El imbatible Paul McCartney
El exbeatle volvió para presentar su último disco, pero el plato fuerte de su show fue un catálogo inigualable de hits que pegan en el corazón del público
Que de lo único que se haya hablado en estas últimas semanas haya sido del show de Paul McCartney en Montevideo no es un capricho. Fue la demostración de la importancia de este evento. Que uno de los responsables de crear parte de la música moderna llegue, y por segunda vez, es para una enorme cantidad de uruguayos –y argentinos y brasileños– gran motivo de emoción. Y eso fue lo que se vivió ayer en el Centenario: la emoción de los fans que viajaron, que esperaron horas frente al Estadio y que, ni bien el exbeatle pisó el escenario explotaron en gritos y aplausos.
Aquellos que lo vieron en 2012 no se encontraron con un show totalmente diferente, pero tampoco lo esperaban. Esperaban ver a la leyenda viviente, creadora de las canciones que marcaron su vida y que aún siguen escuchando.
Por eso los setlists que el músico interpreta en sus giras no apuestan a demostrar sus últimos trabajos, sino a compartir con el público ese trozo de historia que creó.
Arrancó con Eight Days a Week y le siguió Save Us, de su último disco, New, pero el resto fue una seguidilla de temas como All My Loving, Paperback Writer, The Long and Winding Road, todos intercalados con temas de Wings: Let Me Roll It y Nineteen Hundred and Eighty-Five. My Valentine, un tema que lanzó en 2012, sonó también.
La producción había prometido temas que jamás se habían oído en el Río de la Plata: Another Day y Lovely Rita fueron los debuts.
McCartney y su carisma natural compraron al público de inmediato. Como se informó, aprendió español y se lució pronunciando “uruguayos”, con énfasis en la y rioplatense, causando risas entre los presentes. “Estoy muy contento de volverlos a ver”, afirmó el exbeatle en medio de aplausos.
Pablo Lecueder, director de Océano FM, le dijo a El Observador que era muy difícil para él elegir una sola canción que quisiera escuchar. Sin embargo, en seguida la dijo: Hey Jude, “para mí es un himno”, afirmó. Pedro Bordaberry también. “Me recuerda cuando era muy joven y la cantaba. Tenía el disco de vinilo de 45’”, dijo el precandidato presidencial. Y el público estuvo de acuerdo. Hey Jude fue la que generó el coro masivo y se manifestó en forma de miles de celulares prendidos. Un mar de noctilucas repartidas por la cancha y las plateas.
La nostalgia también se manifestó en los instrumentos. Además de usar el mismo bajo con el que grabó Paperback Writer, Yesterday –otro himno– fue tocada casi en solitario con la misma Epiphone acústica en la que la compuso.
Pero, como ya se pudo experimentar en 2012, el show de McCartney no es solo éxitos, sino que es todo un espectáculo. El escenario, acompañado de dos pantallas de LED gigantes, también contaba con pantallas en el piso. En Blackbird y Here Today –dedicada a John Lennon– parte del piso ascendió en una plataforma de LED, haciendo subir al músico a varios metros del piso. En Live and Let Die hizo gala de la tecnología disponible para crear explosiones y llamaradas, todo sobre el escenario techado. Eso acompañado de fuegos artificiales, láser y un gran juego de luces, completaron el show.
Pero a veces la simpleza es necesaria: Something con el ukelele y el gran final con la tríada Golden Slumbers, Carry That Weight y The End, otros puntos altos del show.
Es la mezcla de la música y el show lo que hacen al espectáculo de McCartney imbatible. No solo dejó contento a ese fan que le pidió durante gran parte del show que tocara One After 909 y a las que se subieron al escenario, sino a todas las personas: las que colmaron las plateas, las que hicieron horas de cola y también las que pagaron varios miles de pesos para verlo de cerca.