"Crecer duele”, dicen algunos expertos o por lo menos puede traer varios dolores de cabeza y de alguna forma es la etapa por la que atraviesa la actividad hotelera en Uruguay. Este sector de la economía tuvo un crecimiento explosivo en los últimos años, que ha generado una gran oferta de camas y una demanda laboral difícil de satisfacer.
Hace pocas semanas se inauguró el Dazzler Montevideo, el hotel más grande de la capital con 249 habitaciones, en 21 de Setiembre y Luis de la Torre. Es una muestra del crecimiento exponencial que ha tenido el sector gracias a los incentivos que se han dado a través de la ley de inversiones aprobada en el 2007.
En 2012 hubo un récord de inversión de más US$ 360 millones en proyectos hoteleros y en 2013 se prevé que cierre con una inversión en el sector de US$ 140 millones, según informó el director nacional de Turismo, Benjamín Liberoff, consultado en diciembre de 2013.
En Uruguay se consolida la tendencia creciente a que lleguen cadenas internacionales, camino que inició el Radisson y siguió con Sheraton, Sofitel y que ahora traerá a Hyatt y Hilton. “Es muy bueno que las cadenas internacionales se instalen, ya que traen con ellas las líneas áreas y además nos posicionan como destino en el mundo. Tenemos que agrandar la torta de la demanda, no repartir la torta con pedazos más chicos”, afirmó el presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes del Uruguay (AHRU), Juan Martínez, quien agregó que a su entender Uruguay se adelantó a tener primero la infraestructura y después la demanda en los servicios hoteleros.
Para el gerente general de Sofitel Carrasco, Mario Leite, este fenómeno de crecimiento habitacional es parte de un proceso natural de desarrollo que él ha experimentado en otras metrópolis sudamericanas.
“El fenómeno de la sobreoferta de camas es una tendencia mundial. Viví esa experiencia en Bogotá y en Buenos Aires. Hoy nos toca estar generando alternativas para diferentes nichos de mercado. Buscar que los hoteles antiguos que no se han reinventado y reinvertido lo hagan es un desafío. El perfil del consumidor cambia con las generaciones. Hoy se está viviendo algo que va a tener un período de sobreoferta, pero los hoteles que llegan tienen fuerzas de distribución de la marca para mercados distintos que a la larga van a ver sus resultados”, dijo Leite.
La reconversión del mercado hotelero ha sido uno de los fenómenos más evidentes en un sector que tradicionalmente fue atendido como negocio familiar y por consiguiente con una baja profesionalización. Según Martínez, el 80% de los hoteles sigue en mano de familias que han tenido que iniciar un camino de mejora de sus servicios ante la competencia y las exigencias del mercado.
Hoy la hotelería se ha extendido en el interior del país en destinos que unos años atrás parecían de difícil desarrollo y que en algunos casos han tenido un crecimiento acelerado como en Salto, donde según la AHRU hoy dispone de más de 10 mil camas.
“Antes teníamos solo inversiones en la costa, hoy tenemos inversiones en todo el territorio nacional. Actualmente hay hoteles reciclados en el interior del país, hoteles de campo. Un hotel 4 estrellas en Rivera y otro en Artigas. Esto antes parecía impensable”, señaló Benjamín Liberoff, director nacional de Turismo.
Generar la demanda
El turismo de congresos y eventos es uno de los nichos de mercado que está ganando terreno en Uruguay y que llega a generar ingresos por US$ 140 millones al año y al que los operadores turísticos y el gobierno ven como una salida para lograr la demanda necesaria y la siempre buscada desestacionalización de la actividad turística que tanto depende de la coyuntura regional. Su fuerte es entre los meses de abril y noviembre, coincidiendo con la temporada baja del turismo tradicional de verano.
Tanto para el gobierno como para los hoteleros, la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que se organizó en marzo de 2012 y reunió a más de 2.200 personas en Montevideo fue un parteaguas respecto a lo que Uruguay puede llegar a ofrecer.
“Montevideo organiza casi 50 reuniones internacionales por año y se encuentra en el octavo lugar entre las ciudades de América Latina como destino para eventos internacionales según la Asociación Internacional de Congresos y Convenciones (ICCA, en inglés). Y estamos en el segundo lugar en aceptación en la historia de organizadores de la Asamblea de Gobernadores del BID. Realmente estamos listos para seguir creciendo en este sector”, apuntó Liberoff.
Para Leite, el gobierno tiene que tomar la iniciativa para generar las condiciones que propicien un mayor crecimiento de eventos de estas características y propone algunas alternativas.
“Se deberían frenar los incentivos fiscales para la construcción de hoteles y comenzar a distribuir incentivos fiscales para convenciones que no sean solo en Montevideo. Es cierto que debe ser el destino inicial, pero luego debe distribuirse la demanda a otros departamentos del país para permitir y fomentar el desarrollo de otras zonas”, afirmó.
El creciente desarrollo de hoteles de alta calidad con tarifas competitivas permite pensar en que en un futuro Montevideo podría convertirse en un polo que atraiga más eventos internacionales. Sin embargo, para Martínez aún quedan desafíos.
“En el mundo el turismo de convenciones es una opción muy rentable de alto nivel de gasto y de un turismo de más tiempo de estadía, sin embargo no lo estamos explotando lo suficiente. Con el nivel de precio somos competitivos pero nos falta conectividad. Que los pasajes tengan precios razonables, eso aún no lo hemos logrado. Ir a Santiago o San Pablo desde Montevideo realmente sale muy caro, casi como ir a Europa”, afirmó.
Romper el tabú
En un mercado laboral donde se registran cifras de desempleo históricamente bajas, la ausencia de mano de obra calificada que acompaña el desarrollo hotelero ha sido uno de los mayores obstáculos a vencer.
“Es muy difícil conseguir gente capacitada. Nos estamos sacando uno al otro a la gente. Está muy bien que el mercado sea competitivo, pero nos estamos circulando a las mismas personas sin generar un plus. Estamos en pañales para seguir creciendo y mucho más para llegar masivamente al mercado”, dijo Martínez y agregó: “Hay que inculcar que la actitud de servicio no debería ser mal vista, lograr que no se confunda servicio con servilismo”.
A la falta de capacitación y la creciente demanda laboral se suma la idiosincrasia de ver a la actividad como una oportunidad zafral.
“Se encuentran buenos talentos que no quieren algo definitivo, quieren algo temporal. Trabajan desde diciembre hasta Semana Santa”, dijo Leite.
Por otro lado, los centros educativos no han acompañado con la misma velocidad el desarrollo que ha tenido el sector turístico. Los primeros centros educativos privados en la materia abrieron apenas hace 15 años y poco a poco fueron incorporando nuevas carreras y tecnicaturas.
“Una de las principales paradojas de este país es que el turismo es la principal actividad tomada individualmente y sin embargo recién está desarrollando el conocimiento que se requiere”, dijo Liberoff.
A esto se agrega que las remuneraciones que se ofrecen en el sector hotelero, en el servicio básico, muchas veces no son competitivas ya que se piden competencias y horarios exigentes.
“Pretender tener un recepcionista en la noche que maneje dos idiomas por un salario mínimo nacional no es viable, no funciona”, expresó Liberoff.
Para Leite, en el mercado nacional hay un conocimiento sobre la atención al público propio de la idiosincrasia uruguaya que representa algo así como “un diamante en bruto” que debe ser pulido y que es una oportunidad para apuntalar el servicio.
“Uno se encuentra con mozos con mucha experiencia pero que en su acercamiento con la gente tal vez puedan resultar invasivos o bruscos por la rusticidad en donde desarrollaron su actividad. Tomamos esa simpatía que los caracteriza y la pulimos tratando de llevarlos a estándares internacionales”, concluyó.