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Luis Bértola es uruguayo. Es catedrático de Historia Económica y fue decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. José Antonio Ocampo es colombiano. Es economista y fue secretario ejecutivo de Cepal (1998-2003). Juntos escribieron hace un par de años Desarrollo, vaivenes y desigualdad, un libro imprescindible para cualquiera que quiera entender la historia económica y social de América Latina.1

Los autores distinguen cuatro etapas en la historia económica de nuestra región. La primera cubre las décadas posteriores a la independencia. Fue, afirman, una fase de retroceso en relación con lo que es hoy el mundo industrializado. La segunda abarca las últimas décadas del siglo XIX y las tres primeras del XX (“primera globalización”). Fue una etapa de crecimiento económico apoyado en el desarrollo primario-exportador. La tercera se enmarca entre la crisis del 29 y la “década perdida” (los años de 1980). Durante este lapso, América Latina conoció el proceso de industrialización dirigida por el Estado. Durante este período, como en el anterior, la economía regional siguió creciendo más que el promedio y aumentando su participación en la economía mundial. La cuarta etapa transcurre desde los años de 1980 y estuvo signada por las reformas de mercado (“segunda globalización”).

Siguiendo la tradición del pensamiento estructuralista latinoamericano, los autores no se ocupan solamente de estudiar el crecimiento de la economía (los vaivenes del PIB) sino que intentan ofrecer un mapa del desarrollo económico y social (analizando también la evolución de la desigualdad). Sostienen que, desde este punto de vista, los progresos de la región han sido más lentos y menos intensos que en materia de crecimiento. La tercera fase del crecimiento (la industrialización dirigida por el Estado) es la que está asociada a los avances más importantes en materia de igualdad social. Mientras tanto, los años de 1980 y 1990 (desde la década perdida a las reformas pro mercado) muestran una tendencia en la dirección opuesta que recién ha empezado a revertirse, al menos en algunos países, a comienzos del siglo XXI.

La información presentada invita a problematizar las aproximaciones al debate sobre el desarrollo latinoamericano más permeadas por convicciones ideológicas. Por un lado, interpela severamente la extendida y desmedida “leyenda negra” acerca del período de industrialización dirigido por el Estado. La evidencia empírica muestra que la cosecha obtenida por la región en materia de crecimiento e igualdad durante estos años fue, en términos generales, buena. Por el otro, también se registran resultados positivos en materia de crecimiento en los dos períodos caracterizados por la apuesta al desarrollo primario-exportador (fines del siglo XIX y comienzos del XX, fines del siglo XX y comienzos del XXI).

En verdad, al menos desde mi punto de vista, la historia de América Latina desde la independencia en adelante sugiere que cada uno de los modelos de desarrollo intentados resuelve ciertos problemas (al menos durante un tiempo) pero, fatalmente, termina generando otros. No parece haber un camino al desarrollo ideal, perfecto, a prueba de fallos. El segundo lapso permitió un crecimiento intenso pero terminó en la crisis de 1929. El segundo hizo posible conciliar crecimiento y distribución del ingreso pero desembocó en procesos de estanflación. El tercero hizo posible el crecimiento pero terminó en la crisis de comienzos del siglo XXI. El desarrollo latinoamericano exhibe una pauta dialéctica (como los hechos le dan la razón, desde muy lejos, Hegel sonríe sin ocultar su vanidad): cuando el énfasis se pone en el crecimiento (como en los años de 1990) tarde o temprano se agudizan las desigualdades; cuando se intenta conciliar crecimiento e igualdad, a la corta o la larga el crecimiento termina frenándose. Tesis, antítesis, síntesis...

Sospecho que los autores, que suscriben una visión del desarrollo claramente tributaria de la tradición cepalina, discreparían con las reflexiones anteriores. En particular, seguramente no compartan la existencia de un trade off entre crecimiento e igualdad. Sin embargo, el caso uruguayo parece reforzar mi argumento. Nuestro país registra, al mismo tiempo, una de las distribuciones del ingreso más equitativas de la región y una de las tasas de crecimiento del PIB per cápita más bajas de América Latina. Es como si el sesgo a favor de la igualdad, en el largo plazo, hubiera restado dinamismo a la economía.

La obra de Bértola y Ocampo ha tenido una acogida excelente a nivel internacional. Obtuvo el premio Jaume Vicens Vives que otorga la Asociación Española de Historia Económica al mejor libro de Historia Económica de España y Latinoamérica editado en el bienio 2010-2011. Además, acaba de ser reeditada en inglés por Oxford University Press y se espera que el año próximo aparezca una nueva edición en español de Fondo de Cultura Económica (México). Sin embargo, todavía es poco conocido en Uruguay. l



1 Luis Bértola y José Antonio Ocampo, Desarrollo, vaivenes y desigualdad. Una historia económica de América Latina desde su independencia, Madrid, Segib, 2010, 313 páginas.

* El verano invita a dejar en paz la coyuntura. Por eso, mis columnas de enero estarán dedicadas a reflexionar sobre libros recientes que considero especialmente inspiradores.

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