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A finales de la década de 1960, Paul Newman protagonizó un western, Hombre, donde representaba a un hombre blanco que había sido criado por los apaches. Parece que la peluca que usó en ese filme costó US$ 400. “Por suerte no había muchos indios más en escena; si no el peluquero hubiera cobrado más dinero que yo”, dijo en una entrevista Elmore Leonard, el genial escritor autor de la novela en que se basó Hombre.

La frase pinta un determinado momento de la carrera de Leonard, quien falleció ayer en las afueras de Detroit, la ciudad que lo adoptó y donde situó buena parte de su extensa obra literaria.

Porque su carrera comenzó en la literatura ambientada en el oeste, la literatura western. Pero luego el escritor mutó hacia el género policial de forma tal que terminó redimensionándolo. Para inicios de la década de 1980 podía declarar, muy orondo: “Tengo el mejor trabajo del mundo: escribo de lo que quiero y me pagan por eso”.

Sus novelas situadas en Detroit –Ciudad primitiva, de 1980, la más importante de ellas– son mucho más que policiales bien escritos: son consideradas obras que reflejan el ritmo y las costumbres de una ciudad, que retratan personajes dementes pero queribles, violentos pero cariñosos, en busca de la supervivencia. Por eso algunos críticos lo etiquetaron como el Dickens de la ciudad automotriz, capaz de guardar para siempre en las páginas de un libro el vibrar humano de un lugar y una época.

Del libro al cine
Un puñado de cifras pintan al escritor de cuerpo entero: Leonard, apodado Dutch, tenía 87 años, dejó 46 novelas escritas con su firma, 19 películas que se rodaron basadas en sus libros, siete series de televisión y decenas de cuentos que publicó primero en revistas baratas y luego en selectas publicaciones.

El motivo por el que Hollywood llevó sus historias a la pantalla grande es por la enorme cualidad para los diálogos de Leonard, un talento que reverenciaron desde escritores de talla elitista, como Martin Amis, hasta fabricantes natos de best sellers, como Stephen King.

Delmer Daves filmó El tren de las 3:10 a Yuma tomando como base un cuento escrito en la década de 1950 por Leonard. Más modernamente, directores como Quentin Tarantino y Steven Soderbergh, respectivamente con Jackie Brown: triple traición y Un romance peligroso, y Barry Sonnenfeld, con El nombre del juego, fueron tipos que vieron el enorme potencial visual y narrativo de Leonard.

Pero sería una injusticia atroz destacar solo la capacidad de oído agudo y perspicaz para ensamblar un buen diálogo de Leonard, soslayando su inventiva para los argumentos, donde exploró géneros como el western barato, el policial o el thriller.

Aunque llegó al mundo en Nueva Orleans, fue en la ciudad de Detroit donde se formó, trabajó, publicó y finalmente murió por complicaciones posteriores a un infarto.

Como tantos otros escritores a lo largo de sus carreras, Elmore Leonard se animó a escribir un decálogo con las normas esenciales para cualquier escritor de ficción. Estas 10 reglas se destacan por su desfachatez y su agudeza, como la número 1, que dice: “Nunca empieces un libro hablando del clima”, u otras fundamentales como no usar más que el verbo decir, cuando un personaje habla, y la última, la número 10: “Trata de eliminar todo aquello que el lector tiende a saltearse”. Se fue un grande de las letras de su país. Alguien que la tenía clara.
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