16 de abril de 2026 8:34 hs

Ya es difícil seguir el hilo de las etiquetas de las operaciones.

Y no es que les falte impacto. Hay algo muy Hollywoodense de película de acción de presupuesto multimillonario. “Operación Furia Épica”.

Claro que lo que hay detrás no tiene nada de entretenido ni de ficticio. Pero así decidió bautizar EEUU a su campaña militar en el Medio Oriente contra Irán.

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El martes añadió otra operación, un giro de estrategia en realidad, que comenzó con el bloqueo naval y que se llama “Furia Económica”.

El tono “furioso” se mantiene pero la administración de Donald Trump cambió la apuesta.

Después del fiasco de las negociaciones en Paquistán, el presidente estadounidense busca ahora asfixiar financieramente al régimen de Teherán.

Esto aún cuando en simultáneo, ya casi existe acuerdo para un nuevo acercamiento diplomático. Pero siempre mejor sentarse a hablar con un enemigo exhausto.

Pero Irán, en rigor, está en modo supervivencia hace años. Existe una emergencia económica mucho antes de que empezara este conflicto.

Una crisis provocada por EEUU con sanciones que se fueron acumulando para privar al país de acceso a divisas y ahogarlo financieramente.

Incluso antes de la guerra, de la escalada del precio del combustibles y de los gastos militares, los iraníes ya convivían con una inflación de casi 70% (dato a febrero).

El deterioro de la calidad de vida de los casi 100 millones de personas que viven en Irán se agravaba por la inflación de alimentos, que se disparará en la medida en que desaparezcan, como se prevé, los tipos de cambio subsidiados para la importación de productos básicos.

bessent iran

Por si cabe alguna duda, esto decía el Secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, ante el Senado a principios de febrero de este año (foto arriba).

"Creamos una escasez de dólares en el país con una gran culminación en diciembre, cuando uno de los mayores bancos de Irán quebró, se produjo una corrida bancaria, el banco central tuvo que imprimir dinero, la moneda iraní entró en caída libre, la inflación explotó y, por lo tanto, hemos visto al pueblo iraní en la calle".

Efectivamente, el rial, la moneda local, vio evaporarse su valor.

En el Instituto El Cano repasan ese momento histórico: en diciembre de 2025 el tipo de cambio iraní se hundía a mínimos históricos en el mercado paralelo, tras caer alrededor de un 10% en un día, casi un 25% en un mes y un 60% desde el 12 de junio, fecha del comienzo de la guerra de los 12 días y los primeros bombardeos israelíes.

Cómo descenderá sobre Irán esta fase de “Furia Económica”

Ya el bloqueo naval del estrecho de Ormuz, anunciado poco después del fracaso de las conversaciones, iba en esa línea.

Ningún buque transitaría por ese corredor marítimo que hasta el momento controlaba Irán y por el que empezaba a haber cierto tráfico bajo su estricta supervisión y previo cobro de peaje.

Trump hizo la jugada geopolítica más arriesgada hasta ahora en la guerra.

Terminó de cerrar por completo esa vía comercial de la que depende el Golfo para comerciar con el mundo. El suministro de petróleo al mercado asiático va camino a colapsar por completo.

Es el precio de acorralar a Irán definitivamente.

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Con el tráfico paralizado, hay cientos de buques que merodean a cada lado del estrecho a la espera de poder salir del Golfo.

Con el tráfico paralizado, hay cientos de buques que merodean a cada lado del estrecho a la espera de poder salir del Golfo.

Privado de los ingresos de los peajes, hasta ahora Teherán prefirió no poner a prueba el bloqueo de EE.UU.

Sus buques -que hasta ahora se movían libremente dueños del canal- no lo desafiaron. Ni siquiera para abastecer a China, su gran y único cliente durante estas semanas de guerra le permitieron conseguir -paradójicamente- más ingresos que antes del conflicto.

Esto fue gracias a la suba del Brent y el levantamiento temporal de las sanciones para su “flota fantasma”.

Parecería una señal de que busca volver a la mesa de negociaciones.

Pero Washington advirtió el martes que permitirá que expire este fin de semana la exención que autorizaba temporalmente la compra de cierta cantidad de crudo iraní (una medida que alcanzaba a los barriles varados en el mar y ya cargados en buques).

Agregó que perseguiría con sanciones secundarias a todas las instituciones financieras que sigan financiando las actividades de Irán.

Y que podría haber otras fuentes de presión económica.

Ante la actitud de la Casa Blanca, Irán también podría darse vuelta. Nunca se sabe.

La Guardia Revolucionaria Islámica del país podría intentar demostrar que el bloqueo estadounidense puede desafiarse sin consecuencias y dinamitar la vía diplomática.

Pero todo parece indicar que una segunda vuelta de conversaciones viene en camino.

Teherán pudo recuperar fondos a cambio de concesiones nucleares

El valor exacto de los activos congelados de Irán no está claro.

En las casi 24 horas de negociaciones corridas en Paquistán para evitar que la tregua se cayera definitivamente estuvieron en la mesa como uno de los reclamos centrales de Teherán. Y se habló de u$s 27.000 millones.

Hasta ese momento, poco se había dicho sobre esas cuentas, tan vitales para Irán. Sobre todo si se piensa, por ejemplo, en el rol que jugaron en la negociación de Europa con Rusia, que también tiene reservas inmovilizadas desde la invasión a Ucrania.

El régimen de Teherán tenía cuentas en divisas en los principales bancos mundiales para mantener reservas que respaldaran el valor del rial.

Los sucesivos paquetes de sanciones bloquearon el acceso del régimen a estos fondos, impidiendo a las empresas iraníes que compran bienes y servicios a proveedores extranjeros liquidar en euros, yenes u otras divisas.

El ostracismo financiero desestabiliza la economía de un país. EE.UU. provocó una escasez de dólares y la utilizó como catalizador de protestas sociales.

La primera vez que se recurrió a esta medida fue en 1979.

Tras el derrocamiento del Gobierno del Sha Mohammad Reza Pahlavi, alineado con Occidente, y la captura de ciudadanos estadounidenses durante la Crisis de los Rehenes en Irán, el presidente estadounidense Jimmy Carter congeló los activos de Irán.

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El presidente estadounidense Jimmy Carter brinda por el sha Mohammad Reza Pahlavi de Irán en Teherán, diciembre de 1977.

El presidente estadounidense Jimmy Carter brinda por el sha Mohammad Reza Pahlavi de Irán en Teherán, diciembre de 1977.

Fallecidos presidente de EEUU, James Carter, y Sha de Irán, Reza Pahlevi.

Durante los más de 400 días que duró la crisis, 66 estadounidenses, entre diplomáticos y personal civil, fueron tomados como rehenes en la embajada de EE.UU.

Carter congeló aproximadamente u$s 12.000 millones de depósitos del gobierno iraní, oro y otros bienes depositados en bancos estadounidenses y sus sucursales en el extranjero.

Los activos se descongelaron parcialmente en enero de 1981 en virtud de los Acuerdos de Argel, que pusieron fin a la crisis de los rehenes.

Pero también es cierto que muchas veces en todos estos años se dio al país acceso parcial a los activos congelados como parte de negociaciones.

Por ejemplo, tras alcanzar un acuerdo nuclear provisional en 2014 con EE.UU., Gran Bretaña, China, Francia, Alemania y Rusia, se permitió a Irán repatriar u$s 4.200 millones de ingresos del petróleo que tenía en el extranjero.

En 2015, los mismos países lograron que Irán aceptara reducir significativamente su programa nuclear y permitiera inspecciones de observadores extranjeros. A cambio, pudo recuperar el acceso a más de u$s 100.000 millones en activos congelados.

Con Trump vuelve la “Era de Hielo” para los activos iraníes

Sin embargo, ya en 2012, el año que marcó la imposición de sanciones financieras y energéticas internacionales al país, la economía empezó a sufrir.

Entre 2000 y 2012, el PBI había experimentado un crecimiento medio anual del 4,4%. Desde entonces, se ralentizó a un promedio de 1,9%.

Son, de todos modos, tasas de expansión muy robustas. Las previsiones dicen, no obstante, que eso va cambiar y anticipan una contracción para este año.

Según estudios que citan en el Instituto El Cano, las sanciones le costaron a Irán entre 1 y 2 puntos porcentuales de crecimiento durante tres décadas.

Pero el golpe llegó en realidad durante el primer mandato de Trump en 2018.

El presidente se retiró de ese acuerdo nuclear multilateral y volvió a congelar todos los activos de Irán en el extranjero.

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Basta decir que pre-Trump, en 2017, la inflación todavía estaba por debajo del 10%.

El presupuesto 2026 prevé un aumento del 200% en gastos militares que se piensa financiar con emisión monetaria. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo -una indicación de la presión del mercado por una devaluación de la moneda- ya supera el 3.000%.

¿Dónde están esos activos que le vendrían tan bien a los iraníes?

Corea del Sur y Japón, que históricamente son clientes importantes de las exportaciones de petróleo de Irán.

Al parecer, el Banco Central de Irán también mantiene cuentas en otros países, como China, Alemania, India y Turquía.

Históricamente, por su parte, Washington insistió en que estos fondos deben destinarse exclusivamente a fines humanitarios (alimentos, medicinas y equipos médicos) bajo la estricta supervisión del Departamento del Tesoro.

En la guerra actual, tras los ataques iraníes contra los Estados del Golfo, Trump comentó que le sorprendía que golpeara a los países que gestionan su riqueza en el extranjero.

"Es extraño, ¿no? Los Estados Árabes Unidos son como el banquero de Irán. Son algo así como el banquero".

No es una mala pregunta.

Tampoco cómo ahogar financieramente a un régimen que resiste quebrado hace tres décadas.

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