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Juan Paullier y Gonzalo Ramírez es un clásico de encuentros. Desde hace más de 50 años funciona un bar, que hasta este miércoles se llamó Rodó. Un grupo de vecinos pidió a la Intendencia de Montevideo (IMM) clausurarlo por ruidos molestos, según informó a El Observador el secretario general de la comuna, Ricardo Prato.

Sin embargo, los actuales dueños del local, que lo tienen desde 2003, hablan de un litigio con un vecino en particular, quien desde hace años viene denunciando por esta causa.

"Cuando compramos las llaves del local, un español que estaba trabajando acá empezó a tener problemas con este vecino, que comenzó a hacer denuncias porque le molestaba tener gente afuera", contó a El Observador Martín Razaboni, dueño del Rodó y también de Viejo Blanes, un restaurante ubicado en Gonzalo Ramírez y Juan Manuel Blanes.

Al comienzo, intentaron hablar con la persona para que no se sienta afectada por el funcionamiento del lugar, pero no tuvieron éxito. Y los problemas no tardaron en llegar. "Teníamos un permiso para tener mesas y sillas afuera. Esta persona se movió y nos sacaron el permiso. Era un permiso revocable y lo revocaron", agregó.

Tras no poder contar con mesas y sillas, el bar decidió colocar una barra afuera para que, al menos, los clientes pudiesen colocar los vasos. La intendencia les exigió que también la quitaran.

Luego, este vecino comenzó a hacer denuncias en la Seccional 5ª, argumentando que no se podía tomar en la vía pública, contó Rabazoni. Varias veces llegó la Policía. "Tuvimos que poner un abogado, presentamos un recurso para que esta persona no nos siguiera hostigando", contó el dueño.

El vecino continuó con las intimaciones a la intendencia para que multe al Rodó por ruidos molestos, originados por las charlas de las personas. "La intendencia nos intimó a trabajar con puertas y ventanas cerradas, para que, si hay música dentro del local, no se escuche en la vereda", señaló Rabazoni.

Cuando hay más de 30 personas juntas hablando, el vecino llama a la intendencia y la comuna realiza una medición del ruido. "Les da que 30 personas hablando excede el límite y nos han puesto una multa de 40 y pico de unidades reajustables", añadió. Tras ese incidente presentaron un recurso de amparo al Tribunal de lo Contencioso Administrativo para no pagar una multa "de una cuantía importante".

Rabazoni argumenta que tienen todas las habilitaciones vigentes para trabajar. "El tema que se da es que la gente charla en la vereda y a esta persona no le interesa que eso pase", insistió.

Pero el Bar Rodó no es el único blanco del vecino. Todos los domingos, en frente al local, funciona la feria del barrio. Del lado del Parque Rodó hay un carro de chorizos. "Esta persona le ha hecho denuncias en bromatología por polución ambiental, porque parece que el olor a chorizos y hamburguesas poluye el ambiente", puntualizó. Al costado de su domicilio, antes había una carnicería y Rabazoni dijo que llegó a denunciarla por los "ruidos de la sierra para cortar carne". En un momento también juntó firmas por los ruidos que ocasionaba el tablado del Defensor Sporting, ubicado en 21 de Setiembre.

Los propios dueños del Bar Rodó le llegaron a hacer una propuesta, que pagarían ellos, con el objetivo de no molestarlo más. "Planteamos ponerle doble vidrio en las ventanas y un aire acondicionado. Él dijo que no porque quiere dormir con la ventana abierta", aseguró el otro dueño del local.

La relación con los vecinos

Rabazoni dijo que con "la mayoría" de las personas que viven en la cuadra tienen "buena relación". Incluso, con algunas de ellas, juntaron firmas para que el bar siga existiendo, ya que afirman que le da seguridad al lugar.

En este sentido, se refirió Ana María Agoglia, integrante de la Comisión de Vecinos del Parque Rodó. "No te puedo decir que no hay ruidos. Pero para mí pesa mucho más la seguridad que hay en la cuadra. En la balanza pesa mucho más que todos los ruidos que pueda haber", expresó. "Si está todo oscuro sería una boca de lobo", dijo.

Otra vecina, Mariana, aseguró que no puede "tener las ventanas abiertas del living porque se llena de gente" y "cuando fuman faso entra todo el olor". Sin embargo, Mariana destacó la seguridad de la zona, ya que su marido sale a trabajar a las 2 de la mañana y hay gente.
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