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La fagotista se apronta. Inspira el aire que provoca la nota do de su instrumento, que revolotea en solitario, y a la que se le suman notas de saxofón y de oboe, pero enseguida el fagot vuelve la misma progresión.

El fagot es un instrumento de viento que casi siempre pliega sus sonidos al resto de una orquesta sinfónica, pero en este caso, como en muchas excepciones a la regla, arranca con un papel protagónico.

Hablamos del inicio del concierto La consagración de la primavera, la obra más famosa del compositor ruso Igor Stravinsky.

La escena se desarrolla en la sede de la Banda Sinfónica de Montevideo, una hermosa sala encallada en la calle Bacacay, donde se desarrolla el ensayo general para el espectáculo que festeja el centenario de la obra de Stravinsky.

Compuesta hace cien años en un pueblito suizo al borde un lago alpino llamado Clarens, por un compositor de 31 años que había llegado a París unos años antes, La consagración de la primavera rompería con casi todos los esquemas conocidos en la música culta hasta ese momento y se trasnformaría “en la obra musical más influyente del siglo XX”, según palabras del director de orquesta uruguayo Martín Jorge, quien comanda los espectáculos homenaje que se están realizando en Montevideo con motivo de este augusto centenario.

La Sinfónica sale a recorrer diferentes barrios de la ciudad (ver recuadro) para festejar por todo lo alto el cumpleaños de una obra fermental, que provocó un verderaro escándalo en el momento de su presentación y que un siglo después sigue siendo una pieza de referencia.

“En música, decimos ‘Antes de La consagración...’ y ‘Después de La consagración...”, dijo el director Jorge en diálogo con El Observador luego del ensayo general del lunes pasado, el último de los ocho ensayos que tuvo la Sinfónica para estos shows.

La Sinfónica no tiene un director estable pero existe una comisión artística que, conjuntamente con el departamento de cultura de la Intendencia, decidió realizar este homenaje al concierto y también a Stravinsky.

Jorge nunca había trabajado con la Sinfónica, pero había dirigido este concierto en Guatemala, este año, y en El Salvador, donde vive desde hace diez años.

La exigencia extrema
“Lamentablemente es una obra que en Uruguay no se toca mucho, y que tiene todo un halo y una mitología de ‘difícil’. Porque es muy difícil.Exige a cada músico el 120% de lo que rendís normalmente. Es técnicamente difícil, es conceptualmente difícil, es difícil de tocar de a muchos, pero estamos demostrando que se puede”, dijo Jorge, quien asegura que La consagración... no se ejecuta en vivo en el país desde hace por lo menos 20 años.

Una de las principales dificultades de La consagración es su estructura métrica. “En la música hay un pulso, como si fueras caminando. En la enorme mayoría de las obras de la música y en el 100% de la música popular y folklórica ese pulso es constante, pero acá cambia todo el tiempo. Cambia cuando menos lo esperás”, dijo Jorge.

El director indicó que esta dificultad se traduce en el físico de los músicos. En los ensayos hubo una intérprete de corno que terminó el concierto con los labios sangrando por la presión que debe ejercer sobre la boquilla del instrumento, y violoncellistas con los dedos llagados. Por ejemplo, se necesitan dos personas para tocar el gong: una que golpea el hierro y otra que apaga la vibración del mismo.

Sobre la calidad de los músicos, Jorge está conforme. “Encontré un grupo musical muy bueno, de nivel, con una amalgama de experiencia. Hay músicos grandes que tienen oficio, hay gente en su mejor momento gente joven que está aprendiendo”, opinó.

El golpe inicial
En la primera década del siglo XX, Igor Stravinsky estudiaba en Rusia. Era alumno del compositor Rimsky-Korsakov, y un verdadero desconocido.

Pero cuando en 1910 el empresario musical Sergei Dighilev escucha una composición de Stravinsky, cambia para siemrpe el destino del músico.

Entonces, viaja a París y compone El pájaro de fuego y el ballet Petrushka, con el famoso bailarín Nijinsky.

Luego de estos éxitos iniciales Diaghilev le encarga a Stravinsky un nuevo ballet y le da más libertad.

El poeta y pintor Nicolai Roerich, que había estudiado los mitos rusos, le muestra a Stravinksy unos poemas sobre la Rusia pagana. A Stravinsky le llamó la atención uno sobre una mujer tiene que bailar hasta que se muera, como ofrenda a la tierra para que vuelva la primavera y por lo tanto la vida después del invierno.

Está por terminar el invierno y un montón de tribus bailan una adoración a la tierra. Los sabios, los viejos de la tribu, deciden que debe haber un sacrificio humano, la base del mito. Varias jóvenes bailan y una de ellas es la elegida. El sacrificio consiste en bailar hasta caer muerta. Ese es el argumento de La consagración de la primavera.

La coreografía también se alejaba de todas las reglas del ballet clásico tradicional. En la presentación, a pocos minutos de empezar el público parisino se sintió traicionado en su buena fe y comenzó a dar gritos de furia.

Nijinsky tenía que gritar los tiempos para que los bailarines no se perdieran y la música no se escuchaba.

Cuando el fagot comienza la obra, está representando el amanecer sobre el campo. “Casualmente, empieza con una nota que es do. El 90% de los amaneceres de la historia de la música comienzan en do. Lo que pasa que Stravinsky lo pone en un registro de fagot donde nunca se había tocado hasta ese momento”, explicó Jorge.

Cuando el primer fagotista vio la partitura, le dijo a Stravinsky: “Maestro, yo creo que usted acá se equivocó y lo que quería poner era un saxo”. “Si hubiera querido poner un saxo lo hubiera hecho. Si usted no puede tocar es otra cosa”, le respondió Stravinsky. A partir de ahí, el fagotista ya no dijo nada y se dedicó a tocar una pieza para la historia.
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