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El letrista de la murga Cayó la cabra, Camilo Fernández (25), no pensó que la inclusión de la figura del joven emprendedor en la actuación de este año iba a tener tanto éxito. La figura genera humor pero también empatía, y son varios los espectadores que le mandan “letra” para agregarle características. Lo llamativo es que no se carga al joven emprendedor de forma negativa -como muchas veces ocurre con el empresariado en las letras de murgas- sino que la crítica va más hacia los propios murguistas.

El couple consiste en una comparación entre los murguistas y el emprendedor como joven ideal. “Está exagerada su imagen de ganador y también nuestra imagen de perdedores. Ese joven emprendedor ideal que planteamos no existe, como tampoco existen los perdedores totales. Se apela al absurdo”, explicó Fernández.
Los integrantes de la murga no sabían si la gente lo iba a entender, por lo que lo primero que se hace cuando se lo nombra es explicar el concepto: es ese que tiene éxito empresarial, que logra hacer dinero desde muy joven.

El letrista señaló que la idea de incorporar este personaje surgió porque es habitual ver notas a gente exitosa, “que la pegó con algo”, y les pasaba a los integrantes de la murga comparar irremediablemente con una frustrante realidad laboral. “Pensamos en burlarnos de esto porque en realidad nos íbamos a estar burlando de nuestra propia envidia. Todo arranca en el concepto de que uno no puede hacer lo mismo que ese genio que se animó y le salió”, manifestó.

Fernández trabaja en publicidad (es redactor creativo en la agencia Key) y va con frecuencia a charlas “como el TED, donde todos cuentan desde el pedestal del triunfo, desde el ‘ya gané’, sacándose el cartel de lo valientes que fueron, que en un momento no sabían que iba a pasar, como buscando la empatía con el que está sentado, que todavía no ganó”. Pero en la realidad, opinó Fernández, es que sobre el escenario nunca hay gente como él que esté “diciendo ‘la verdad nunca hice nada, pero vamos arriba que vamos a salir’”. A Fernández esos emprendedores le generan “una profunda admiración y una profunda envidia”.

En el couplé, comparándose con el emprendedor, están los integrantes de la murga, que lo único que tienen definido es un “deseo de no querer ser lo que son y una envidia y fascinación” por el otro. El final del couple termina incitando a animarse, que puede parecer que no se tiene herramientas pero que uno se las va a encontrar en el camino, explicó Fernández. “Sugiere que si a uno no le gusta un trabajo, capaz que no está tan bueno que siga cumpliendo por seguridad. Capaz que está bueno arriesgar”, amplió.
Fernández se ríe cuando se le pregunta si ha tenido contacto con lo que se denomina el ecosistema emprendedor (red de instituciones de apoyo). “Estamos a años luz de todo eso. Aunque en realidad tenemos nuestro emprendimiento que es la murga”, apuntó.

Muchos son los espectadores que se quedan pensando de qué lado están, si son emprendedores o trabajadores frustrados. “Creo que somos un poco de los dos”, apuntó Fernandez.

“Es verdad que es un poco irresponsable el mensaje de Cayó la cabra porque sugiere arriesgar hacia un lugar donde no se sabe bien qué va a pasar. (...) (El objetivo no es) dejar pensando a la gente, son cosas que no tenemos resueltas. Cantamos para hablar pero también para hablarnos”.
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