La tormenta política por la que atraviesa el gobierno de Dilma Rousseff tiene varias vertientes. Por un lado, la recesión económica –que aqueja a Brasil por segundo año consecutivo– genera una crisis de expectativas en la ciudadanía, después de dos décadas de crecimiento sostenido e incorporando a millones de personas a la clase media. Pero más grave aun, los escándalos de corrupción, que han involucrado a encumbradas figuras de su gobierno y de su predecesor Luiz Inácio Lula da Silva, han creado una severa crisis de desconfianza que cada tanto se expresa en masivas protestas callejeras sin precedentes en el país norteño.
Dilma Rousseff en la cornisa
La mandataria navega en aguas políticas revueltas, mientras la economía cae
