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De cómo Uruguay inició el regreso al liberalismo bajo gobierno autoritario

Una historia del dinero en Uruguay (XXXVIII)

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27 de junio de 2018 a las 05:00

¿Cómo fue posible ese viraje en Uruguay del intervencionismo estatista hacia un creciente liberalismo? En parte respondía a una tendencia intelectual y política cada vez más fuerte en el mundo; en parte fue el resultado del fracaso de las ideas y prácticas nacionalistas y socialistas; y en parte se debió a una búsqueda para acabar con el largo estancamiento económico de Uruguay.

En un entrevista de 1999 con periodistas de El Observador, citada en el capítulo anterior de esta serie, Alejandro Végh Villegas contó que para sus reformas económicas tuvo muy en cuenta los trabajos de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (Cide), creada por Juan Eduardo Azzini en 1960, durante el primer gobierno del Partido Nacional, bajo la dirección técnica de Enrique Iglesias. "Yo colaboré en la parte del sector industrial, y esa fue una fuente de referencia porque ahí había estudiado, bastante profundamente, todo el tema de exportaciones", añadió.

También tomó en cuenta un plan de desarrollo realizado por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) entre 1972 y 1973, bajo la dirección de Ricardo Zerbino, otro hombre afín a la Lista 15 que renunció en noviembre de 1972, cuando los militares encarcelaron a Jorge Batlle. Zerbino sería ministro de Economía y Finanzas durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti, entre 1985 y 1990, tras la apertura democrática.

El retorno de las ideas liberales

El politólogo Adolfo Garcé llama la atención sobre la influencia del economista brasileño Roberto Campos:

"Suele decirse que el liberalismo económico vino desde Chicago. Es apenas parcialmente cierto. No cabe duda de la influencia de la Universidad de Chicago en Chile vía acuerdo con la Universidad Católica en la década del '50. Pero incluso en Chile el liberalismo económico tenía fuertes raíces en el siglo XIX.

"En Uruguay, por cierto, siempre hubo liberales. Los había en el Partido Nacional (la tradición herrerista siempre criticó el 'dirigismo' y el proteccionismo). Pero los hubo también en el Partido Colorado. No era lo mismo la 15 que lista 14.

"Para explicar el fortalecimiento de las ideas liberales en Uruguay a fines de los '60 es fundamental hacer referencia a la influencia de Roberto Campos.

"Campos comenzó su carrera pública como funcionario de Itamaraty, la selecta diplomacia brasileña, en la década del '40. Paulatinamente, fue especializándose en el debate acerca del desarrollo económico (mientras trabajaba en la embajada de Brasil en Washington, cursaba posgrados de Economía en esa ciudad). Tuvo una participación muy activa en la gestión pública en los años '50 y '60, en el Bndes (Banco Nacional do Desenvolvimento), el Plan de Metas de Juscelino Kubistchek (presidente de Brasil entre 1956 y 1961) y como ministro de Planeamiento de Castello Branco, uno de los líderes militares del golpe de 1964.

"Según Ricardo Bielschowsky, un brasileño doctorado en Historia Económica, Roberto Campos representa el 'ala derecha' de la frondosa escuela de los desarrollistas brasileños, a quienes denomina 'desarrollistas no nacionalistas':

"'Campos representa, en el panorama político brasileño de nuestro período [el estudio abarca el lapso 1930-1964], al ala derecha de la posición desarrollista. Trabajó a favor del proyecto de industrialización del país y se batió en defensa del planeamiento del desarrollo económico. Al mismo tiempo, defendió la captación de capitales extranjeros, inclusive en minerales y energía, y atacó la solución estatista en casi todos los casos en los que vislumbraba una posible solución privada'. Campos, siempre según Bielschowsky, durante los años '50, 'estaba lejos de ser un economista ortodoxo, o sea, de pensar de acuerdo con los postulados liberales o neoliberales.

"Végh Villegas trabajó con él al comienzo de la dictadura de Castello Branco. Los escritos de Campos circulaban en la OPP, creada en 1967, y contribuyeron significativamente en el viraje hacia el liberalismo de expertos como Alberto Bensión, Ricardo Zerbino y José Gil Díaz, que habían trabajado en la CIDE (Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico: ver los capítulos XXVII y XXVIII de esta serie).

"José Gil Díaz relató las circunstancias de la mutación ideológica de los 'revisionistas' en los términos siguientes: 'En la Oficina, a través de los años, se fue generando un ambiente de discusión muy interesante que se nucleaba físicamente en lo que nosotros llamábamos 'la pieza'. En Convención [se refiere al viejo local de la CIDE 'heredado' por la OPP], usted entraba y a la izquierda estaba el despacho del director, y a la derecha el del subdirector. Después que Enrique Iglesias se fue, el subdirector era Anichini, de quien yo me hice muy amigo. En esa pieza, todas las tardes discutíamos. Nunca escribimos nada. Ahí una cantidad de gente que venía de la izquierda empezó a procesar que el sistema capitalista no era tan malo, que podía funcionar y hubo una suerte de conversión ideológica'. Según Gil Díaz, el pensamiento de Roberto Campos influyó fuertemente sobre todos ellos: 'Cuando Campos sale del Ministerio de Planeamiento de Brasil empieza a publicar en Folha de São Paulo algunos artículos. En cierto momento esos artículo se juntan y se publican en un libro: Al otro lado de la cerca. Ese libro fue publicado en español por Sudamericana. Circuló mucho por la Oficina. Para nosotros fue como un libro de cabecera".

El príncipe ilustrado

Es probable que el ministro Alejandro Végh Villegas, el gran iniciador de las reformas liberales, se viese a sí mismo, hasta cierto punto, como una versión moderna de José Pedro Varela bajo el régimen de Lorenzo Latorre: un intelectual lúcido que, con el respaldo de gobernantes autoritarios, sin mayor debate, podría introducir cambios sustanciales y perdurables, antes de una deseable restauración democrática.

Végh pareció cómodo poniéndose dentro de ese traje, el de príncipe ilustrado, según dejó traslucir en múltiples declaraciones públicas hechas con posterioridad.

Lo cierto es que, hasta el presente, más de cuatro décadas más tarde, nadie, ningún gobierno, se atrevió a tocar la esencia de esas reformas y volver atrás el reloj.

Es harto probable que, dentro de un sistema democrático, tarde o temprano se introdujeran reformas liberalizadoras muy similares. El país había equivocado el camino y el sistema no daba para más. Pero la radicalización política de entonces, unida a la glorificación del Estado por amplios sectores de la izquierda y la derecha, lo habría puesto difícil.

"El mero hecho de que se aceptara mi designación ya implicaba una definición", contó Végh Villegas en la entrevista que El Observador publicó el 11 de setiembre de 1999. "No sé si quien me propuso fue el presidente o los generales porque dentro de estos últimos había grupos diversos [...]. Todos sabían, el presidente y los generales, exactamente mi forma de pensar por más que no hubieran leído mis artículos por muchos años en los diarios, en Marcha y en otros medios. Si hubo alguna controversia fue antes de mi nombramiento. Pese a ello hubo ciertas dificultades que se fueron limando y hubo algunos jefes militares que dijeron después de un tiempo que les había caído mal mi nombramiento porque me consideran un allegado a los sectores empresarios, pero que se habían dado cuenta por mi modo de actuar que [...] yo era muy independiente. También los que dudaban de la conveniencia de la liberación brusca (del mercado de cambios), cuando funcionó bien, obviamente se quedaron más tranquilos".

Végh Villegas, afín a la Lista 15 del Partido Colorado, dijo que se reunió con Jorge Batlle "antes de asumir y me desaconsejó que aceptara: me dijo que iba a tener muchos problemas y que, por supuesto, el sector político sería completamente ajeno".

Brusco deterioro de los términos de intercambio

En la entrevista citada, también describió la situación económica a mediados de 1974, durante un "shock" petrolero. "Los términos del intercambio se habían alterado en contra nuestra. Había bajado el precio de exportación de la carne bruscamente y aumentado el petróleo. Creo que desde el día en que el presidente me ofreció el cargo y el que asumí, que fue el 12 de julio de 1974, pasó un mes durante el cual me reuní con la Junta de Oficiales Generales. Hice una exposición de unos 40 minutos sobre lo que yo pensaba que era más urgente en ese momento, tanto para el largo plazo como para enfrentar ese deterioro de los términos de intercambio. Me hicieron algunas preguntas y planteos sobre algunos temas de comercio exterior. Eran preguntas específicas sobre mi exposición, no posturas programáticas. Que yo recuerde, no hubo objeciones a los planteos principales que hice. Claro que hubo cosas en las que no había total acuerdo pero ellas vinieron más adelante. Por ejemplo, me acuerdo que la liberación del mercado cambiario motivó varias reuniones porque había algunos generales que no estaban de acuerdo con hacerlo tan rápidamente como se hizo".

El primer "shock petrolero" se produjo a partir de fines de octubre de 1973, cuando los países productores nucleados en la OPEP resolvieron no exportar crudo a los Estados que respaldaron a Israel durante su reciente guerra con los árabes (guerra de Yom Kippur). El precio del barril de multiplicó por cuatro en un plazo brevísimo, la trepada más grande de la historia hasta entonces. El salto de la principal cuenta de importación de Uruguay provocó un agudo deterioro de los términos de intercambio, probablemente el peor del siglo XX, que se mantuvo hasta la década de 1990. En suma: el país debía destinar un porcentaje mucho mayor de sus ingresos para pagar la cuenta de petróleo.

El peso uruguayo, una caricatura de lo que fue

Carcomido por la inflación, inmanejable para las calculadoras por tener demasiados dígitos, al peso uruguayo se le quitaron tres ceros a partir del 1º de julio de 1975 para dar paso al "nuevo peso", según el decreto-ley 14.316 de diciembre del año anterior.

Dieciocho años después, a partir del 1º de marzo de 1993, cuando el abogado, economista y periodista Ramón Díaz presidía el Directorio del Banco Central, otra vez se le quitaron tres ceros al "nuevo peso" y se regresó al "peso uruguayo".

Entre la década de 1910 y el presente, algo más de un siglo, la moneda uruguaya, orgullo nacional, que en sus inicios era canjeable por 1,697 gramos de oro fino, se devaluó 31 millones de veces frente al dólar. La imparable caída del peso uruguayo luce más vertical si se considera que la moneda estadounidense también se devaluó considerablemente tras el fin de su convertibilidad en oro en 1971.

Emigración, salario y empleo

La emigración uruguaya, que era elevada al menos desde fines de la década de 1950, alcanzó su pico máximo entre 1974 y 1975. A las razones económicas se sumaron causas políticas, particularmente la persecución de sectores de izquierda, desde comunistas y socialistas hasta independientes, y de simpatizantes de los movimientos guerrilleros.

La etapa crítica de la economía uruguaya, que se extendió entre 1971 y principios de 1974, luego dio paso a una fase de grandes reformas y crecimiento sostenido. El alto desempleo, que era de 13% en 1976, se redujo a 6,2% en 1981, en parte debido al auge, y en parte por una caída del salario real, o abaratamiento de la mano de obra menos calificada.

El salario real promedio, público y privado, cayó alrededor de 40% entre 1972 y 1980, cuando inició un período de recuperación de dos años y medio, antes de volver a despeñarse por efecto de la crisis de "la tablita del dólar".

Esa evolución del salario real es una verdad a medias, sólo aplicable a una parte de las remuneraciones. Un análisis del economista Julio de Brun, basado en estadísticas de su colega Claudio Sapelli, un especialista en economía laboral, muestra que los salarios reales promedio cayeron durante la década de 1970 pero menos de lo que señalan las estadísticas más divulgadas.

"En realidad el salario cayó, pero menos de lo que marca el INE (en aquella época: Dirección General de Estadística y Censos)", dijo De Brun, consultado para este artículo. "Por entonces, para confeccionar el Índice de Salarios no se hacía encuesta, como ahora, sino que simplemente se incorporaban los ajuste mínimos establecidos por decreto".

Por lo tanto ese Índice no incluye todos los acuerdos privados de la época, ni los convenios particulares para diversas ramas de actividad del sector público.

En la década de 1970 se consolidó la incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo, una tendencia mundial. Al iniciarse la dictadura, sólo el 25% de las mujeres trabajaba fuera de su hogar; y eran ya el 40% las que lo hacían en 1985, cuando la apertura democrática, y el 55% en 2009.

Nuevo ciclo de auge antes de la crisis de la "tablita"

El déficit en las cuentas públicas se pagó en parte mediante emisión de papel moneda e inflación, aunque con tendencia decreciente: de 107% en 1974 a 29,36% de inflación en 1981.

La economía creció a una tasa anual relativamente alta (4,2%) entre 1974 y 1981, uno de los mejores períodos de la historia, al menos desde que hay cálculos confiables, aunque fue largamente superado entre 1985 y 1998 y entre 2003 y el presente. Los motores fundamentales de la recuperación en los años '70 fueron las agroindustrias de exportación, como carnes, cereales, curtiembres y textiles, y la construcción pública (represas, puentes) y privada (en Montevideo y Punta del Este).

Pero entonces, al promediar 1981, la economía comenzó a caer en un profundo pozo debido al derrumbe de las economías de los principales mercados: Brasil y Argentina; un "atraso cambiario" de entre 20% y 25%; y un gran déficit fiscal cubierto con deuda externa. La crisis, semejante a la que ocurriría 20 años después, tuvo graves consecuencias económico-financieras y sociales y se extendió hasta 1985.

Próxima nota: La "tablita" del dólar y el crack de 1982
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