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A 10 años del fallecimiento de José (Pepe) Montes, el Centro Cultural de España inaugurará este jueves una muestra retrospectiva del artista, bajo la curaduría de Clever Lara. La exhibición, que está inmersa en el programa de investigación histórica que viene realizando la institución, se propone mostrar un panorama comprensivo de la obra de Montes como artista plástico y, simultáneamente, de las influencias estéticas de su época, como integrante del Taller Torres García.

La incorporación de Montes al taller de Torres García se produjo en 1951, cuando tenía apenas 22 años y, como él mismo reconoció en un reportaje realizado por la prensa en 1981, fue una experiencia que le condicionó ampliamente su desarrollo artístico. “Cuando veía aquellos cuadros de don Joaquín Torres García, o aquellos de los integrantes de su taller, sentía que en ellos había color, verdad, vida. Eso me dejaba impresionado. Como buen hombre de campo, me acercaba a la pintura con absoluta ingenuidad: aquella era para mí una pintura inalcanzable. Un día, finalmente, gracias a Francisco Matto, ingresé en aquel misterioso Taller Torres que tenía, para mí, mucho de templo y me imponía un enorme respeto. Todo cambió a partir de ese momento. Fue algo así como un cataclismo beneficioso”, dijo en un reportaje realizado por El País en 1981.

Según el curador de la exposición: “De la prédica de don Joaquín va a recibir, por intermedio de sus discípulos (ya que cuando ingresa al taller este ya había fallecido), su visión y práctica de las artes plásticas. Se va a mover, por ello, en un territorio demarcado, solo ampliado por algunas experiencias heterodoxas, como las de José Gurvich, que se constituyeron en nuevos mojones, en nuevos puntos de irradiación”.

Según detalló Lara, la muestra cumple la doble función de buscar la incidencia del taller pero también los momentos de alejamiento. “En ningún momento Montes desarrolla un pensamiento que contradiga a Torres pero sí busca dentro de su marco teórico soluciones diferentes”, explicó. En este sentido, hay algunas piezas contenidas en la muestra que son emblemáticas. “El óleo Homenaje a Augusto Torres (1992), que realizó como homenaje tras su fallecimiento, es interesante porque maneja las dobles espirales como marca propia, separándose del taller. Por un lado, muestra la deuda teórica y la amistad que lo unía con él, pero a la vez una solución artística propia”.

La exposición también reúne 10 obras figurativas (seis óleos y cuatro dibujos) para dejar constancia de esta faceta más conocida y prolífera del artista, aunque por una decisión curatorial no constituyen el eje de la muestra.
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