El glorioso trance de un Sonic Youth
El cantante y exlíder de la legendaria banda neoyorquina de la década de 1980 volvió a montevideo para presentar su proyecto solista en un sólido y ruidoso show en La Trastienda
Hay días más extraños que otros para presenciar un espectáculo de rock. El lunes, dado los inherentes atributos que lo vinculan con el comienzo de la semana laboral, es uno de ellos. Sin embargo, para la propuesta que el músico estadounidense Thurston Moore trajo el pasado lunes a Montevideo, esa extrañeza funcionó a la perfección.
Moore es el exlíder Sonic Youth, la banda más legendaria de la escena alternativa de Nueva York en la década de 1980. Esta fue su segunda visita a Uruguay. La primera fue en 2011, cuando vino con el grupo para recorrer su trayectoria en un celebrado recital en el Teatro de Verano.
Desde entonces, la vida del músico cambió completamente. Se divorció de su esposa Kim Gordon –bajista e integrante fundadora de la banda– y Sonic Youth se separó por completo, impulsando los proyectos solistas de sus miembros.
Para el compositor, la rotura de ese corazón sentimental y creativo no podría haber sido mejor. En 2014, Moore editó The Best Day, su cuarto disco como solista y primero realizado oficialmente fuera de Sonic Youth y emprendió una gira mundial. Con la excusa de presentar el celebrado álbum, Moore y su banda llegaron a La Trastienda.
El encanto de lo salvaje
Para su segunda presentación en Montevideo, el compositor fue acompañado por la bajista Debbie Googe, de Primal Scream y My Bloody Valentine, y el guitarrista James Sedwards, de Nøugh. Steve Shelley, baterista de Sonic Youth que suele tocar con Moore, fue reemplazado por el músico Ryan Sawyer por motivos no especificados.
La apertura del show en La Trastienda marcaría la pauta estética y sonora del espectáculo. Con un preludio manufacturado entre la manipulación de sus instrumentos, la banda sembró el ambiente para el resto de la noche, en un espectáculo en el que el público se mostró hipnotizado, emocionado y hasta agradecido por cada canción.
El arranque fue a cargo de Forevermore y Speak to the Wild, las primeras dos canciones de The Best Day, aunque presentadas en un orden inverso al álbum.
Una batería galopante, secuencias de bajo de una monotonía estridente y un juego casi discursivo entre la distorsión y los punteos de las guitarras fueron los elementos de una fórmula que Moore y la banda desplegaron en un contundente show de solo ocho canciones, entre las que también sonaron Pretty bad y Psychic Hearts de Sonic Youth.
La música de Moore es inusual, ruidosa y capaz de provocar un trance corpóreo y mental en su público, una sensación que pocas bandas logran en vivo, pero que el neoyorquino y sus compañeros parecen conseguir sin esfuerzo.
“Fue como volver al cielo”, dijo el cantante y guitarrista a El Observador a la salida del recital. “Todos aquí son como ángeles. Realmente me sentí muy bien. Toda la energía del público fue muy acogedora”, expresó, en una postura tranquila y relajada muy opuesta al cautivante torbellino sonoro que había presentado hace apenas unos minutos sobre el escenario