La frente despejada de Marlon Brando es como la piedra pulida y redondeada de un cerro. Todo el potencial de la testa está contenido ahí. Debajo unas cejas oscuras y delineadas, dos arcos negros que parecen gaviotas, marcan el borde superior de los párpados, casi siempre hinchados, que aplastan un poco los ojos rasgados. La nariz, partida, cae recta y la expresión natural es de ceño fruncido, como si el sol le diera de frente. Pero cuando sonríe, el cierre de las cejas se descorre, la cara se abre y la boca muestra una dentadura perfecta. Con los párpados hinchados ya habían experimentado en ¡Viva Zapata!, en 1952, dirigido por Elia Kazan. Los bigototes mexicanos completaban el personaje. Los párpados abultados volvieron dos años después, de nuevo al mando de Kazan, en Nido de ratas.
Cinemateca a cara de Brando
Un ciclo de quince películas del gran actor se exhibe hasta el miércoles que viene en la Sala Pocitos