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En trece años, entre 1969 y 1982, Rainer Werner Fassbinder filmó la friolera de 40 películas. Un cálculo frío y matemático (y alejado del espíritu real del director) da como resultado más de tres películas por año.

Este guarismo da una idea primaria del impulso creativo desbordante que alentó la vida de un cineasta que murió víctima de su propio desborde, apenas a los 36 años.

De esas cuatro decenas de películas, Cinemateca Uruguaya proyectará quince en el ciclo que comienza hoy y va hasta el 14 de julio, lo que no es poco.

Este director fue una de las puntas de lanza del llamado “nuevo cine alemán” que surgió a principios de la década en ese país dividio por la guerra. De ese movimiento con ganas de renovar la cinematografía, Fassbinder fue de los nombres más destacados junto a Werner Herzog y Wim Wenders.

En paralelo con la “nueva ola francesa” e influídos de forma explícita por esta, los nuevos directores alemanes de los años 60 se animaron a explorar nuevos territorios, nuevas historias, nuevos ángulos desde los que contar la historia. Y nuevos protagonistas.

Fassbinder tuvo una de las visiones más personales. Proveninente del ambiente del teatro, adaptó varias obras propias al guión cinematográfico y, de forma obsesiva, exploró casi todas las relaciones de poder en la sociedad de su época, recorriendo todo el camino entre los extremos del poder: tanto el poder social a través del dinero como el poder individual a través de la familia y el amor. Y de cómo lo que logra el poder es, antes que nada, dominación. El patrón o el padre, el marido, la esposa y/o el amante, del sexo que sea, tienen en los argumentos de Fassbinder un lugar preponderante.

A nivel temático, las historias de Fassbinder ponen a los marginales en el centro de la trama. Un trabajador griego en los suburbios de la riqueza bávara de Munich, gángsteres de poca monta, prostitutas, travestis, adolescentes conflictuados, mujeres encerradas entre hombres posesivos y situaciones límite. Un cine sin concesiones para un músculo creativo que algunos críticos denominaron como “prometeico”. Un cine improvisado, hecho siempre sobre la marcha, que espía desde otra mirada.

Muchas veces el trasfondo es Alemania: la de entre guerras, en un país donde el fascismo avanzaba a pasos agigantados; y la de la posguerra, en un pasado bastante “reciente” para su época.

Fassbinder tuvo en la actriz Hanna Schygulla a su gran musa inspiradora. De las quince películas del ciclo, siete tienen a la Schygulla como el rostro y el cuerpo femenino sobre el que recae toda la carga emotiva.

Una de las actuaciones más recordadas de la Schygulla es en La vida íntima de Lili Marleen, donde interpreta a la cantante oficial del régimen nazi que se enamora de su amante judío. Entonces las coordenas se cruzan, y lo personal se inserta en lo social, y el resto se hace cine.

El ciclo, que se desarrollará en Sala Cinemateca (Carnelli 1311), tiene películas como El amor es más frío que la muerte, Katzelmacher, Los dioses de la plaga, El mercader de las cuatro estaciones, El viaje al paíso de Mamá Küster, Ruleta china, Un año de trece lunas y Querelle, entre otras.
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