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A principios de la década de 1980 –esto es, antes de ser actor efectivo de Saturday Night Live y de entrar en el mundo del cine– Eddie Murphy era un cómico veinteañero que hacía shows de stand up en teatros.

Uno de sus sketches más famosos sobre el escenario era el del “primer presidente negro de Estados Unidos”. Vestido con un traje de cuero satinado color naranja, Murphy, antes de delinear sus primeras medidas de gobierno, esquivaba las supuestas balas de un francotirador con movimientos cómicos de un auténtico mimo, en un delirante y desfachatado número.

Pero el tiempo pasó. Hoy, 30 años después, el chiste ya no es chiste: hay un presidente negro en la Casa Blanca y nadie ha atentado contra él.

Por su parte, Murphy ha sido elegido como el próximo anfitrión de la ceremonia de los premios Oscar de la Academia de las Artes y Ciencias de Hollywood. La intención de la decisión de colocar a Murphy al frente de la ceremonia pretende que el programa gane en humor, en ritmo y, sobre todo, en audiencia. Pero, de acuerdo a las más recientes participaciones de Murphy en cine, es válido preguntarse: ¿fue la mejor elección? Si bien el comediante consiguió una nominación a Mejor actor secundario en 2007, sus últimos roles protagónicos han dejado mucho que desear.

Cúmulo de problemas
La transmisión de los Oscar es un gran reto para los productores del espectáculo, pues tiene varias dificultades, por ejemplo el tiempo.

La extensión de la ceremonia ha ido variando con los años, de acuerdo al rating, porque lo que se pretende es tener la mayor cantidad de televidentes “cautivos”. La de 2008 fue la más larga de la historia, superando las cuatro horas de transmisión. Fue un desastre.

En ese lapso hay un montón de tiempo muerto, como en los discursos de agradecimiento, las presentaciones y los montajes obligatorios. Contra todo eso debe luchar con su mejor ingenio y capacidad de improvisación el anfitrión. Murphy tendrá que susperar la imagen y el timing para el chiste del mejor presentador de los últimos 20 años: Billy Crystal.

Esta no será la primera vez que la Academia recurre a un comediante negro para que lleve adelante la gala de premios. En 1994, la actriz Whoopi Goldberg estuvo al frente del show. En 2005, fue Chris Rock.

Más allá del tema racial, la elección de Murphy recae por la apuesta al humor. Pero en este año, el factor risueño puede darse de bruces con las posibles grandes candidatas a los mayores premios, todas ellas películas que muestran dramas: The Idus of March, de George Clooney, War Horse, de Steven Spielberg y Un método peligroso, de David Cronenberg.

Aunque quizá este dato se transforme para Murphy en una oportunidad: quitar un poco el peso dramático de los filmes y colocar la risa sobre el escenario. El 26 de febrero tendremos la respuesta.
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