A veces los buenos resultados generan una explosión de alegría, o en otras simplemente alivio por evitar una derrota. Pero esta vez, lo de Cuevas y su final en el ATP 250 de Nottingham (ganó cuatro partidos y perdió el definitorio) fue algo diferente. Fue la tranquilidad de una planificación pensada que dio resultados. Pero sobre todo, el pasarse un mensaje a sí mismo: el césped, la superficie más complicada para el tenista uruguayo –y para el 90% de los tenistas latinoamericanos– no es tan cuco.
Es más, en estas dos semanas, Cuevas se demostró que con su juego –sólido y potente de saque, dueño de una derecha decisiva, un revés que lo saca de apuros y una velocidad de piernas que cuando aparece es de primer orden– puede hacer que el pasto no sea sólo para jugar al fútbol.
"Fue una gran semana, me adapté a una superficie que me costaba muchísimo", le contó el salteño a Referí, en la tranquilidad de la noche de Nottingham, pasado el ruido de un partido que otra vez logró captar la atención de miles de uruguayos, y mientras junto a su esposa y su pequeña hija se aprestaban a viajar a Londres, para ya cambiar el chip rápidamerte y debutar hoy en Wimbledon (ver nota aparte).
Cuevas: "Con trabajo y convencimiento puedo jugar en todas las superficies"
Tras su final en Nottingham y antes de Wimbledon, el salteño habló con Referí: "Fue un gran salto"