El celular que ya no responde: el desgarrador testimonio de la argentina cuya hermana melliza fue secuestrada por Hamás
Ciudadana argentina israelí pide al mundo que haga fuerza para que liberen a los secuestrados en la franja de Gaza
Dicen que los hermanos mellizos tienen tanta simbiosis que, sin hablarse, uno sabe cómo está el otro. Pero Dalia no encuentra las palabras para decir que su hermana melliza —la misma con quien compartió nueve meses de útero, el banco en el colegio Golda Meir y la emigración desde Buenos Aires hasta Israel— no da señales de vida desde que los terroristas del Hamás entraron al kibutz Beeri, a escasos cuatro kilómetros de la franja de Gaza.
Poco después de las 11 de la mañana del sábado, hora local, los terroristas saltaron la cerca de seguridad y comenzaron a disparar, a incendiar casas, a secuestrar a los habitantes de esa comunidad cooperativista que reúne a unos 1.200 pobladores. Asesinaron a al menos 112 lugareños —según el parte oficial— y dejaron decenas de desaparecidos… entre ellos a Yasmín, la hermana melliza de Dalia, a sus dos hijas, su esposo y cuñado.
“Todo indica que los terroristas entraron a la casa, forzaron la cerradura del cuarto de seguridad en el que estaban escondidos y…”. Dalia no quiere terminar la frase. Se resiste a dar por muerta a su hermana, pero también se niega a imaginar las condiciones en las que podría estar secuestrada, como una moneda de cambio.
Los pocos detalles los logró reconstruir el único hijo varón de Yasmín, sobrino de Dalia, quien desde otra vivienda iba intercambiando mensajes por Whatsapp con su madre hasta que dejó de responder.
Dalia, desde otra localidad de Israel, tampoco supo más nada de su hermana melliza. Las líneas telefónicas empezaron a colapsar. En el caos —ese que deja la barbarie— no había información oficial: ni quiénes eran los muertos, ni los desparecidos, ni cuánto tardó el ejército en asegurar ese kibutz. Por eso en la tardecita, cuando finalmente pudo conversar con su sobrino varón, escuchó en hebreo las palabras que no quería escuchar: “Ani lo iodea eifo ima, aba, o hajiotai (no sé dónde está mamá, papá, ni mis hermanas)”.
En una tercera casa de este kibutz —en la que habitan o habitaban varios latinos— estaba el hermano del esposo de Yasmín. De él tampoco hay noticias.
“Estamos esperando que a nivel oficial nos den datos más certeros, que nos den señales”, cuenta Dalia con esas ganas de contarle al mundo, a su mundo, lo desesperante de su situación y, a la vez, con el deseo de que esto haya sido una pesadilla. Mientras, estuvo en contacto con la embajada de Argentina en Israel “con la intención de que hagan algo… ¡somos argentinos, carajo!”.
El gobierno argentino confirmó que al menos siete ciudadanos de ese país fueron asesinados desde que empezó la guerra en Israel, el pasado sábado. Otros tantos —todavía no cuantificados con precisión— están desaparecidos. Y más de 1.300 pidieron ante el consulado ser evacuados.
Este jueves, en la llamada operación “rescate seguro”, empezó ese proceso de repatriación. Pero, desde la tierra en la que las mellizas se fueron a vivir en 1990, Dalia insiste: “No se olviden de nosotros, de los nuestros… exigimos al mundo que ejerza presión para que liberen, sanos y salvos, a todas esas mujeres, niños, ancianos y hombres que tienen secuestrados en Gaza”.