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Para un periodista no es cosa de todos los días entrevistar a alguien en el mismo edificio donde se está realizando un velatorio. Julio Moro, en cambio, hace casi cinco décadas que trabaja en un lugar especialmente diseñado para esta actividad. Después de terminar el liceo, ingresó a la empresa que fundó su abuelo en 1900 –primero en el rubro transporte, al que se le anexó la parte funeraria alrededor de 1919. No quiso estudiar en la universidad y su padre le dijo que la opción era trabajar en la empresa familiar. Hoy, Julio Moro y su hermano Enrique son los directores de la empresa fúnebre, a la que también se han unido los hijos de ambos. Tienen 30 empleados y su sede está ubicada en Sayago, barrio que le brindó a Luis Moro sus dos pasiones deportivas: Racing y Sayago.
¿Dudó en entrar a trabajar a la empresa familiar?
No, para nada. Siempre me encantó porque prácticamente nací en la empresa.

¿Este negocio es muy conservador o hay lugar para la innovación?
En algunas cosas se mantienen ciertas tradiciones. Pero en otras, como en todo, se va modernizando. Antiguamente los velatorios eran más largos y se hacían en los domicilios. Ahora prácticamente nadie lo hace.

¿Qué aspectos prioriza el público en una empresa fúnebre?
Que se le resuelvan los problemas que se presentan. A veces hay casos muy difíciles de enfrentar, como accidentes o muertes violentas. Son casos muy, muy difíciles, y hay que solucionarlos. Solucionar con eficiencia, rapidez, y tratar que ese momento de duelo que está viviendo se pueda resolver de la mejor forma posible.

¿Cómo manejan el aspecto comunicacional y publicitario de su actividad?
Hemos hecho algo de radio, algo de televisión. Pero principalmente trabajamos con la buena atención y el buen servicio. Nosotros servimos a varias generaciones. A esa gente, por tradición y seriedad de la empresa, les seguimos prestando los servicios, desde abuelos a nietos.
Somos una empresa moderna, porque hemos modernizado nuestra atención, nuestros edificios, las salas velatorias. Pero mantenemos una tradición y seriedad que son muy importantes. Prestar un servicio con respeto y dignidad es muy importante. En una época, hacíamos esa publicidad: que prestamos un servicio con respeto y dignidad. Eso es lo que la gente quiere. Son los conceptos básicos de la prestación de nuestro servicio.

¿Hay días en los que el estado anímico puede verse afectado por el trabajo?
Sí, hay cosas que te conmueven. Hay algo que nos pasa a todos, por ejemplo la muerte de un niño. Eso es algo que no deja de conmovernos. Son cosas muy fuertes que, a través de los años, cuando tocan esos casos de cerca, ahí te moviliza. Si sos joven, porque tenés hijos chicos. Y si sos abuelo, como tenés nietos… No es que por el hecho de estar aquí nosotros seamos insensibles. Para nada. Lo sentimos y mucho.

¿A lo largo de los años ha creado algún mecanismo de autodefensa por estar rodeado de la muerte todos los días?
Sí. Tenés que tratar a veces de ponerte una coraza y matizarlo con otras cosas lindas que tiene la vida. Por ejemplo, la familia, el hogar, el hecho de salir y poder estar con tus nietos. A mí me ayuda mucho tener una creencia, un poco de fe. Y también que integro el Club de Leones. Eso me ha ayudado mucho. Toda la obra que hacemos con el Club de Leones a mí me llena un vacío espiritual. De esa forma me siento útil para la sociedad. Lo hacía mi padre y yo lo continué
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