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Como una efectiva forma de narrar empezó a cuestionarse la función que la novela podía cumplir como manera de contar historias. En una primera instancia, el audiovisual se sirvió de todo aquello que la novela había aprendido en sus cientos de años de existencia, pero más adelante, también la escritura empezó a utilizar recursos que en el séptimo arte ya eran habituales.

Con la emergencia de las tecnologías digitales y la popularización de algunas de sus características, como el hipertexto o la interactividad, la experimentación narrativa no se hizo esperar. En este punto, de nuevo, las técnicas de la literatura fueron deconstruidas y retorcidas para desarrollar nuevas formas de explicar historias, y otra vez, nuevas y viejas formas de expresión se modificaron unas a otras.

A pesar de la flexibilidad que la novela ha sabido tener a la hora de adaptarse a los nuevos tiempos, en las últimas décadas parece que ha habido un franco declive en este género literario. Partiendo de la observación de que este fenómeno se estaba acelerando, el catalán Luis Goytisolo escribió La naturaleza de la novela, galardonado en el mes de abril con el Premio Alfaguara de ensayo.

Este (no) es el final

En su obra, el autor arranca preguntándose a qué se le llama novela, cómo nació este género tan amplio, y cuál ha sido su evolución. De acuerdo a Goytisolo, en la primera mitad del siglo XX la novela vivió una época esplendorosa. El principio de la cuesta abajo arranca en los años cincuenta del pasado siglo debido a un cambio en los hábitos sociales, pero no es hasta lo años ochenta que el problema se hace más apremiante: “la mayor dedicación a ver la televisión, internet y la informática” hace que la gente tenga menos tiempo para la lectura.

Con los cambios relacionados a las formas de consumo cultural de la actualidad, Goytisolo se muestra preocupado en el epílogo de su libro, cuando afirma temer “que la cultura, y más concretamente la literaria, se convierta para las mayorías en algo prescindible, accesorio”, pero esto no es lo único que le preocupa. Según escribe en su ensayo, la novela “ha dejado de renovarse, de abrir nuevos caminos, y quienes de un tiempo a esta parte empiezan a cultivarlo no suelen hacer sino repetir fórmulas con mayor o menor talento. No es imposible que en el futuro alguien escriba una gran novela, pero sí tan improbable como que en la actualidad alguien componga una sinfonía equiparable a las de Mozart o Beethoven”.

Aunque esto no significa que La naturaleza de la novela sea la anunciación de una muerte. Amigo de los matices, el escritor considera al género en “fase de extinción”, y añade que “ese declive nunca será como una guillotina, sino como el que experimentaron otras formas narrativas del pasado, como los cantares de gesta o la literatura oral”.

A Goytisolo se le ha tildado anteriormente de pesimista, como por ejemplo en 1989 cuando, estando en una jornadas de las Asociación Hispano-Canadiense en Quebec, afirmó que la novela estaba en decadencia. Sin embargo, él se declara realista, e incluso admite sentirse optimista con el futuro de la gran literatura cuando dice que la novela “no acabará, pero será distinta. Del mismo modo que en la actualidad leemos a cualquier escritor griego clásico, en formatos e idiomas para ellos impensables, igual pasará con las novelas actuales”.

Indagando en este tema, el diario español El País preguntó a veinte escritores de habla hispana y menores de cincuenta años sobre el futuro del libro, y en general, la sensación entre aquellos que deberán defender el arte de las letras en los años venideros, es optimista. Como comenta Junot Díaz, escritor dominicano afincado en EEUU, “la novela es como un virus feroz. No somos capaces de matarla. Cada vez que creemos que la entendemos, cambia de forma y sobrevive”.
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