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El ingeniero Jorge Ferrari se desempeñaba como gerente en Uninex –fábrica de cosméticos que se dedicó a producir en forma exclusiva para la marca Nuvó hasta 1999–, cuando la empresa se puso a la venta.

Ante la escasa presentación de interesados, Ferrari y un grupo de ejecutivos elaboraron una propuesta de compra y en el año 2001 pasaron de ser simples empleados a propietarios de un laboratorio.

La empresa se especializó en desarrollo, fabricación y envasado de productos cosméticos, perfumes y artículos de tocador.

A la empresa la bautizaron Grinlab y se propusieron como estrategia encontrar una planta que permitiera desarrollar productos para imponerse en su mercado, pero especialmente diferenciarse de otras líneas cosméticas.

Desde la década de 1990, la dermocosmética natural vive un importante auge, sobre todo con la utilización de la planta de aloe y el ginko biloba, dos productos naturales de amplia difusión mundial.

Fue así que Ferrari y su equipo encontraron el diferencial en una flor autóctona, la marcela, y sus propiedades para prolongar la juventud de la piel

Con cariño

Ante un aumento de empresas que luchan por liderar en el nicho del mercado de la dermocosmética, el gerente general de Grinlab, Jorge Ferrari, entiende que están obligados a profesionalizarse cada vez más.

El laboratorio creó una línea propia de cremas y productos cosméticos basados en un componente “muy especial” no desarrollado por ninguna otra empresa. “Elegimos tres o cuatro plantas autóctonas: una de ellas era la marcela”, contó Ferrari.

La decisión fue sencilla: era la planta que más se estaba estudiando a nivel científico, la de mayor renombre, la que “más amor” despertaba en la gente y era utilizada en productos de fabricación uruguaya.

“Es un producto autóctono visto con cariño, que además nuclea muchos rituales arraigados en parte de la población”, explicó.

La innovación en la utilización de la marcela debía estar respaldada por un conocimiento científico sólido; por eso en el año 2002 Grinlab hizo un acuerdo con el Instituto de Investigaciones BiológicasClemente Estable, donde hicieron los primeros intentos de utilización de la planta.

Se pudo determinar que la marcela tiene un comportamiento preventivo importante a nivel de isquemia en ratas. “Eso es muy extrapolable al ser humano”, sentenció Ferrari y agregó que se les ocurrió estudiar el nivel antioxidante en la piel.

La cátedra de Farmacognosia de la Facultad de Química se encargó de trabajar en la técnica de extracción y el laboratorio utilizó ese extracto para incorporarlo a las cremas, lo que dio lugar a la línea Actenz en 2003.

Aroma encapsulado

“Tuvimos éxitos muy importantes con Actenz, pero encontramos un punto débil”, aclaró Ferrari. Un porcentaje importante de mujeres que compraron la crema en base a marcela no la volvieron a adquirir porque el fuerte aroma de la planta les disgustó.

“Empezamos a hacer estudios para desodorizar el extracto”, dijo el gerente de Grinlab, pero los resultados no fueron favorables. Aunque el aroma disminuía considerablemente, seguía imponiéndose. “Sin embargo es claro que ahí está el valor de la planta: su poder antioxidante está ligado a ese aroma fuerte y penetrante tan característico”, explicó.

No había otra opción que resolverlo con una idea innovadora. Es así que en 2006 evaluaron cómo modificar el aroma sin perder las propiedades y arribaron nuevamente a la Facultad de Química, un aliado fundamental en todo el proceso de creación de la identidad del laboratorio.

En 2008 la Facultad, que ya estaba trabajando en nanotecnología, concluyó que era posible realizar un encapsulado a nivel nano (de diez a la menos nueve metros). Esto implicaba que el extracto de marcela estuviera en partículas tan pequeñas que pudieran penetrar la piel con mayor profundidad y a la vez encapsularan el aroma, mejorando también los efectos favorables.

El actor que faltaba era la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), que en 2009 se unió a la iniciativa cuando el laboratorio presentó un proyecto. “Es un proyecto de amplia cobertura para el que obtuvimos un 60% de financiación”, afirmó Ferrari.

Para la implementación se asociaron con el grupo NanoMat, que desarrollaba sus tareas desde el Polo Tecnológico de Pando, y que se encargó de realizar el preparado de nanopartículas de extracto de marcela. Realizaron también un test dermatológico clínico, por el cual demostraron el “efecto objetivo” en la piel de 80 voluntarias.

Con este trabajo lanzaron este año las cremas Platinum. “Es una línea de alta imagen que acompaña el grado de avance tecnológico que tiene este producto”, celebró Ferrari. El proyecto presentado a la ANII contemplaba el lanzamiento en el mercado uruguayo y en el exterior. “Ambas cosas ya las cumplimos”, dijo.

Internacionalización

“Durante 2010 estuvimos trabajando a ensayo y error con distintos preparados, hasta lograr un producto con propiedades organolépticas (por ejemplo la textura, olor, color) adecuadas, propiedades microbiológicas sustentables en el tiempo y que fuera un producto estable. El 2010 fue destinado a los testeos clínicos y ahora estamos en la etapa comercial”, explicó Ferrari.

La línea Actenz ya está presente en varios países de Latinoamérica, entre ellos Paraguay, Costa Rica, Ecuador, y en breve estará en Guatemala, Colombia y Chile. En tanto, la línea Platinum entrará primero en Costa Rica, para después ingresar a otros mercados. No descartan la posibilidad de llegar a Europa.

Hoy sus dificultades responden a problemas de escala, que les impiden mejores costos y mayores márgenes de ganancia para invertir en publicidad y lograr acceder más fácilmente al exterior.

“Ese tema es bastante recurrente. El otro problema es acceder a envases o packaging especial, otro aspecto del tema escala”, lamentó Ferrari y explicó que para hacer packaging especial deben construirse moldes.

“No se puede hacer si no hay una escala importante de producción. El envase diferente y atractivo en la cosmética es muy importante porque es parte de lo que vende. Con eso también conspira el tamaño del Uruguay”, dijo.

Una dificultad adicional para la internacionalización radica en las particularidades del delicado mundo de los laboratorios, que exige tener en cuenta aspectos formales que involucran a la salud. Para la exportación, debe registrarse el producto en el país de destino. “Para eso hay que pasar una serie de etapas en el Ministerio de Salud Pública, que tiene costos asociados muy importantes y se hace difícil conseguir representantes que se encarguen en el país de destino”, argumentó.

Para la diaria

Paralelamente al desarrollo de productos propios, se eligió la estrategia de seguir desarrollando cosméticos para terceros. “Intentamos estratégicamente bajar la dependencia de un solo cliente y lo hemos conseguido”, dijo Ferrari. Hoy desarrollan cosméticos para 10 clientes, brindando un servicio integral a empresas con marcas propias y no cuentan con planta industrial, así como a industriales en situación de “picos” de producción o en proceso de optimización de costos.

“Una pata fundamental para sustentar todo esto, es la calidad”, evaluó Ferrari. Prácticamente desde sus comienzos cuentan con la certificación ISO9001. “Ahora tenemos la de buenas prácticas de manufactura”, culminó.

Atesorando más conocimiento

La flor de la marcela ha sido utilizada por años con fines terapéuticos gracias al conocimiento popular de sus bondades antiinflamatorias, antisépticas y antiespasmódicas.

Pero desde 2002, y gracias a los estudios realizados por el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, que fueron financiados por el laboratorio Grinlab, se conocen los efectos que la flor tiene en la disminución de la formación de radicales libres - responsables de la rotura de la cadena de colágeno en la piel-, potenciando la longevidad y elasticidad cutánea. Se demostró que el extracto de Marcela, incorporado a cremas dermatológicas tiene un “efecto seguro” como antioxidante de la piel y como protector celular, previniendo la formación de arrugas.

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