Economía y Empresas > CORRIDA CAMBIARIA

El dólar deja a Macri sin margen político y lo obliga a medidas urgentes

Con la economía casi paralizada y los indicadores financieros en caída libre, se anunciará un nuevo paquete de recorte fiscal; en el mercado reclaman un pacto con el peronismo

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01 de septiembre de 2018 a las 05:04

El gobierno de Mauricio Macri vive sus horas más dramáticas. Ya con la evidencia del descreimiento del mercado ante cada anuncio de medidas, su margen de acción política se achica a toda velocidad.

Mientras arrecian los reclamos por un nuevo plan económico, cambios de nombres en el gabinete y por la búsqueda de un acuerdo político con el peronismo, se inició una carrera contra reloj para que el actual estado de shock no derive en algo peor. Mientras el dólar sube de manera descontrolada, la economía real da señales de parálisis. Las principales empresas alimenticias, que antes de la última corrida cambiaria habían enviado comunicaciones a los supermercados para disponer aumentos, decidieron dejar sin efecto esa lista, a la espera de que se clarifique el mercado del dólar. 

Lo que viene es una nueva lista con mayores incrementos y, en el mientras tanto, un congelamiento de los envíos de mercaderías.
En otras palabras, la economía empieza a quedarse sin precios. Ya hay testimonio de ello en la actividad importadora, así como en las concesionarias de autos: se suspendieron operaciones, porque las empresas no saben a qué precios deberá reponerse la mercadería. 

En la construcción, hubo proveedores de materiales que suspendieron la entrega de productos ya pagados. Y esa situación se extiende aceleradamente a nuevos sectores de la economía.
Otro factor urgente a considerar es que en Argentina los combustibles están desregulados y la suba del dólar tiene un impacto inmediato sobre los precios de las naftas y el gasoil.
Mientras tanto, las tasas de interés en niveles exorbitantes (60% la interbancaria, más de 120% al público consumidor con tarjetas de crédito) hacen que sea casi imposible la intermediación financiera destinada a la actividad comercial.

El mayor temor

Y, con ese marco, todavía falta el mayor temor de todos: que la crisis cambiaria derive en corrida bancaria. Es decir, que los depositantes se asusten y salgan corriendo a retirar sus ahorros en dólares de los bancos. Es algo que extrañamente todavía no ocurrió: más bien al contrario, los bancos muestran niveles récord de depósitos, tanto en pesos como en dólares. 
Pero los banqueros, especialmente aquellos que llevan las cicatrices del colapso financiero del 2001, saben que las dinámicas de las crisis pueden sufrir aceleraciones: creen que la corrida bancaria perfectamente podría ocurrir si la volatilidad cambiaria no se frena de inmediato. 

“Esta corrida cambiaria solo se puede parar con mucha plata", dijo Daniel Artana, economista jefe de Fiel".

Las acciones de empresas argentinas que cotizan en Wall Street se desploman, dando cuenta de la huida del riesgo argentino. Mientras tanto, el “seguro anti default” (los Credit Default Swap) llegaron a su nivel más alto desde que Argentina arregló su diferendo con los “fondos buitres” hace dos años. 
Y la perspectiva es inquietante: en setiembre vencen bonos en pesos que fueron colocados a inversores internacionales y además se producirá el desarme de las letras del Banco Central. Eso implica que unos 130.000 millones de pesos argentinos (unos US$ 3.528 millones) se volcarán al mercado y le pondrán más combustible a la demanda del dólar. 

Desconcierto en el mercado

En definitiva, la consigna de la hora es recuperar la estabilidad del tipo de cambio. Al precio que sea, pero que estabilice. Y es lo que, de momento, parece imposible de lograrse.
El gobierno ha incurrido en un cóctel de errores que han sumado confusión al mercado. Por caso, el jueves el dólar se disparó a pesar de que el Banco Central anunció una fuerte suba de 15 puntos en la interés y de 5 puntos en los encajes bancarios. 

Y tras una breve baja, volvió a subir con fuerza. El Banco Central, que todos los días vendía dólares al mediodía, decidió no intervenir, y entonces lo que todo el mundo interpretó es que había decidido dejar flotar y que la cotización subiera hasta donde el mercado la quisiera llevar.

Pero luego, sobre el cierre del mercado, intervino de nuevo para bajar el precio. No con la contundencia de las grandes ventas que generaban el castigo a los especuladores, sino más bien con la tibieza de quien corre detrás de los hechos y busca apenas que los títulos de los diarios refleje una momentánea caída de la cotización.
Ese tipo de acciones, que hacen pensar en una falta de estrategia, generan incertidumbre.

El mercado no termina de decodificar si es que en el Banco Central quieren dejar flotar al tipo de cambio –que es lo que le aconsejan los bancos de inversión y el propio Fondo Monetario Internacional–, o si quieren intervenir para terminar con la volatilidad, para lo cual no tienen suficientes reservas. Este viernes la autoridad monetaria vendió US$ 250 millones y logró que el peso argentino bajara 1,65 unidades, aunque en la semana avanzó 5 pesos y 9 respecto al cierres de julio. La cuestión es que en este contexto nadie quiere vender dólares y todos quieren comprar. La consecuencia inevitable es que se continúe percibiendo un margen como para que el billete siga subiendo.

A la espera del nuevo plan

En medio de la incertidumbre, el ministro de Hacienda argentino, Nicolás Dujovne, trató de llevar algo de calma, luego de un día en el cual corrieron rumores de su propia renuncia. El ministro viajó el lunes a Washington para reunirse con la cúpula del FMI. Y antes de irse dijo que se anunciarán medidas para recuperar la credibilidad del mercado.
Lo que trascendió que es que se presentará un plan duro de recorte fiscal, posiblemente con la meta del déficit cero ya para 2019, cuando originalmente ese era el objetivo de 2020.
Esto se hace en parte para recuperar credibilidad pero también para recomponer la relación con el Fondo Monetario, donde hay malestar con el gobierno argentino. Ocurre que el anuncio del presidente se hizo cuando todavía no existía una aprobación formal para los nuevos desembolsos, y eso motivó un reproche en una charla telefónica entre Macri y Christine Lagarde, la directora del FMI. 

Esta necesidad de un nuevo ajuste obviamente implicará algunas subas de impuestos. Y en esa categoría, aparece como candidato “cantado” el sector de los productores sojeros, a quienes se les suspenderá el esquema de rebaja de retenciones a la exportación. Según Luciano Cohan, ex subsecretario de Programación Económica del Palacio de Hacienda, si se impusiera una retención del 5% a los productos exportables, el Gobierno podría recaudar entre US$ 3.500 y US$ 4.000 millones en 2019. Al día de hoy implicaría un ingreso extra de hasta  160.000 millones de pesos argentinos. Un “ajuste” por el lado de los ingresos no exento de reminiscencias kirchneristas, que hasta el propio FMI avalaría con gusto.  

A fin de cuentas, antes de la corrida del dólar el gobierno ya se encontraba en dificultades para recortar unos 300.000 millones de pesos, y se estima que el nuevo recorte implicará un esfuerzo adicional de 200.000 millones. Demasiado como para que Macri continúe apegado a sus promesas de campaña para con el campo. 

Pero la expectativa no se agota en el plano fiscal. También se habla de la necesidad de establecer un nuevo pacto con el peronismo dialoguista, es decir el peronismo no kirchnerista, ligado a los gobernadores provinciales. Es una forma de recomponer la gobernabilidad, y se llegó a hablar de ofrecimientos de ministerios como forma de aliviar la tensión política y garantizar el apoyo para temas cruciales como el presupuesto del 2019. 

 

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