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Mientras escritores de historietas daban una conferencia sobre cómo encarar proyectos con y sin ayuda estatal, un joven de túnica apareció, se guardó una espada en su cinturón y se puso a escuchar, casi como surgido directamente de las páginas del animé. Un par de horas más tarde, en la charla del dibujante argentino Liniers, una persona enfundada en una vestimenta todavía más extravagante le preguntó si escribía historietas basadas en su propia vida. Luego de responderle, Liniers agregó con humor: “Pero vos escribí sobre tu vida, porque claramente es fascinante”. Imágenes de lo que fue la Montevideo Cómics del fin de semana pasado: un evento profesional de la historieta, y un casi tan dedicado festejo de lo raro.

En su 11º año, la convención ocupó los cuatro pisos del Auditorio del Sodre, con los pasillos regados de stands, en su mayoría de librerías y editoriales de historietas, pero también de animación y venta de juegos y parafernalia. Con la gente apretada, el calor iba en aumento hasta hacerse difícil de tolerar.

Los dos ejemplos del primer párrafo son la punta del iceberg de lo que se llegó a ver en materia de cosplay (disfraces), personas con una valentía importante para soportar la temperatura. Y se daban casos como el de Florencia, disfrazada de Wizardmon de la serie Digimon -un atuendo que preparó durante un mes- que no se anotó en el concurso celebrado el domingo a última hora, sino que lo hizo “por amor al arte”. El abanico etario de los cosplayers que se sumaron no se quedó en adolescentes: Ignacio, de 37 años, y Javier, de 23, estaban juntos caracterizados como personajes de Star Wars y posaban para las fotos como atracciones en un parque de diversiones.

De los puestos de cómics hay que destacar a los locales, con menos tránsito que los internacionales, pero que valía la pena investigar para conocer el trabajo uruguayo en el área. Se incluían títulos tan diversos como Zitarrosa, de Rodolfo Santullo y Max Aguirre, y Zombess, de Abel Alves. Entre las opciones de stands se contaba el de los riverenses Alejandro y Rael García, que resaltaron la chance de conocer el ambiente capitalino a pesar de que el piso local estaba “bastante quieto”.

Las conferencias estuvieron dirigidas principalmente a aquellos metidos en el negocio o con aspiraciones a hacerlo, como la del histórico del cómic en Uruguay Carlos María Federici. La más entretenida y abierta fue por lejos la de Liniers, presentado por Leo Lagos e Ignacio Alcuri, que se mostró de muy buen humor, contando anécdotas (“Aventuras de Liniers”) y explicando cómo creó a algunos de sus personajes. “Es el mejor momento de la historieta”, dijo, y sintetizó lo que quería dejar en claro el evento.

En ambos días, se trató de hacer un balance entre todos los aspectos. Entre el coreano, el japonés, los zombies y las historietas que cuentan la vida del Che Guevara, relatan el suceso del Graf Spee o tratan el tema de la maternidad.

La combinación surtió efecto por momentos y por otros no fue más que una masa desconectada de freaks sacándose fotos entre sí. Pero cuando los sentidos convergieron, como en la presentación de Liniers, la Montevideo Cómics fue más que una fiesta de lo raro.

Fue lo que quiere ser: una celebración de la fantasía y de la viñeta como formas de arte.

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