Cacho Silveira subió al auto y se fue a la cancha del club que lo vio nacer. Llovía mal. El Fossa estaba bajo agua. Todo inundado. El terreno de juego, los campos aledaños, hasta la utilería había sido desbordada por el agua. No tenía lugar donde desarrollar la práctica. El hombre llegó, miró todo. Los jugadores lo esperaban cambiados. Esperaban la decisión del entrenador.
De las locuras de Cacho Silveira a comer y dormir en un cuartel
Mario Cassetta recordó historias de utilería con un ídolo del club y de los años de malaria en la B durmiendo en cuarteles cuando iban al interior