Mónica Navarro está estudiando guitarra. Las partituras están recostadas sobre un atril, mientras la guitarra descansa a su lado. Ella se ceba un mate con hierbas, que emana un aroma mentolado que acaricia en las narinas sobre el amargo de la yerba. Dice que se quiere sacar todas las ganas. Hacer lo que ella quiera. Por eso ahora estudia guitarra y solfeo. Para poder acompañarse mientras canta, y en un futuro poder componer sus propios folclores. Porque el posible disco, seguidor de su más reciente Calle, podría ser de folclore. Es ahí donde en realidad se encuentran sus raíces.
Desde la mañana al anochecer
Mónica Navarro lanzó su tercer disco, Calle, un trabajo que destila ciudad y transita desde la rutina ajetreada hasta la tranquilidad del boliche a la tarde. Sin embargo, su corazón se pierde en el campo