China multiplicó la fabricación y venta de elementos de tortura
En diez años se cuadruplicaron las empresas que producen estas armas
Sillas de sujeción, pistolas paralizantes de electrochoque, cachiporras punzantes y hasta carros hidrantes son algunos de los productos que se fabrican, comercializan y exportan en China, de acuerdo con una investigación conjunta de Amnistía Internacional (AI) y la Fundación de Investigación Omega divulgada ayer. El informe revela que 134 empresas participan de un negocio que está en auge: la cantidad de firmas dedicadas a los implementos de tortura se cuadruplicó en los últimos diez años.
El informe se titula “Comercio de instrumentos de tortura y represión de China” y en el mismo AI denuncia que algunos de estos objetos, como las porras eléctricas paralizantes, las pinzas eléctricas o las porras de metal reforzadas con pinchos -todos diseñados específicamente como instrumentos de tortura-, son exportados a países de África y Asia, donde se usan y se violan los derechos humanos de las víctimas.
El informe recoge que algunos de estos objetos, como las porras con púas de metal, han sido utilizadas por la policía de Camboya y se han exportado a las fuerzas de seguridad en Nepal, Tailandia, Ghana, Senegal, Egipto y Madagascar.
Una de las empresas, China Xinxing Import/Export, que entre otros productos fabrica esposas para los dedos pulgares, sillas de sujeción, pistolas paralizantes de electrochoque y porras, declaró en 2012 que tiene vínculos con más de 40 países africanos donde su comercio supone más de US$ 120 millones, según el informe.
Otros productos que pueden tener un uso legítimo por parte de las fuerzas de seguridad, como el gas lacrimógeno, proyectiles de plástico o vehículos antidisturbios, se están exportando desde China a países donde existe un riesgo sustancial de que puedan cometerse con ellos violaciones de los derechos humanos por parte de los responsables legales que los reciben.
De las 134 empresas, 48 exportan a otros países. El informe agrupa sus elementos de tortura en cuatro categorías: las que impiden movimientos (esposas, sillas de sujeción, cadenas), de choque eléctrico (bastones y proyectiles), punzantes (cachiporras de diverso tipo) y de control de masas (gases lacrimógenos, carros hidrantes, granadas, blindados).
“No hay excusa alguna para permitir la fabricación y comercio de equipos cuyo propósito principal es el de torturar o infligir tratos crueles, inhumanos o degradantes en las personas”, afirma Patrick Wilcken, investigador de comercio y seguridad de los derechos humanos para Amnistía Internacional.
“Estos actos atroces están totalmente prohibidos por el derecho internacional y las autoridades chinas deben imponer de inmediato la prohibición de la producción y el comercio de este tipo de dispositivos crueles e inhumanos “, añadió.
El hecho de que las autoridades chinas “no hayan hecho nada” para impedir que las empresas que exportan materiales eviten que “caigan en manos de violadores de los derechos humanos” es evidencia de que el comercio está “floreciendo”, de acuerdo con el experto.
Las compañías chinas -la mayoría de las cuales son de propiedad del Estado- tienen una presencia cada vez mayor en el mercado mundial de equipos se seguridad y los controles de exportación de este tipo de materiales son débiles y carecen de transparencia.