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El pasado 24 de agosto, mientras buena parte de los uruguayos bailaban música de décadas pasadas, en la ciudad de Tucumán El Cuarteto de Nos daba un show en el marco de su gira de invierno por Argentina.

El tour había arrancado casi un mes antes. El Cuarteto de Nos había tocado en Río Cuarto, en Córdoba, en Mendoza, en San Juan, en San Luis, en Neuquén, en Bahía Blanca, en Mar del Plata y otros sitios de la provincia de Buenos Aires. De ahí saltaron al norte: Tucumán, y luego seguirían Salta, Jujuy, Formosa, Misiones, Corrientes y Paraná.

Pero luego de ese show la banda tenía dos días libres. Roberto Musso no lo dudó un instante: se tomó una avión a Montevideo para ver a su familia y a su pequeña hija, Federica, de tan solo 2 años.

La paternidad de Musso, quien hoy tiene 50 años, ha alterado un poco su ritmo rockero. “Mi hija está en la etapa de ir al club, porque está aprendiendo a nadar. Ese día pasé del pogo y del agite del show, a venir a mi casa a vestirla y cargarle la camperita rosada y la mochila de Hello Kitty. ¡Eso es rock!”, dijo Musso a El Observador el sábado pasado, en el marco del Mantra Beer Festival organizado en ese hotel de La Barra, donde El Cuarteto de Nos clausuró la noche con un espectáculo muy similar a los que brindó en la gira argentina.

Musso sabe que esta etapa de su hija pasa rápido y dice que quiere aprovecharla al máximo.

Es que un rockero conocido debe dedicar una parte de su vida social a sus fans. Pero la pequeña Musso ya muestra las uñas y no parece demasiado dispuesta a compartir a su padre. “El otro día estábamos en un supermercado y la gente venía y se sacaba fotos conmigo. A ella mucho no le está gustando el asunto. Estaba en un autito y me ve que estoy con una nena y su madre sacándome una foto. Llegó corriendo, encaró a la mujer y le dijo: ‘¡Papá canta mal!’”, contó Musso entre risas.

La fama cuesta, dice el dicho. Y la familia Musso lo sabe. Desde hace varios años decidieron no veranear en Uruguay porque “se complica un poco”, dice el líder del Cuarteto. Entonces eligieron destinos exóticos como India, Marruecos o un balneario cercano a Miami.

“A ver: no pasa nada porque soy muy dado y si me vienen a pedir una foto lo hago. En realidad siento mucho orgullo por eso. Mi esposa lleva el tema de la fama muy bien, si bien es complicado. Hay que tener a alguien que te quiera mucho para poder bancarte”.

Es que desde hace siete años la vida comenzó a cambiarle a este hombre que trabajó desde 1994 hasta el año pasado como ingeniero de sistemas en ANCAP, porque ya no era compatible con su vida al frente de una banda de rock.

Musso se había recibido en 1991 de ingeniero de sistemas. “A fines de los 80, cuando empecé a estudiar, era una rareza. Era algo novedoso. Es que me gusta la matemática y la lógica”, dijo Musso.

Tenía un trabajo que le gustaba, donde le pagaban muy bien, en un lindo ambiente. “Si hubiera tenido un trabajo que ganara poco o que no me gustara, lo hubiera largado”, confesó Musso.

Ahora se dedica full time a su banda, para la que compone gran parte de su producción de canciones. La mayor parte del tiempo no lo pasa sobre el escenario ni en giras, ni en conferencias de prensa ni en hoteles. Los pasa en el estudio que se armó en su casa.

¿Cómo es un día típico de trabajo de un rockero como Musso? Según contó el intérprete, Federica se despierta muy temprano y a Musso le toca levantarla, a las 7.30 de la mañana.

“Desayuno y a las nueve me pongo en el estudio que tengo en casa, con computadora. Compongo ahí, hago los demos en la compu y las canciones. Ahí sí marco tarjeta de nueve a cinco de la tarde, paro para comer un poquito y sigo. Ese es mi día”, resumió el ganador del Grammy Latino por el disco Porfiado.

Desde octubre del año pasado está componiendo material para un disco que se editaría el año próximo. “Queremos que sea el año que viene, cuanto antes mejor, pero todavía no tenemos fecha por un tema de coordinación con nuestro productor, Juan Campodónico”, explicó.

Alcohol nocturno
Un ambiente como un festival de cerveza es un contexto ideal para indagar sobre cuál es el combustible al que recurre El Cuarteto de Nos en materia alcohólica.

Musso describió de forma sintética sus bebidas preferidas: “De día, café y agua; de noche, whisky y agua”. Además, hizo una radiografía de sus compañeros: “En la previa de un show se toma poco. Los cinco tomamos cosas distintas: Santiago Tavella toma Campari, el “Topo” Antuña toma bourbon, “Alvin” (Pintos) toma fernet y Santiago Marrero toma lo que haya”.

La cerveza, la reina de esa noche, no es del agrado de Musso, que la toma solo cuando está de vacaciones, en la playa, desenchufado de todo. Entonces vuelve el tema de las vacaciones, la arena, la fama, el éxito y las formas en que su familia se refugia lejos para evitar el acoso de los fans, que nada quieren saber de ídolos cansados o con poca paciencia.

Ante algunas críticas que apuntan a la repetición del formato de sus canciones, Musso sustuvo que El Cuarteto ha madurado pero no ha perdido la frescura. “Si no, no creo que hubiera pasado lo que pasa ahora por Latinoamérica”, agregó.

En un tono distendido, Musso no tuvo problemas en confesar, por ejemplo, que eligió 1992 para la canción Invierno del 92, no por algún motivo vinculado a ese año, sino porque rimaba con el coro previo que dice: “oohhhh ohh ohhh”.

El hombre vive su momento y se florea. Su banda se hizo masiva. Y los hielos se derriten lentos en su vaso de whisky.
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