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El acuerdo comercial EEUU-México

Trump está transformando la política comercial de Estados Unidos

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07 de septiembre de 2018 a las 05:01

Paso a paso Donald Trump está cambiando la política comercial de Estados Unidos. Primero impulsó la renegociación del Tlcan con México y Canadá. Después retiró a EEUU del TPP, un acuerdo de libre comercio con los países del Pacífico. Más de un año después, nuevas acciones están avanzando en la relación con otros países. 
En el pasado mes de junio, Estados Unidos impuso un arancel del 25% sobre la importación de acero y del 10% sobre la de aluminio de la Unión Europea, Japón, México y Canadá. En represalia, estos países aplicaron el mismo arancel sobre una lista de bienes importados de EEUU por un monto del mismo orden. 

Por separado, EEUU y Corea del Sur firmaron un acuerdo comercial que impuso el arancel del 10% sobre la importación de aluminio y del 25 % sobre la importación de acero en exceso sobre una cuota del 70% de los envíos anteriores. En contrapartida, Corea del Sur aumentó su cupo anual para la importación de automóviles americanos de 25 mil a 50 mil unidades. 
En julio, sin derogar los dos aranceles antes referidos, EEUU y la UE acordaron negociar la eliminación de tarifas y subsidios sobre todos los bienes industriales, con excepción de los automóviles. Por su parte, la UE se comprometió a aumentar sus compras de soja y gas líquido americanos.  

Entre julio y agosto, Trump decidió la imposición de un arancel del 25% a US$ 50.000 millones de importaciones provenientes de China, que fue replicado en la misma medida por el gigante asiático.  
En este marco, hace diez días, Estados Unidos y México anunciaron un Acuerdo Comercial en reemplazo del Tlcan. De inmediato, la Casa Blanca lo puso a consideración del Congreso para habilitar el plazo correspondiente a fin de que, en caso de ser aprobado, pueda ser firmado por el Presidente de México, Peña Nieto, antes del fin de su mandato. 
El acuerdo es de particular importancia para ambos países pero en especial para México, que es uno de los mayores productores de automóviles del mundo y que envía casi toda su producción a Estados Unidos. A su vez, también EEUU tiene su interés, puesto que México es el principal importador de carne de cerdo y maíz amarillo de miles de productores de Texas, Arkansas y otros estados.
En adelante, para que un automóvil fabricado en México pueda ser exportado libre de aranceles a Estados Unidos tendrá que ser producido en 75% en uno o los dos países, por encima del actual 62,5%.
En adición, entre 40% y 45% del auto debe ser fabricado por trabajadores que ganen al menos US$ 16 por hora, que es casi el doble que el salario actual en la industria. Esto introduce una nueva restricción para la producción actual de México, además de prevenir la localización de las fábricas en zonas de bajo costo salarial.

 Este mayor porcentaje de integración nacional también habrá de limitar a la importación de México de auto partes provenientes de Alemania, Japón o China, que podrían terminar trasladando sus fábricas respectivas a EEUU.  
Las industrias de autos de México que no cumplan las nuevas reglas pagarán un arancel del 2,5% para autos y 25% para camiones.
El plazo del acuerdo será de dieciséis año en vez de los cinco inicialmente planteados por Trump, con una instancia de revisión al cabo de los primeros seis. Si ambas partes deciden renovarlo, estará vigente por otros dieciséis años, pero en caso de discrepancias, ambos países tendrán otros diez años para negociar antes de que expire el tratado.
Trump logró así su principal objetivo, que era el de incentivar a la industria automotriz americana mediante varias formas de limitación a la libre entrada de la producción automotriz de México. En adición, Washington logró una modificación del régimen de solución de controversias vigente en el tratado anterior. Además quedaron firmes los respectivos aranceles del 25% y 10% sobre la importación de acero y aluminio provenientes de México. 

Para el logro de estos objetivos, Trump aceptó una cierta disminución de su pretensión inicial de integracón nacional de los vehículos, desde un 85% a 75%, y una fórmula más flexible para la duración del acuerdo. 
A mediados de esta semana, Canadá estaba negociando su incorporación al acuerdo firmado por sus dos antiguos socios comerciales, con problemas para defender a su producción láctea y avícola y habilitar un nuevo  régimen de solución de controversias en el comercio y las inversiones. Sin Canadá, el acuerdo con México corre peligro de aprobación en el Congreso, teniendo en cuenta los intereses de los representantes de los estados fronterizos del norte. 

La defensa de la industria automotriz y de los aranceles sobre la importación de acero y aluminio son dos asuntos que, de distinta forma, están en los acuerdos con Corea del Sur y México. Aunque la negociación con la UE es más compleja, parece que volverán a estar presentes en ella. 

Trump acaba de rechazar la iniciativa europea de desmantelar todo el sistema arancelario sobre el comercio mutuo automotriz, anticipando quizá una propuesta bien agresiva. Es que para el presidente americano la posición comercial de la UE es “casi tan mala como la de China, sólo que menos importante”.

Y sobre China, Trump parece que está por anunciar su intención de extender el alcance del arancel del 25% a otros US$ 200.000 millones de importaciones, un monto que excede a su capacidad de represalia. Como dijo el Secretario de Comercio, Wilbur Ross: “nosotros tenemos más balas que ellos y ellos lo saben”. 

 

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