Condenados por la Caducidad
Lo que le está ocurriendo al Frente Amplio con la ley de Caducidad parece la tormenta perfecta
Lo que le está ocurriendo al Frente Amplio con la ley de Caducidad parece la tormenta perfecta. Estructuras que están más secas que una momia, representantes de la ciudadanía que votan contra lo que la ciudadanía decidió, dirigentes que prometieron justicia, otros que prefieren verdad, algunos que apostaron al olvido, legisladores rebeldes, líderes indecisos, líderes contradictorios, líderes que no lideran.
Primero, el FA se embarcó en la peligrosa travesía de desconocer dos fallos populares, pero con tan poca convicción que en el Senado hubo una renuncia y una desobediencia.
Allí, votando por anular, estaba el vicepresidente Danilo Astori, que cuando pedía el voto en las elecciones pasadas había dicho que respetaría la decisión popular sobre la caducidad. Y no allí, pero en su lugar de presidente, estaba José Mujica, que cuando pedía votos en las elecciones decía que él no le iba a enmendar la plana a un pueblo; dejó que se la enmendaran su compañero de fórmula y todos los senadores. Y generaron esperanzas en un montón de gente que creyó que la Caducidad, aunque fuera a prepo, llegaba a su fin.
Ahora, a poco de completarse en el Parlamento la anulación de la ley de Caducidad, como sacudidos por un ramalazo de racionalidad política, Mujica y Astori desembarcaron ante los diputados para decirles que mejor no voten, porque van a quedar mal con la gente. Pero no fueron solos; quizá inseguros de que su palabra no sonara convincente, invocaron el nombre de Tabaré Vázquez, a quien antes habían ubicado en Moscú, donde estaba de viaje. Agitar el nombre de Vázquez en el Frente es como invocar el futuro que viene, o el liderazgo que se fue, pero que volverá.
Quizá porque entre bueyes no hay cornadas, ningún diputado le preguntó a Astori por qué les pedía que hicieran algo que él no había hecho: ir contra las viejas y caducas estructuras de la coalición que, como el Plenario, mandataron a anular la ley. La integración del Plenario frenteamplista, en base a militancia más que a votos, es otra demostración de la retrógrada visión de la democracia que pervive en sectores de la izquierda. Crítico de esa concepción democrática, Mujica les dijo a los diputados que si en el Frente "discrepar es igual a estar de acuerdo con la impunidad", entonces "estamos condenados". Ninguno de los diputados le preguntó a Mujica por qué, si está convencido que anular la ley es algo malo para el país y para el Frente, no la veta, asumiendo la responsabilidad y cargando con los daños, que es lo que le correspondería hacer a un líder en circunstancias como esta.