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Estas últimas semanas, los fanáticos de los videojuegos recibieron varias noticias importantes. Al primer trailer de la segunda película de Hitman (que no está relacionada con la adaptación anterior), se sumaron los anuncios de la creación de una serie de televisión sobre el clásico de los juegos de rol The Legend of Zelda y la asignación del papel principal femenino de la película Assassin’s Creed, que estará a cargo de la ganadora del Oscar Marion Cotillard, quien se suma al actor Michael Fassbender.

Más allá de las expectativas que puedan generar estos anuncios, lo cierto es que hasta el momento muy pocas películas sobre videojuegos (y a su vez, videojuegos sobre películas) han logrado ser exitosas a nivel de crítica. Son aún menos los casos que han logrado el reconocimiento del público más exigente: los fanáticos del título original. Además, su desempeño en la taquilla ha oscilado entre el fracaso absoluto y el éxito moderado.

Los motivos del fracaso

Clásicos del entretenimiento electrónico como Mario Bros., Street Fighter, Doom, Max Payne, Tomb Raider y Prince of Persia han naufragado en la pantalla grande. Una posible causa de este fracaso es la codicia de los ejecutivos de los estudios de cine, que simplemente se limitan a producir una película inspirada en una “marca” exitosa sin preocuparse demasiado por el contenido. En definitiva, asumen que el público va a ir a verlas sin cuestionárselo.

Otra razón es la dificultad de adaptación del género. Es cierto que, desde hace algún tiempo, la tendencia entre los videojuegos más taquilleros es definirse como “cinematográficos”. Incluso se publicitan como películas, con trailers que, en lugar de mostrar el juego, son cortos animados inspirados por la trama. No obstante, los videojuegos no se parecen al cine desde su concepción.

“Queremos hacer anuncios que no tengan nada que ver con los videojuegos. No queremos publicitar videojuegos; queremos publicitar diversión”, decía Peter Moore, jefe de la división de la consola Xbox de Microsoft al diario inglés The Guardian en 2005.

El cine no es interactivo

Al cine uno va a mirar, sin involucrarse. La trama permanece inamovible aunque se vea la película una y otra vez.

En un videojuego, sin embargo, uno interactúa con la trama, la hace avanzar a su ritmo y muchas veces la modifica con sus elecciones. Juegos como Chrono Trigger o Mass Effect (este último llegará al cine en los próximos años), que tienen decenas de finales distintos, pueden tener un desarrollo diferente según quién lo juegue y cuantas veces lo haga. Dicho de otra forma, las películas le quitan a los videojuegos su aspecto más divertido.

Que luego los creadores de videojuegos recurran a actores como Kevin Spacey (Call of Duty: Advanced Warfare) o al menos a sus voces (Samuel L. Jackson en GTA: San Andreas) para darles un aire fílmico, ya es otra cosa. Esto no las hace más fáciles de adaptar al cine.

Otra cuestión que hace difícil la adaptación es el tiempo. En una película con una duración promedio de dos horas, es difícil hacer encajar las 30 horas que puede llevar darse un juego relativamente corto.

Eliminar escenas y situaciones se hace obligatorio y el guión debe ser reescrito alrededor de esos agujeros del argumento.

Dentro de las futuras adaptaciones cinematográficas se encuentran los populares Angry Birds y Minecraft, dos juegos que no tienen una trama. El guión será completamente original, lo que puede ser algo acertado (no existe la presión de parecerse a ningún material fuente) o un completo desastre.

A su vez, en 2016 se estrenará la mencionada adaptación de Assassin’s Creed. Fassbender, protagonista y productor de la cinta, asegura que nunca tocó uno de los juegos que componen la saga. Por su parte, Ubisoft, el estudio francés creador del título, ya adelantó que se tratará de una historia original. Quizás sea lo mejor.

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