régimen de Teherán se ve privado de unos u$s 200 millones diarios.
El cálculo era que sin esos ingresos sería más proclive a negociar y así fue. Irán propuso reabrir Ormuz y dejar la negociación sobre la espinosa cuestión nuclear para más adelante.
Pero el presidente Donald Trump prefirió doblar la apuesta convencido de que el bloqueo pronto va a doblegar a los iraníes.
Puede que haya sido un error de cálculo.
El 26 de abril dijo en una entrevista que los pozos del país "explotarían" en tres días como consecuencia del bloqueo.
Van dos semanas y eso no ocurrió, lo que es obvio. Pero, ¿cuál fue su razonamiento?
Al no poder exportar, pronto consumirá sus reservas y deberá cerrar sus pozos, lo que producirá un grave daño a su industria.
Esto fue lo que dijo. “Cuando explote, nunca, bajo ninguna circunstancia, podrá reconstruirlo como estaba”, y agregó que la capacidad se reduciría a “aproximadamente el 50% de lo que es ahora mismo.”
Preocupa que Washington haya extendido el bloqueo y se haya retirado de la mesa de negociaciones tan mal informado.
A dos semanas del bloqueo, Teherán aún almacena reservas
Con una demanda local cercana a los 1,9 millones de barriles, Irán cuenta con un excedente diario de aproximadamente 1,85 millones de barriles. Debido al bloqueo, esos barriles se están almacenando.
Según apunta Javier Blas, columnista experto en estos temas de Bloomberg, tiene más capacidad terrestre y marítima que la mayoría de sus vecinos, lo que le da más tiempo antes de que sus tanques se llenen.
Incluso dos semanas después de que comenzara el bloqueo, todavía está cargando crudo desde su terminal de la isla Jark en barcos que ya estaban en el Golfo Pérsico.
Kpler, una empresa de inteligencia de materias primas, calcula que Irán probablemente tiene entre 12 y 22 días más de almacenamiento disponible.
Mucho más de lo que la administración estadounidense anticipó al iniciar el bloqueo.
Siguiendo la línea de razonamiento de Trump, resulta equivocado pensar que los pozos deberán detenerse y que de hacerlo, la industria sufrirá un golpe devastador.
Si ésa fue la hipótesis sobre la cual se basó la decisión de extender el bloqueo, la economía global pende de un hilo.
Los ingenieros iraníes y el "timing" de la resistencia petrolera
Lo importante, según los expertos, es reducir la producción gradualmente. Y hacerlo incluso preventivamente, antes de que se agoten las reservas.
Además de recortar la producción, se pueden tomar medidas como rotar el cierre de los campos petrolíferos para minimizar daños. El objetivo es mantener los pozos activos la mayor cantidad de tiempo posible.
Todo esto los iraníes lo saben.
Blas explica muy bien lo que están haciendo: "El proceso parece estar ya en marcha, con quemas visibles de petróleo y gas en Juzestán, el corazón de la industria petrolera del país. Para mediados de mayo, la producción de petróleo iraní deberá reducirse a la mitad con respecto a los niveles anteriores a la guerra, ya que el almacenamiento está llegando a su límite".
Este manejo del timing para maximizar su resistencia frente al bloqueo es fruto de la experiencia.
En 2019-2020, durante la primera administración Trump, ya se produjo una situación similar, a raíz de la retirada de EE.UU. en 2018 del acuerdo nuclear y el restablecimiento de las sanciones.
Irán llegó al punto de tener que reducir drásticamente su producción.
Sin embargo, logró reactivar sus pozos sin mayores problemas y aunque llevó tiempo, para 2025 alcanzó una producción total de petróleo que fue, de hecho, la más alta en 46 años.
Los ingenieros petroleros iraníes tienen el aprendizaje de los errores cometidos esos años.
Es cierto que la presión económica ahogará cada vez más a la República Islámica que bien puede optar por hacer otra oferta.
Pero como bien le hizo saber a Trump, en un gesto claramente ambivalente, Irán tiene amigos.
La propuesta de negociación se dio a conocer justo cuando el canciller del régimen, Abbas Araghchi, se encontraba en San Petersburgo para una reunión con el presidente ruso, Vladimir Putin.
Putin se encargó de reafirmar “su intención de continuar con la relación estratégica”.
Llegado el caso, puede haber un salvavidas financiero. Después de todo, amigos son los amigos.