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El día que el rey Juan Carlos se le zafó a la dictadura uruguaya

En 1983, en plena dictadura, el monarca llegó al país en una visita oficial donde realizó una reunión fuera de agenda con políticos uruguayos

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04 de junio de 2014 a las 11:31

En 1983 Uruguay comenzaba a buscar una salida democrática que culminara con el régimen cívico militar que se había perpetrado desde 1973. Con el triunfo del No el plebiscito de 1980, el régimen comenzaba a ser cada vez más cuestionado dentro y fuera del país.

En ese contexto es que llega a Uruguay el rey Juan Carlos I de España quien fue recibido por el presidente de facto, Gregorio Álvarez. Durante su estadía en el país, el monarca asistió a actos organizados por el gobierno dictatorial tal como se puede ver en el video realizado por la Dirección Nacional de Relaciones Públicas (Dinarp).

El régimen pretendía mostrar una imagen de cordialidad con la corona española y capitalizar la visita. Sin embargo una reunión fuera de la agenda de oficial marcaría un hecho relevante en el camino hacia la democracia.

Según contó el político nacionalista Carlos Julio Pereyra, la reunión que mantuvo el monarca con varios políticos uruguayos en la embajada de España " representó un apoyo muy importante del punto de vista moral".

El encuentro fue organizado por el entonces embajador de España en Uruguay, y participaron Jorge Batlle, Julio María Sanguinetti, Hugo Batalla, Juan Pivel Devoto, Dardo Ortiz, Carlos Julio Pereyra, José Pedro Cardozo, Juan Pablo Terra y Juan Vicente Chiarino.

"En ese momento en Uruguay no existían las reuniones políticas. Dirigentes y partidos estaban proscriptos de manera que la situación era muy poco propicia a reuniones. Entonces la presencia del rey motivó una gran manifestación frente a la embajada", recordó.

Pereyra contó que durante el encuentro, el rey hizo una exposición de la necesidad del restablecimiento de la democracia y que les recomendó que se dispusieran a iniciar un dialogo con las autoridades militares para procurar una apertura del régimen.

"En varios discursos, el rey aprovechó para hablar claramente en ese sentido y dar un mensaje de libertad. Eso no le gustó mucho a Álvarez pero el pueblo vio que había gente procurando otro camino, y vio que había oportunidad de manifestarse o de reunirse sin problemas", concluyó.

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