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La oposición mexicana se desdibuja antes de iniciar oficialmente la carrera, al tiempo que la líder del oficialismo lidera cómoda las encuestas y parece encaminarse a ser la sucesora del actual mandatario Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

El 2 de junio de 2024 se llevarán a cabo en México las elecciones que permitirán elegir 500 diputados, que representa la totalidad de la Cámara Baja; los 128 senadores que componen la Cámara Alta; y el presidente o presidenta del país que gobernará hasta fines de 2030.

En México el período presidencial es de seis años sin posibilidad de reelección, por eso los comicios del año próximo adquieren una relevancia muy grande para segundo país más poblado y la segunda economía de América Latina, detrás de Brasil.

AMLO llegó al Palacio del Zócalo, sede de gobierno, tras muchos intentos de lograr la presidencia. Cuando asumió, el 1° de diciembre de 2018, sabía que debía lograr que su partido, el Movimiento de Renovación Nacional (MORENA), necesitaba tener continuidad en el liderazgo para evitar que las derechas del tradicional Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido de Acción Nacional (PAN) pudieran volver al poder.

Todo indica que AMLO logra ese objetivo. En un país donde sólo llegaron hombres a gobernar los 127 millones de habitantes, los comicios de 2024 apuntaron con dos mujeres capaces de llegar al poder. Una es la senadora del PAN, liderado por el expresidente Vicente Fox, Xóchitl Gálvez, ingeniera, una cara fresca para renovar la imagen de su partido.

La candidata de MORENA es la ex alcaldesa de ciudad de México, Claudia Sheinbaum, que se impuso en las internas a Marcelo Ebrard, quien dejó su cargo de canciller de AMLO para largarse a la carrera presidencial.

El excanciller perdió la interna pero no se calló. Y allí es donde AMLO enfrenta un problema inesperado. Ebrard exigió este lunes anular la elección de Sheinbaum argumentando “irregularidades” y advirtiendo que abandonaría MORENA.

El sistema de elección de precandidatos es con diferentes encuestas y, el pasado miércoles, Sheinbaum se impuso en la quinta de esas encuestas sobre Ebrard. "Si esas diferentes circunstancias que se dieron (...) se quedan igual, yo ya no tendría interés en estar en MORENA”, dijo el ex funcionario de AMLO, quien deslizó la posibilidad de postularse a la presidencia con un movimiento político propio, que sería lanzado el 18 de septiembre.

El diario mexicano El Universal publicó sondeos sobre la imagen de los candidatos para la larga carrera al Zócalo que colocan a Sheinbaum 30 puntos por encima de Gálvez, quien en sus giras de campaña se muestra acompañada de una enorme caravana de policías y militares puestos por AMLO porque la candidata hace campaña con un dato cierto: el narco en México resulta incontrolable.

Sin embargo, Gálvez no logra convencer con la idea de que va a terminar con las mafias del narcotráfico. Es cierto que AMLO no lo logró. Sin embargo, lo que sí pudo el líder de MORENA es mejorar la ecuación de las demandas sociales, mejorar las cuentas públicas y lograr un leve pero sostenido crecimiento económico.

Ese es el respaldo principal de Sheinbaum. El segundo es haber hecho una gestión exitosa en la capital y principal ciudad del país donde, además, la seguridad mejoró en los cinco años como jefa de gobierno de Ciudad de México.

Xóchitl Gálvez llegó de abajo, es católica, proviene de pueblos originarios y es mujer. Todas características que podían hacerla más apetitosa para el país azteca. Sheinbaum es de una familia judía y de clase media urbana. Hace unas décadas, en México era impensado que dos mujeres disputaran la presidencia y más aún, que una de ellas sea de un partido ajeno al poder tradicional.

Gálvez no es mala candidata, el problema es que la derecha mexicana fue perdiendo fuerza. A AMLO le costó casi tres décadas ser la figura del cambio. Empezó en el PRI, luego creó el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Poco antes de asumir, en diciembre de 2018, dijo “nos robaron dos veces las elecciones” y esas palabras todavía resuenan en un país donde armar un fraude no tuvo consecuencias políticas inmediatas.

Se impuso la tercera vez que se presentó y puso especial énfasis en que el Instituto Nacional Electoral sea de una transparencia absoluta y de ese modo evitar que en los comicios de 2024 se pueda repetir lo que le sucedió a él mismo.

Es cierto que el empleo público en México es un recurso para acompañar candidatos de la fuerza propia. Lo hizo el PRI históricamente. Sheinbaum llena los auditorios en su campaña, los empresarios están pendientes de sus mensajes. No es solo su carisma, que todos destacan, no es solo su inteligencia, que todos ponderan. Es que AMLO le da un soporte muy potente.

Sheinbaum sumó a Alejandro Encinas a su campaña. Se trata de un hombre formado en el marxismo, que vivió la rebelión estudiantil de 1968, que acompaña a AMLO desde hace años y que dejó la Subsecretaría de Gobernación para sumarse al equipo de la candidata. Sheinbaum no puede prometer el éxito en la lucha contra el narco, porque los carteles lograron una autonomía económica tan grande como su capacidad de corromper funcionarios, pero sí parece afianzarse en la idea de continuidad en los logros de AMLO.

En América Latina, un subcontinente donde campean la desigualdad y la pobreza, las dos naciones más pobladas y con mayor fuerza económica son Brasil y México. Lula y AMLO van a contramano de los discursos del odio y ponen en valor el peso del Estado como árbitro de la sociedad.

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